Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

Aguascalientes es una ciudad estado… Esta afirmación, tan llevada y traída, se sustenta en el hecho de que la capital concentra a más del 70% de la población de la entidad, así como de la actividad económica, social y el gobierno. En efecto, cada mañana confluyen sobre la urbe miles de personas que participan en la generación de riqueza en alguna de las fábricas instaladas aquí. De hecho Aguascalientes no es sólo el principal centro económico y de población del estado; lo es también de la región, considerando las zonas aledañas de Jalisco y Zacatecas. Vaya usted a saber cuánto cambiará esta situación ahora, con la crisis que se viene encima, como secuela del tal por cual coronavirus.

Pero independientemente de esto, la concentración de activos ha distorsionado de manera importante el desarrollo de la región, de tal manera que lo que abunda en la capital escasea en el resto del estado (por mucho que aquí nos hablen de lo que llevan para allá bla bla bla). Pero además, y esto es lo que me importa destacar ahora, quienes vivimos en la ciudad del –a veces-cielo claro, conformamos un coro de miles de voces, a las que se suman los medios de comunicación, las estaciones de radio, las televisoras, y los diarios…Integramos una sola voz tan omnipresente; tan a todo volumen, que termina por opacar todo lo que se dice más allá de la Avenida Siglo XXI.

Pero existen otros clamores, que llegan desde otras realidades; que tienen otras inflexiones y volúmenes, pero que son tan aguascalentenses como las de quienes vivimos aquí. Son las otras voces de Aguascalientes, que vibran en las ciudades, en los pueblos, en los ranchos; los sonidos del valle y de las montañas, los rumores del aire. Son las voces que se pueden escuchar con sólo proponérselo y hacer algún esfuerzo.

En Tepezalá, por ejemplo, se ha alzado la voz de un grupo de jóvenes que hace tres años constituyeron el Grupo Xamora. Con un entusiasmo digno de mérito, estos jóvenes se han echado a cuestas la noble tarea de conocer la historia de aquella región; sus activos y su riqueza, y darla a conocer a su propia gente, a través de diversas actividades, principalmente la edición de un boletín mensual, un prospecto muy vistoso, con textos breves y fotografías, que se reparte en el templo de Nuestra Señora del Refugio, a la salida de misa.

Xamora, que debe su nombre al acueducto que se encuentra al oriente de la cabecera municipal, muy cerca, está integrado por unos 25 jóvenes, la mayoría de ellos profesionistas en áreas técnicas y humanísticas, maestros, ingenieros, chefs, etc., que a través de esta organización han dado cauce a estas inquietudes.

Quien me informó todo esto que le cuento fue Omar Sánchez Gutiérrez, un ingeniero industrial egresado del Tecnológico de Aguascalientes que trabaja como subdirector de una escuela preparatoria en la comunidad de Carboneras, un pueblo que está ahí, en la margen occidental de la carretera que comunica San Francisco de los Romo con Luis Moya, Zacatecas, a la altura del crucero con la carretera a Villa Juárez.

Omar me platicó que el grupo surgió en una reunión de amigos, del deseo de hacer algo por el municipio, esa región al noreste del estado que la industria está depredando de manera brutal –esto último lo digo yo-. Uno de estos amigos participa en el grupo municipal de danza folclórica, por lo que propuso organizar eventos. Otros sugirieron publicar una gaceta, una revista mensual que incluyera rescate de la historia local, gastronomía, monumentos, etc.

Los xamoranos se reúnen un día a la semana, planean el boletín y se organizan por equipos para hacer la investigación correspondiente, ya sea por consulta de libros o de personas.

Tienen una página de Facebook –Xamora Tepezalá- que les ha ofrecido una opción distinta para proyectarse y mantener comunicación con quien desee acercarse a esta región. Su logro más importante es ver que la gente se apropie su historia; verse reflejada en los artículos del boletín, que a la fecha lleva 36 ediciones.

Para su publicación se asociaron con el párroco del lugar, para la impresión de unos 350 ejemplares que se reparten a la salida de misa, mediante cooperación voluntaria, aparte de incluir alguna publicidad.

A propósito de esta fuente de financiamiento, es preciso señalar que Xamorano cuenta con apoyo gubernamental, es decir, se trata de una iniciativa eminentemente privada, algo excepcional entre nosotros.

Xamora… Así llamaban al acueducto que está al oriente de la cabecera municipal, a decir de Omar. Bella construcción, a despecho del estado de indefensión en que se encuentra frente a los gamberros que lo han grafiteado. Aunque se escribía con z, ya por su cuenta le cambiaron la primera letra a su grupo, para no confundirse con Zamora, Michoacán.

Otras actividades que realizan son la organización de un tianguis cultural, los domingos en la tarde. Juntan artesanos, consiguen algún grupo de danza, de teatro, música. También se ha organizado un plan vacacional para niños, que dura una semana, y en el que han tenido más de 120 infantes. Se estructuran por equipos y les dan talleres de juguete tradicional, visitas guiadas, excursiones.

Todos los miembros del grupo son de la cabecera municipal y viven ahí, pero también han llevado a cabo esfuerzos para involucrar a otras comunidades de la demarcación, a través de la investigación y publicación de alguna información sobre las fiestas de los ranchos.

Su primer boletín lo publicaron el 22 de marzo de 2017. De aquí que en estos días Xamora está celebrando su tercer aniversario. Así que ¡larga vida a los xamoranos, y ojalá y su ejemplo se replique en otras municipalidades! (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).