Daniela Perales Bosque

Hace pocos días llegó a mí un audio de la plataforma “Así como suena”, un grupo de periodistas que se dedica a investigar problemáticas actuales, realizando entrevistas. “La niña que nació en prisión”, relata la entrevista a una mujer sobre cómo llega al centro penitenciario, los motivos por los que es sentenciada, su embarazo dentro de prisión por 2 ocasiones, la vida que lleva con sus hijos dentro, la etapa donde sabe que debe despedirse de su hija mayor y finalmente cuando están separadas. Los niños que nacen en prisión, los niños invisibles, han sido olvidados por las autoridades y la misma sociedad. Se da por hecho que seguirán este esquema de delincuencia y que será difícil sacarlos del ambiente que los vio nacer. Sin embargo, el hecho de que estén ahí no ha sido su culpa, sino nacer dentro. Se hace muy poco por mejorar las condiciones de vida de estos niños, pero ¿cómo es que nace un niño dentro de prisión y qué les espera?

Los niños que nacen dentro de prisión lo hacen porque su madre cumplía una sentencia mientras estaba embarazada y al llegar el día del parto, vienen al mundo dentro de las limitadas instalaciones médicas en prisión. Estos niños viven con sus madres y hermanos respectivos por pocos años, al menos hasta que tienen la edad suficiente para irse a casas hogares o lograr una adopción. Antes se quedaban hasta los 7 años o un poco más, pero ahora este periodo de tiempo se ha visto mucho más reducido para favorecerles de algún modo.

En noviembre de 2017 entró en vigor la Ley Nacional de Ejecución Penal que establece que los niños podrán permanecer con sus madres de cero hasta los 3 años, haciendo obligatoria la convivencia con los hijos nacidos dentro. Lo máximo que pueden estar dentro es hasta los 5 años y 11 meses, cuando deben salir definitivamente. Por un lado, estos niños no cometieron ningún delito, así que no tendrían por qué estar encerrados. No es que los niños vivan exactamente de la misma manera que el preso, pues existen en algunas prisiones del país cuartos más grandes llamadas “estancias”, muchas veces compartidos con otras pequeñas familias, donde la madre puede convivir con su hijosy el espacio llegue a propiciar un mejor desarrollo para que jueguen y vivan, los niños además tienen una especie de escuela e igualmente juegan con los demás en mismas circunstancias, pero realmente la estancia dentro de prisión no puede compararse a vivir fuera de ella, pues siempre estarán en desventaja sobre su libertad y su desarrollo.

Por otro lado, pareciera que es injusto que estos niños sean separados de sus madres, puede ser más difícil que encuentren una casa estable donde vivir, por lo menos hasta que cumplan la mayoría de edad o ser adoptados por un pariente o alguien ajeno. Qué difícil suceso el que las madres tengan que dejar ir a sus hijos fuera de prisión, metiéndose en un gran problema, pues ¿quién se hará cargo de ellos mejor que la misma madre? En la mayoría de los casos los niños saben qué es la prisión, que viven dentro de ella y que si están ahí sus madres es por una mala conducta. Llegan a existir conflictos personales, pues no saben por qué deben vivir dentro, por qué su mamá está castigada, o si será ella mala, sucediendo que cuando salen, llega a existir este rechazo a ella. No se diga, el caso donde la mamá le cuenta que es inocente de los crímenes por los que se le acusa. Peor será el conflicto personal del niño, viviendo una prisión injustamente.

En México las casas hogares y orfanatos para la gente dada en adopción ya son muy complejos, incluso creo que puede llegar a ser mucho más complicado el sostenimiento de los lugares que mantienen a los niños provenientes de prisión por años indefinidos hasta que la mamá sale de este lugar y puede volver a tenerlos, como el caso que mencioné en un inicio de este texto, donde se pactó un esquema de custodia compartida, donde la madre sigue siendo la tutora, por lo que no puede ser adoptada su hija.

Actualmente en México existe una asociación sin fines de lucro, quizás siendo la más grande y fuerte en este tema: “Reinserta”, fundado por Saskia Niño de Rivera, quien se dedica a proteger y velar por estos niños invisibles. Su propósito es trabajar con ellos para que no queden inmersos en el medio de delincuencia en que nacieron y así de algún modo, terminar este ciclo de crimen. “Reinserta” se dedica al establecimiento de ludotecas, áreas de maternidad y visitas, juegos y crianza, experiencias fuera de prisión como viajes a festivales o playas cercanas, preparación para los niños dentro de una comunidad y también al seguimiento de sus vidas fuera de prisión.

Esta organización comenzó con su proyecto en Ciudad de México y Estado de México, posteriormente en Nuevo León, pero ojalá que este programa de reinserción pueda llegar a todos los estados del país, pues es un proyecto muy bueno que fomenta la atención a estos niños invisibles, olvidados por la sociedad.

No olvidemos a estos niños inocentes de la situación en que nacieron. Si sabes de este proyecto apoya de cualquier modo para que siga creciendo.

https://reinserta.org/

¿Qué porcentaje de la población ignorábamos a los niños invisibles?