RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Andrés Manuel López Obrador ganó la elección presidencial con 30 millones 113 mil 483 votos. Su más cercano contrincante, Ricardo Anaya del PAN, obtuvo menos de la mitad de los votos de López Obrador: 12 millones 610 mil 120 votos. El candidato priista, José Antonio Meade Kuribreña 9 millones 289 mil 853 votos. Y por último, el candidato independiente, Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco” obtuvo 2 millones 961 mil sufragios a su favor. En total, contando los votos nulos fueron 56 millones 611 mil 027 votos, lo que equivalía al 63.42% del electorado registrado, o sea que no votó el 36.58% de electores. Andrés Manuel ganó con el 53.19% de los votos. Lo cual era un porcentaje importante que reflejaba que un gran núcleo de la población estaba con él y con su proyecto de nación.

A partir de su triunfo electoral López Obrador inició tratando de romper con los esquemas y paradigmas de los gobiernos revolucionarios y de los gobiernos panistas y lo primero que hizo fue llamar a su gobierno el de la 4T, “La cuarta transformación”, pues lo ponían en el mismo nivel de tres momentos claves en la historia de México, el primero: La Independencia de México, o sea el movimiento armado para liberarse de 300 años de dominio español y que tuvo lugar de 1810 a 1821. El segundo momento: la Reforma, que fue la guerra entre liberales y conservadores de 1858 a 1861. Tras este conflicto surgieron las “Leyes de Reforma”, entre las que destaca la separación de la Iglesia y el Estado. Benito Juárez, el personaje que más admira López Obrador, fue el protagonista central de este momento.

El tercer momento clave: la Revolución, que fue el conflicto armado contra la presidencia de Porfirio Díaz entre 1910 y 1917. Al término de la Revolución se promulgó la Constitución que rige actualmente en México. Y aquí le nació la idea a López Obrador de comparar a su gobierno con estos eventos históricos, ofreciendo que su presidencia conlleve un cambio profundo para el país aunque en esta ocasión “de manera pacífica”.

La primera sorpresa, tirando a desilusión, entre la población fue cuando presentó su gabinete, formado en su mayoría con gente de edad avanzada y varios ex priistas conocidos por sus corruptelas o por sus malos y viciados manejos políticos, como sería el caso de Manuel Bartlett, que siendo secretario de Gobernación en el sexenio de Miguel de la Madrid fue el artífice de uno de los robos electorales más descarados en la historia del país, cuando despojó del triunfo electoral a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, candidato perredista, para dar el triunfo a Carlos Salinas de Gortari que ya estaba en la lona, sin embargo maniobró Bartlett para dar el triunfo a Salinas con lo que fue llamado “la caída del sistema”, que consistió en apagar las computadoras, que en ese tiempo empezaban a utilizarse para este tipo de ejercicios cívicos. Las computadoras de pronto se apagaron y al cabo de unas horas volvieron a funcionar pero ya con una contabilidad enorme de votos a favor del candidato priista. De golpe y porrazo habían balanceado la balanza a favor de Salinas. Y el “mago” de esta maniobra fue Bartlett, por eso era inconcebible e incomprensible que el nuevo presidente lo integrara a su gabinete. También era incomprensible la llegada de Alfonso Durazo, de origen cien por ciento priista, que había sido secretario particular de Luis Donaldo Colosio tanto en el PRI como en la Secretaría de Desarrollo Social. En el año 2000 renunció al PRI y Vicente Fox lo nombró su secretario particular. En el 2003 fue nombrado coordinador de comunicación en el gobierno foxista. De 2004 al 2014 militó en el PRD y a partir de 2014 se cambió a MORENA, con el actual presidente. Lo anterior en un claro ejemplo de chapulinismo político. López Obrador lo nombró Secretario de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, sin tener Durazo la mínima idea de su nueva encomienda. Una de sus principales afrentas la sufrió el 17 de octubre del año pasado cuando después de desplegar un operativo muy impresionante logró, junto con el ejército y la marina detener al hijo de “El Chapo” Guzmán, Ovidio Guzmán. Pero poco les duró el gusto pues minutos después lo dejaron en libertad bajo muchas conjeturas tanto del medio político como entre la población. Las razones nunca se han dado a conocer. Por eso ahora que acaban de atrapar a “El Marro” en Guanajuato; las apuestas, a manera de broma, están en ver cuánto tardaran en soltarlo.

