RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

El coronavirus vino a cambiar radicalmente, en mayor o menor medida, las vidas de la gran mayoría de los seres humanos. La perspectiva de vida se modificó para mal. La mortalidad creció enormemente. La pandemia fue el medio ejecutor que a nivel mundial ocasionó la muerte de millones de personas. A quienes no mató les magnificó las enfermedades que padecían en grado superlativo: la diabetes, la hipertensión, etc. Quienes no fuimos contagiados por el coronavirus andábamos casi a salto de mata, tratando de protegernos lo más posible atendiendo las indicaciones médicas que las instituciones de salud gubernamentales daban a conocer por los diferentes medios de comunicación masivos. Y así mismo veíamos con disgusto cómo, a pesar de la gravedad de la situación, miles de personas no daban la real importancia a la amenaza que se cernía sobre la población que se traducía a grandes pasos en defunciones y no acataban las medidas de seguridad para no contagiar ni contagiarse.

Sin duda, fueron más de dos años de un caos y un terror generalizado. El uso del cubrebocas se fue concientizando en un alto número de ciudadanos que religiosamente lo portaban cotidianamente contándose por millones de personas de todas las edades. Lo anterior a pesar de que el principal promotor anti cubrebocas era –increíblemente– el presidente de la República y gran parte de su gabinete, principalmente los máximos funcionarios de la Secretaría de Salud. Ellos no usaban el cubrebocas. El presidente se ufanaba de no usarlo y decía que a él lo cuidaban sus estampitas que funcionaban como «escudo protector» así como dos escapularios con la oración «Detente enemigo, el corazón de Jesús está conmigo». No le sirvieron de mucho, porque meses después al presidente le dio COVID lo mismo que a Hugo López Gatell, subsecretario de salud.

La historia de lo que ha sido la pandemia es de todos conocida. Nos ha dejado enseñanzas y sobre todo la disciplina de atendernos a los primeros síntomas de cualquier enfermedad. Lo vivido en poco más de dos años hizo conciencia en mucha gente y se comenzó a crear la cultura de atenderse con premura a los primeros síntomas de las enfermedades que se van presentando.

Le comento lo anterior porque en carne propia viví experiencias que afortunadamente hoy las puedo platicar como una cosa ya solventada. Todo comenzó cuando empecé a sentir malestares estomacales. Al principio pensé que eran problemas pasajeros de mala digestión. Pero en la medida que avanzaban los días los malestares y dolores se acentuaban más. Entonces comenzó la romería de consultar a diferentes médicos gastroenterólogos, quienes luego de auscultarme concluían que lo que padecía era colitis nerviosa, a causa, obviamente, de mucho estrés. Y ahí me tiene usted tomando diferentes fármacos. Hubo un doctor que ni me revisó. Solo me preguntó que síntomas tenía. Cuando terminé de platicarle lo que me aquejaba me dijo.

⸺Usted tiene colitis nerviosa.

Eso, como lo comento líneas arriba, ya me lo habían dicho dos o tres gastroenterólogos antes que él. Y se concretó a recetarme ¡Tafil! de 0.50 mg. Una pastilla todos los días en la mañana. La pastilla era para traerme muy tranquilo pero adormecido. ¡Imagínese usted todo el día andar como zombi! Salí del consultorio y rompí la receta. Sin embargo, la desesperación por no encontrar el alivio a mis malestares crecía cada día. Hubo quién me recomendó acudir con alguna señora de esas que curan de “empacho”; Y mire usted que ya me estaba animando, pues un perdido a todas va.

Un día que estaba viendo el Facebook me encontré un anuncio de un médico gastroenterólogo. No sé cómo ni por qué su anuncio fue lo primero que vi. José de Jesús Marín López era el nombre del médico. Vi su foto y me dio confianza y sin pensarlo en ese momento busqué el número de teléfono en el anuncio y le marqué. Él mismo me contestó y concertamos la cita. Dos días después, acompañado de mi señora, ya estábamos en la Torre Médica Quality. El doctor es un hombre muy joven y jovial, que da mucha confianza. Le enseñé algunos estudios que ya me habían hecho. Los revisó y me solicito otros. Me sentí confiado al ver su manera de checarme y me percaté que era un excelente cirujano en su especialidad, o sea el sistema digestivo. Y lo mejor, que es todavía de los médicos honrados que no opera solo por operar si no hay necesidad como hay tantos que ven en el paciente un signo de pesos y que antes de comenzar la consulta preguntan si el paciente tiene seguro de gastos médicos. Y si lo tienen de inmediato realizan la labor de meter miedo para sugerir una cirugía casi de urgencia. El Dr. Marín López si considera que dando un tratamiento se puede evitar la cirugía, lo hace. No sacrifica al paciente solo por obtener más honorarios.

El doctor me ordenó varios estudios. Ya con los resultados el siguiente paso era una endoscopia y para ello me mandó con un médico experto en endoscopias y colonoscopias, el Dr. Jovanni Tocca, un médico igual de joven que él y que precisamente es nativo del mismo lugar en que nació el Dr. Marín, de Nochistlán Zacatecas, que entre paréntesis hoy ya es un pueblo mágico.

El Dr. Tocca consulta y hace los estudios en el área privada del Hospital Hidalgo. Con él también viví una grata experiencia pues la atención es extraordinaria, ya que tiene un equipo médico muy profesional que se desviven en atenciones. Y lo mejor, nada oneroso, es muy consciente en el costo de sus percepciones.  El Dr. Tocca me realizó la endoscopia y cuando salí de la anestesia el doctor dijo:

⸺Lo que tiene es una úlcera, eso es lo que lo ha estado molestando. Además, le tomé 14 muestras del tejido de su estómago y la úlcera para mandarlos al laboratorio de patología para descartar cualquier cosa.

Los resultados se tardaron una semana y ya se imaginará usted lo que serían esos siete días… ¡una incertidumbre tremenda! Afortunadamente dos días antes de que se cumpliera la semana me llegaron los resultados a mi correo electrónico: No había nada maligno, solo los tejidos algo inflamados por la úlcera y además se encontró una bacteria: Helicobacter pylori, que no es fácil de eliminar pero que a base de medicamentos ha ido sanando con medicamentos.

La experiencia con estos médicos fue formidable. La salud perdida se logró recuperar con la guía y vigilancia de estos jóvenes doctores, por eso hoy quise compartirle esta vivencia para dar testimonio de que todavía se pueden encontrar médicos con características de extrema probidad profesional. Son las nuevas generaciones que actúan con una mentalidad de altura de miras y con la consigna de trabajar al servicio de la vida.