Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Históricamente, cuando se hace una reforma educativa, los maestros sabemos que las autoridades inician realizando un diagnóstico sobre el estado que guarda la educación en el país: evalúan los aprendizajes de los alumnos por niveles; detectan los factores que obstaculizan mayores avances; revisan los contenidos y enfoques de los programas de estudio, a la vista de los adelantos científicos, tecnológicos y pedagógicos; de igual manera,  revisan los contenidos y la didáctica de los libros de texto; analizan el comportamiento de los datos estadísticos de los estudiantes en cuanto a inscripción, asistencia, permanencia, deserción y conclusión efectiva de estudios; y hacen una investigación de los medios social, económico y cultural, en los que se desenvuelven las familias de los educandos, entre otras cosas. Con base en la información recabada y analizada, se procede a la reformulación curricular con miras de superar las deficiencias detectadas en el diagnóstico y con el fin de mejorar la educación de los  niños, los adolescentes y los jóvenes.

La semana pasada, Marx Arriaga, Director General de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública, presentó, en grandes líneas, el Marco Curricular del Nuevo Plan de Estudios 2022 de la Educación Básica Mexicana. Inesperadamente, en dicha presentación, en lugar de diagnóstico de la educación básica puso todo el énfasis en una hilera de adjetivos que califican de perverso el servicio educativo de los gobiernos pasados, tales como: “neoliberal, meritocrático, conductista, punitivo, patriarcal, racista, competencial, eurocéntrico, colonial, inhumano, clasista, enciclopédico, especializado, legitimador de las diferencias…”, entre otros epítetos. Y para superar estas perversidades, Marx Arriaga expone la nueva reforma curricular en la que “el magisterio es concebido como un conjunto de líderes sociales; que recuperarán la memoria histórica; la lectura como actividad compleja; los aprendizajes continuos, sin fragmentación; con enfoque de género; de colonial; libertario; humanista; antirracista. . .”

La retahíla de adjetivos sobre la perversidad y las nuevas propuestas de la reforma, según Marx Arriaga, son planteamientos que un millón de maestros hizo en los foros estatales. Sea dicho con todo respeto, dudamos que haya participado esa cantidad de maestros en los llamados foros de consulta; y, también, habría que recordarle al Director General de Recursos Materiales de la SEP, que el documento de la reforma curricular 2022 ya estaba elaborado desde mucho antes de realizarse los foros; prueba de ello está en que el documento, en cuestión, se presentó en los foros, tan sólo, para su validación. Por lo que el Marco Curricular y la tendencia de los nuevos programas  no fueron elaborados por los maestros. Además, no es creíble que los propios maestros tildemos de perverso todo lo que con mucho esfuerzo hacemos, diariamente, para formar ciudadanos, con fundamento en la filosofía educativa del Artículo Tercero constitucional.

Pues bien, cuando los expertos en educación conocieron el Marco Curricular y Plan de Estudios 2022 de la Educación Básica Mexicana, de la actual administración, han llegado a la conclusión que se trata de un documento ideológico, no pedagógico; que es un documento de odio hacia la educación propiciada por los gobiernos pasados, pero que no resuelve los problemas de fondo y medulares de la educación; en fin, dicen, esta reforma en lugar de mejorar la educación, la va a empeorar; no obstante, los mismos expertos consideran que el documento se puede mejorar; pero, con seguridad, voluntad y las condiciones no existen; porque las mencionadas propuestas ya se conciben como perfectas, infalibles y como decreto único. En tal virtud, los niños serán rehenes de una ideología que se les impondrá. Los niños  no tienen colores de ningún partido. Los niños lo que necesitan es calidad o excelencia educativa y ser formados para vivir en armonía con todos los demás. ¿Y qué dice la maestra Delfina, de todo esto?

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