Luis Muñoz Fernández

Utilizo aquí la segunda acepción de la palabra zombi en el Diccionario de la Real Academia: “Atontado, que se comporta como un autómata”. Como en la famosa serie televisiva “Thewalkingdead” (“Los muertos andantes”), en nuestra sociedad vivimos amenazados por una verdadera legión de zombis. Los nuestros no lo parecen, pues no son repulsivos como los de la televisión, y la mayoría tampoco pretende hacernos deliberadamente ningún mal, pero son una amenaza cuando opinan en las redes sociales. Ayunos de buenas lecturas, pasan su vida descerebrados y absortos con las imágenes e informaciones intrascendentes y adictivas que atiborran internet.

Por eso ha resultado un verdadero y grato milagro que en septiembre de 2019 apareciese un ensayo de 400 páginas largas que se lee con la facilidad y el deleite de un cuento. Se titula “El infinito en un junco. La invención de los libros en el mundo antiguo”. Una milagrosa mezcla de erudición clásica y moderna expresada en un lenguaje sencillo que está al alcance de todos. Su autora, Irene Vallejo, es una filóloga zaragozana que además escribe espléndidas columnas en “El Heraldo de Aragón” y en “El País”.

En febrero de 2020, la Federación de Gremios de Editores de España le encargó un “Manifiesto por la lectura” para apoyar la creación de un Pacto de Estado por el Libro y la Lectura. El Manifiesto se publicó en noviembre de 2020. Dice Miguel Barrero, presidente de la Federación, que Irene Vallejo no sólo aceptó el encargo con entusiasmo, sino que añadió como regalo “la sensibilidad, la elegancia, la cercanía, el reposo, la belleza y la erudición que imprime a su relato”. Otro milagro.

Y ya que estamos hablando de milagros, he aquí uno de los dos maravillosos epígrafes del Manifiesto, tomado de “¿Qué? La eternidad”, de Marguerite Yourcenar:

“Quisiera consignar un milagro trivial, del que uno no se da cuenta hasta después que ha pasado: el descubrimiento de la lectura. El día en el que los veintiséis signos del alfabeto dejan de ser trazos incomprensibles en fila sobre un fondo blanco, arbitrariamente agrupados, y se convierten en una puerta de entrada que da a otros siglos, a otros países, a multitud de seres más numerosos que los que veremos en toda nuestra vida, a veces a una idea que cambiará las nuestras, a una noción que nos hará un poco mejores o, al menos, un poco menos ignorantes que ayer”.

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