Por J. Jesús López García

El género comercial en arquitectura ha dado como resultado numerosos tipos de edificios y espacios a lo largo de los siglos que este fenómeno ha acompañado a las diversas civilizaciones humanas. Desde el neolítico, con el advenimiento de la Edad de los Metales, el comercio iniciado probablemente entre aquellos antiguos clanes que se desplazaban en un marco de seminomadismo buscando sitios con climas más benignos aptos para la agricultura y el pastoreo, pues en aquella era prehistórica la última glaciación llegaba a su término e iniciaban los primeros siglos de los procesos de sedentarización; algunos antropólogos comentan que el intercambio comercial se propició efectivamente entre aquellas viejas caravanas que así fueron estableciendo sitios definidos para realizar esa actividad.

Con el paso del tiempo las rutas comerciales fueron consolidándose y ganando importancia regional e incluso mundial, como la que partía de Venecia hacia China y desde allá de regreso a la ciudad europea, que hace siglos era una de las principales puertas de Occidente a Oriente. Mercados especializados asistían a la transacción basada en determinados productos y desde tiempos antiguos en las principales ciudades se instituía el lugar para el comercio como uno de los principales puntos de convergencia de sus ciudadanos y habitantes, de entre los que destacan la “stoa” de los griegos y el “macellum” de los romanos, ambos sitios de mercado donde lo mismo se tomaba el pulso de la economía, que se infundía sentido a corrientes de enseñanza filosófica.

Los mercados en la Edad Media en Europa y en las ciudades mesoamericanas, eran sitios que diariamente cubrían el lugar de explanadas o plazas públicas -como los actuales tianguis- y al aumento poblacional de las ciudades durante la Revolución Industrial, fueron quedándose fijos en espacios y edificios hechos ex profeso para esa finalidad.

Los mercados fueron realizados como parte del equipamiento urbano de las ciudades modernas. Al convertirse las urbes en sitios más complicados y diversos, los lugares del comercio demandaron unidades más complejas y variadas, con mayor y nueva infraestructura, bajo nuevos mecanismos de diseño que permiten captar mayor afluencia de personas y que puedan tener una percepción agradable del sitio, y gozar además de una experiencia amable en las actividades de la compra, elevadas al nivel de vivencias de esparcimiento.

Los ahora llamados centros comerciales, plazas o bajo el término norteamericano “mall”, son edificios equipados para brindar al visitante una estancia prolongada donde la compra y el disfrute del ocio van de la mano. Igualmente su inclusión en prácticamente toda la geografía urbana obedece al apuntalamiento de otros sistemas arquitectónicos para lograr un efecto rentable óptimo. Es así como los centros comerciales contemporáneos no llegan solos y se acompañan de hoteles, estadios, estaciones de transporte, desarrollos habitacionales y edificios públicos, pues el comercio siempre será un punto de atracción para cualquier población.

El Centro Comercial “El Cilindro” ubicado en el cruce de las avenidas Independencia y Aguascalientes Norte, es parte del desarrollo habitacional “Pulgas Pandas”, uno de los elementos que detonaron el crecimiento del norte de la ciudad de Aguascalintes en los tiempos en que nuestra ciudad vivió un nuevo periodo de crecimiento económico. “El Cilindro”, llamado así por el tanque elevado de apariencia cilíndrica que se ubica como un hito en la esquina y que da servicio al condominio, fue uno de los polos comerciales que generaron una importante actividad económica en los tramos de las avenidas en que se ubica. Su plano curvo y su acceso coronado por una sustracción circular parecida a un óculo son elementos que se circunscriben a las tendencias posmodernas, en oposición al volumen cilíndrico que hace referencia a la arquitectura de Luis barragán.