Prof. Flaviano Jiménez Jiménez
No hace mucho, un secretario de Educación de México visitó Corea; cuando tuvo oportunidad preguntó al ministro de Educación de aquel país: “¿Qué cosas especiales hacen ustedes para tener una educación de calidad que es reconocida internacionalmente?”. Sin pensarlo mucho, el ministro coreano respondió: “La participación de los padres de familia, en las actividades escolares, es la que nos permite tener una educación de calidad”.
Décadas atrás, México logró tener una educación de alto prestigio, reconocida por los pedagogos más connotados del mundo; incluso varios países intentaron adoptar el modelo educativo mexicano. Este prestigio se logró gracias a que los padres de familia y la comunidad entera participaban en la escuela, junto con los niños, en variadas actividades de beneficio colectivo. Con el paso del tiempo, los padres de familia se fueron separando, o los fueron aislando de las actividades escolares, hasta llegar a los actuales momentos en que hay un marcado distanciamiento (apatía o indiferencia dicen muchos) entre los padres y la escuela. Investigaciones recientes confirman que en escuelas donde los maestros trabajan sin los apoyos de los padres, los alumnos ciertamente aprenden; pero aprenden más y la educación es de mayor calidad en las escuelas donde los padres de familia participan activamente en actividades escolares con sus hijos. Ejemplos concretos y reales de estos días: la Escuela Secundaria Técnica 1 y la Escuela Secundaria General 3 (ambas de la ciudad de Aguascalientes) tienen un reconocido prestigio académico, entre otras cosas, gracias a las intervenciones y apoyos de los padres de familia.
Las experiencias son contundentes; por tanto, si los directores y maestros desean tener escuelas eficaces y de reconocido prestigio académico, la fórmula es trabajar con los padres de familia; y si los padres anhelan una educación de calidad, la fórmula es trabajar de cerca con los maestros de sus hijos. La misma Ley de Educación del Estado de Aguascalientes, en el Artículo 50 mandata: “El logro de la calidad (educativa) es responsabilidad de todos los actores del Sistema Educativo (Estatal). En particular, las autoridades educativas vigilarán que los padres de familia o tutores envíen a sus hijos o pupilos a la escuela desde el nivel de preescolar y apoyen el esfuerzo de maestros y educandos para que se alcancen los objetivos de aprendizaje…”.
¿Qué hace falta? Que todos los actores mencionados se pongan a trabajar en congruencia con lo establecido y asumir la responsabilidad de satisfacer las necesidades más sentidas de la población en materia educativa. Y que quede claro, dice Sylvia Schmelkes, “en educación básica no se puede entender la calidad sin una participación activa de los padres de familia, que debe ser propiciada por la escuela como un todo y por cada uno de los maestros con los padres de sus alumnos”.
Por todo lo anterior, es absolutamente necesario propiciar la participación de los padres de familia en actividades prioritarias de la escuela. Para tales efectos, Sylvia Schmelkes sugiere empezar por aprovechar, en el salón de clases, los conocimientos, las habilidades, los valores y las actitudes, que los niños han adquirido en su familia y en el contexto donde viven. Así, antes de iniciar un nuevo aprendizaje, o de modificar los saberes de los educandos, habrá que analizar y discutir con los niños y los adolescentes lo que ya saben, la importancia que ellos le dan a sus conocimientos, y cómo los adquirieron. Al tomar en cuenta sus nociones y sus puntos de vista, se sentirán motivados para nuevos aprendizajes y emocionalmente identificados con su medio. Y para lograr que los padres de familia participen en las actividades escolares, existen experiencias motivantes y exitosas, como las siguientes: redactar y leer con ellos textos de interés como cartas, historias o leyendas de la región, de sus ocupaciones o de lo que más les agrade. En otro orden de ideas, pueden participar en clases: el carpintero expone acerca de su oficio, los beneficios que obtiene y las satisfacciones que experimenta; la señora que vende en una tienda explica cómo administra el negocio; el señor que regresó de Estados Unidos platica sus experiencias vividas en el extranjero; una persona desarrolla el cálculo de porcentajes e intereses simples y compuestos, al solicitar un crédito en el banco; otros profesionistas como el ingeniero, el médico, el contador y el gerente de una empresa, también explican cómo realizan sus respectivos trabajos y qué aprendizajes se requieren para ello. Estos ejercicios ubican a los alumnos en la realidad y los motiva para que aprendan, en sus clases, cuestiones fundamentales de las asignaturas que estudian con su maestro.
En otras ocasiones, se platica con los padres de familia sobre el desarrollo biológico, intelectual y emocional de sus hijos; cómo aprenden y los apoyos que necesitan para realizar sus tareas; equidad de género; ambiente familiar; cómo prevenir la violencia; la sana convivencia; cuestiones de higiene y salud; nutrición; orientación específica a los padres cuyos hijos tienen rezago educativo; la necesidad de que los padres destinen tiempo para convivir con sus hijos, entre otros temas. Si algunas de estas actividades se llevan a cabo en las escuelas con los padres de familia, de manera sistemática, más pronto que tarde se verá que los padres pueden hacer la diferencia en la calidad educativa. ¿Habrá disposición de todas las partes?