Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

 “Luca”, aun cuando sigue esa favorecida senda de otras producciones de PIXAR que es el marcar su ritmo narrativo en base a dos compañeros que aprenden de la vida, de sí mismos y uno del otro mientras viven una aventura (“Toy Story”, “Monsters University”, “Buscando a Nemo”, et al.), logra comprometerse con otros aspectos dramáticos que le dan una identidad y sentido propios mediante un tratamiento muy honesto y conmovedor de temas tan puesto bajo los reflectores en los últimos años como la aceptación y la inclusión social sin arriesgar la integridad de la historia con un manejo cursi, chocante o manipulador al respecto. De hecho, una lectura más a fondo de la cinta revelará una oda al vínculo homosexual de los protagonistas trabajado con tal delicadeza y dulzura que se puede leer el rol espiritual que jugó la cinta “Llámame por tu Nombre” (Guadagnino, 2017) tanto en forma como fondo, pues ambas aluden a la germinación romántica entre dos hombres con un marco por demás bucólico y natural que es el entorno mediterráneo. En el caso de esta cinta dirigida por el veterano animador debutante en la dirección Enrico Casarosa, el resultado es un bello canto a la amistad, a su patria (Italia) y a la tolerancia, sin sermones o admoniciones.

Luca es un joven monstruo marino con escamas que vive con sus padres y abuela en el fondo del mar aledaño a la costa de la Liguria italiana de los sesentas soñando con visitar la superficie. Un día decide hacerlo a escondidas de su familia y descubre que, al eliminar todo rastro de humedad en su cuerpo, logra transformarse en humano. Poco después conoce a Alberto, otro chico de su misma especie con más experiencia terrenal cuya meta es conseguir una motocicleta Vespa que lo transporte para conocer el mundo. Para ello, ambos deciden visitar el pueblo vecino, Portorosso, y hacerse de una. En el proceso conocerán a Giulia, una avispada y alegre niña que vive con su padre, un pescador manco de imponente presencia pero de corazón gentil, que cada año participa en una competencia que involucra ciclismo, nado y comer pasta para ganar precisamente una Vespa. Los tres deciden formar un equipo y no solo ganar, sino derrotar al insufrible y agresivo Ércole Visconti, un muchacho que les hará la vida imposible con tal de vencer. Luca se fascina por todo lo que el mundo tiene que ofrecer, en particular las enseñanzas de Giulia, una aventajada alumna de su escuela en Génova donde su especialidad es la astronomía, alejándose gradualmente de Alberto, quien comienza a recelar la relación entre su gran amigo y la chiquilla a la vez que los padres de Luca emergen a la superficie para buscarlo.

La película logra homogenizar tanto sus variopintos homenajes a Miyazaki (“Ponyo”, “Totoro”), a Wes Anderson (la paleta cromática recurre a los acostumbrados tonos pastel y cálidos de este cineasta para generar atmósferas evocativas y nostálgicas) e incluso a Federico Fellini como a sus propias inquietudes narrativas para conformar una historia regocijante. Emocionante y sentimental donde el nudo principal es la relación que se teje con primoroso cuidado entre Luca y Alberto, quienes logran estrechar lazos al punto que, sin forzar interpretación alguna, logran consolidar algo más que un apego mutuo que los conduce a uno de los finales más emotivos en la filmografía de PIXAR y sustentado en el metafórico emerger de las aguas de ambos para mimetizarse entre quienes se consideran “normales” sin que sepan quienes son en realidad y con temor a ser descubiertos. Todo conduce a una lectura sobre la homofobia y la intolerancia aún latentes en la cultura occidental pero llevada con honesta devoción a la integridad emocional de sus personajes para que sean ellos quienes lo muestren por sí mismos a través de sus vivencias, momentos y apasionados diálogos. En cuanto al novel director Casarosa resulta todo un descubrimiento, pues su trabajo involucra una interpretación muy plástica y bella de su procedencia itálica enlazada a una trama que conmueve por su digna ejecución que apela a emociones maduras y reales aún si se trata de personajes infantiles o en plena prepubertad, legando una de las cintas más cálidas y gozosas de PIXAR, lo que a su vez hace de “Luca”, un literal pez fuera del agua de la animación estándar.

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