Pero apenas habían 5 meses de su gobierno cuando se dio la primera baja en el gabinete: Simón Levy, que era subsecretario de planeación y política turística de la Sectur, renunció al cargo. Patricia Bugarin que era la subsecretaria de Seguridad de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, cuando no tenía ni cuatro meses en el cargo también renunció al puesto. Siete días después de Patricia Bugarín, el ex panista Germán Martínez Cázarez renunció como director del IMSS y su renuncia la realizó acompañada de acusaciones de injerencia perniciosa de algunos funcionarios de la Secretaría de Hacienda, que tenían un control excesivo en los gastos del IMSS. En el mismo mes de mayo, el día 25, la titular de la Semarnat “renunció” a su puesto luego de que en un acto de prepotencia hizo que el avión en que volaría de México a Mexicali frenara su operación para esperarla. Eso le costó el cargo. En el mes de junio Tonatihu Guillén López, que era el Comisionado del Instituto Nacional de Migración, fue cesado del cargo en lo que fue una negociación del gobierno mexicano con Donald Trump por cuestiones arancelarias. Una renuncia que causó revuelo fue la de nuestro paisano, el aguascalentense Carlos Urzúa, que inició el sexenio de la 4T como titular de Hacienda. Urzúa Macías no se anduvo por las ramas y declaró que renunciaba porque en la administración federal se tomaban decisiones de política pública sin sustento, además de que consideraba inaceptable la imposición de funcionarios que no tenían los mínimos conocimientos de la Hacienda Pública. Urzúa tuvo el valor civil de poner en alerta, en esos momentos al presidente.

López Obrador soslayó lo dicho por Urzúa y sin la menor preocupación lo relevó, poniendo a alguien que hasta ahora ha sido simple y sencillamente un pelele, lo cual se comprobó hace dos semanas cuando el presidente lo evidenció en unos comentarios que hizo el actual secretario de Hacienda Arturo Herrera. Fue patético observar su cara cuando AMLO lo dejó en ridículo. Cualquier otro, con calidad moral, hubiera renunciado.

Las renuncias se han suscitado constantemente: Asa Christina Laurell, que era la Subsecretaria de Integración y Desarrollo de la S.S.A renunció el 15 de junio. Una renuncia de alguien muy cercano a AMLO y que por lo mismo no se pensaba que abandonara la nave de la 4T fue la de Javier Jiménez Espriú que era el secretario de Comunicaciones y Transportes. Jiménez Espriú no avaló la orden de AMLO de que el manejo de las operaciones de los puertos y las aduanas fuera realizado por las Fuerzas Armadas, algo inconcebible, y no permitido por nuestras leyes. López Obrador no tuvo empacho en aceptar la renuncia de alguien que era muy su amigo. A las anteriores renuncias se suman la de Candelaria Ochoa que era la titular de la Conavim, Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres. Mónica Maccise, titular de la Conapred, Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, renunció el 18 de junio de este año. El titular de la Comisión de Áreas Naturales y Protegidas, Conanp, Andrew Rhodes, fue obligado a renunciar por Víctor Toledo, titular de la Semarnat el pasado 14 de junio. Guillermo García Alcocer, que era el comisionado presidente de la Comisión Reguladora de Energía (CRE) renunció el 1° de junio al cargo por considerar que tenía una visión diferente a las de los nuevos integrantes de este organismo. Roberto Cabrera Alfaro, que era el Comisionado de la CNB, Comisionado Nacional de Búsqueda de Desaparecidos, renunció luego de 10 meses en el puesto.

Como usted podrá ver, las renuncias a los cargos de puestos importantes son muchas para tan solo un año ocho meses de gobierno. Y eso hace que sea un gobierno que no se ha consolidado debidamente pues salen y entran funcionarios cuando apenas están aprendiendo cuáles son sus responsabilidades. Pero eso no nos debe de impresionar cuando quien hace cabeza de la administración federal no ha podido ni siquiera vender un avión, menos manejar todo un país. Aunque hay que aclarar que AMLO no tendría por qué ser quien perdiera su tiempo promoviendo la venta del avión, los funcionarios públicos están para esos asuntos. AMLO se ha preocupado más por vender el avión que por la pandemia que está aquejando mortalmente al país, tan es así que le vale no usar el cubrebocas. Es obvio que si AMLO no ha podido consolidar ni su equipo de trabajo, menos ha podido apuntalar y ejercer su plan de gobierno. A más de año y medio de su gobierno sigue como si anduviera en campaña con la espada desenvainada contra los gobiernos anteriores, y eso, la verdad, ya aburrió. La población quiere que ahora se dedique a ser el presidente de México, por eso votaron por él. Solo le faltan cuatro años y meses para cumplir sus promesas.