Natalia Vitela
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-La frase “con precisión quirúrgica” cobra sentido cuando se ve al personal de Urgencias del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER) atender a una paciente en estado crítico por Covid-19 en plena pandemia.
Alrededor de la cama de la paciente médicos, enfermeras, inhaloterapistas y camilleros operan, perfectamente sincronizados, el traslado de una adulta mayor ya estabilizada, pero en estado crítico, al área de terapia intensiva del instituto de alta especialidad.
Los pulmones de la mujer están adaptados a un ventilador mecánico fijo, así que deben desconectarla y reconectarla a un respirador movil.
Los especialistas realizan maniobras rápidas y precisas. Apenas se les ven los ojos detrás de todo su equipo.
Cada uno de sus movimientos refleja el nivel de concentración. Intercambian indicaciones sin que los distraiga el ruido de los ventiladores que emiten un sonido parecido al de un aparato con fuga de gas, los timbrazos del teléfono -que no para de sonar-, o el sonido de las sirenas de ambulancia que se cuela del exterior.
En el operativo destaca Manuel por lo grueso de su voz y por sus lentes negros. Es terapista respiratorio en el INER desde hace más de una década. Por tensos minutos el experto es el más cercano a la paciente y el más expuesto al virus.
Aun totalmente forrados con el equipo de protección, médicos y enfermeras se alejan un poco cuando el doctor desconecta a la paciente del ventilador mecánico para conectarla al ventilador portátil.
La complicada maniobra le toma segundos; se trata de uno de los momentos más delicados para el personal de salud por la exposición a la producción de aerosoles de los pacientes, elementos de mayor infecto-contagiosidad.
En esa operación deben, además, evitar contratiempos que pongan en riesgo la vida de la mujer.
“Si la paciente se inestabilizara en el momento de pasarla a la camilla se suspende el traslado y se conecta nuevamente a su ventilador. Son momentos cruciales”, explica Cristóbal Guadarrama Pérez, el experto que dirige a casi un centenar de enfermeras, médicos adscritos, residentes y personal administrativo que labora en siete turnos.
Mientras el inhaloterapista maniobra el ventilador, Guadarrama Pérez explica: debe equiparar los parámetros que tenía, y programarlos de manera similar en el ventilador portátil.
La paciente, que horas antes llegó en crisis fue estabilizada en esta unidad y ahora, envuelta en una sábana, como si fuera un capullo, está en un sueño profundo, sin dolor ni molestia. Gracias a los fármacos y la intervención de los expertos será trasladada a terapia intensiva.
Antes de la maniobra, las enfermeras se han asegurado de que las conexiones al ventilador; a la toma de oxígeno, a las soluciones, a las bombas de infusión; los catéteres venosos y arteriales estén en su lugar y que no exista riesgo de que se desconecten durante el traslado.
“La verdad estoy maravillado con mi equipo. Esto lleva años. Se ve muy fácil, se ve muy rápido, pero estos son años de trabajo”, describe Cristóbal Guadarrama Pérez, el experto que dirige “la orquesta”.
El médico internista, neumólogo y con alta especialidad en broncospía intervencionista de 36 años, es desde hace tres, jefe de la unidad de Urgencias del INER.
Egresado de la UNAM se desplaza en el área con naturalidad, da instrucciones y vigila procesos.
“Es algo muy chistoso. Fui un niño muy enfermizo, siempre me la pasaba en los hospitales, a veces internado, otras asistiendo a mil consultas de muchas especialidades, generando un ambiente de normalidad de los hospitales en mi, lo cual me hizo sentir una profunda admiración a los médicos y enfermeras que me trataban siempre muy bien (…) tal vez eso influyó al final”, explica sobre el antecedente por el que ahora está al frente de una de las áreas de mayor demanda, complicación y exigencia en la pandemia.
Ya instalada en la camilla, con su ventilador portátil, a la paciente envuelta en la sábana apenas se le ve salir con el personal médico al lado cuidando cada detalle.
Aún no salen de Urgencias y otro grupo de expertos alista ya la instalación de un nuevo paciente, en una tarea que se repite una y otra vez.

Alta capacidad
El área de Urgencias del INER tiene 15 camas con ventilador, y aquí, explica Guadarrama Pérez la labor es estabilizar a los pacientes en estado crítico para que continúen con su tratamiento en piso o terapia intensiva.
Uno de los pacientes de esta unidad permanece bocabajo, lo cual no es buena señal. Es un hombre joven de complexión fuerte, pero está en posición a pronación que es como se mantiene a los pacientes más graves.
“De esa manera (bocabajo) tenemos una mejor funcionalidad de los pulmones”, aclara el neumólogo.
Por lo menos hay dos pacientes más conectados a equipos de ventilación mecánica.
Se acerca el turno vespertino y el área luce momentáneamente vacía, pues ya la mayoría de pacientes ha sido trasladado; sin embargo, será cosa de minutos para que nuevos pacientes ocupen las camas.
“Hay pacientes que llegan en muy malas condiciones y el primer propósito médico es la estabilización, eso puede tardar desde horas hasta días”.
A poco más de tres meses de la llegada del paciente cero al INER, Guadarrama Pérez asegura que el Instituto ha aprendido a lidiar con esta nueva pandemia a pesar de que no se cuenta con un tratamiento específico.
“Somos más rápidos en cuanto a la toma de decisiones. Teníamos algunas otras estrategias muy buenas que funcionaban y podían salvar a los pacientes de una intubación que es el escenario más extremo en una enfermedad respiratoria de atención, pero ahora hemos aprendido a manejar mejor nuestra ventilación mecánica invasiva; a darle tratamiento de soporte”.
El médico mide la mejoría con base en el número de fallecimientos.
“Hemos tenido semanas en las que no ha habido fallecimientos. Recuerdo un mal día, en los que llegaron a fallecer tres a cuatro pacientes. En las últimas semanas se ha minimizado a uno cada tres días”.
Para el especialista, una de las mayores satisfacciones es que su equipo regrese sano y salvo con su familia.