Por: Octavio Díaz García de León.

La idea: La detención en Estados Unidos del ex secretario de la Defensa, Salvador Cienfuegos, abre un nuevo frente a las fuerzas armadas las cuales ya tienen otros frentes que atender al crecer las tareas que se les han encomendado. Estas nuevas misiones se apartan de su mandato tradicional, por lo que quizá es tiempo de replantear cuál debe ser su papel en un entorno que requiere de sus servicios para otros propósitos.

Derivado de una denuncia de la agencia antinarcóticos americana fue detenido el ex secretario Cienfuegos por supuesto tráfico de drogas y apoyo a un cártel menor. Esto causó conmoción en nuestro país ya que los militares y sus instituciones son de las más admiradas por la población y en las que se deposita mayor confianza. La acción por parte de las autoridades norteamericanas vino a dar una sacudida a esta percepción.
Adicionalmente, podría plantear que la cooperación con las agencias americanas se ha vuelto un arma de doble filo, pues ya se vio que dichas agencias al tiempo que trabajan con los militares, también los espían.
Esto ocurre cuando a las fuerzas armadas cada vez se les asignan más tareas alejadas de su papel tradicional en ámbitos muy diversos de actuación. Por ejemplo, en tareas de seguridad pública y en la conformación y operación de la Guardia Nacional.
Otros frentes en los que trabajan intensamente son la construcción de proyectos clave como el aeropuerto de Santa Lucía, el Tren Maya y las 2,700 sucursales del Banco del Bienestar. Se les ha encomendado también la administración de los puertos marítimos; la administración de las aduanas; el control de la inmigración ilegal en la frontera sur; el auxilio a la población en casos de desastres naturales; el cultivo de árboles; etc…
Hay analistas que estiman que se les está dando a los militares demasiada fuerza y poder con estas tareas. Sin embargo, en otro sentido, se podrían estar debilitando.
Aún con todos los recursos y apoyos que se les puedan otorgar, el sobre extenderse en sus actividades pone a prueba sus capacidades de logística y de control interno para evitar actos de corrupción y para cumplir las tareas encomendadas.
El encarcelamiento del Gral. Cienfuegos, que aún está por ser juzgado, muestra uno de esos flancos débiles. El combatir a la delincuencia organizada los expone al gran poder corruptor de esas organizaciones.
Todo ello nos lleva a repensar cuál debería ser el papel de las fuerzas armadas en este nuevo entorno.
De acuerdo con la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, corresponde a la Secretaría de la Defensa Nacional la administración del Ejército y Fuerza Aérea; el regular las armas de fuego y medularmente, “planear, dirigir y manejar la movilización del país en caso de guerra; formular y ejecutar, en su caso, los planes y órdenes necesarios para la defensa del país y asesorar y dirigir la defensa civil”. Al final dice “las demás que le atribuyan leyes y reglamentos”, con lo que realiza otras tareas que le encomiendan. La Secretaría de Marina tiene un mandato parecido.
Entonces, de acuerdo con la Ley, las fuerzas armadas están pensadas para proteger la seguridad nacional ante amenazas internas o externas en caso de guerra.
Pero esto quizá se ha vuelto obsoleto. No es posible enfrentar una amenaza militar que provenga de nuestro vecino del norte por la tremenda asimetría militar entre las dos naciones, ni es factible que surja por el sur o por mar una amenaza proveniente del exterior, por las mismas razones de asimetría militar con nuestros vecinos. Tampoco entra en la visión de nuestro país el uso de fuerzas expedicionarias para conquistar territorios en el exterior.
El problema es que ante un entorno geopolítico que no plantea grandes amenazas externas a la seguridad nacional, el papel de las fuerzas armadas debería replantearse.
Quizás hoy el mayor reto a la seguridad nacional lo presente la disputa con las fuerzas de la delincuencia organizada. El año pasado vimos una muestra del poderío de estas organizaciones desplegada en Culiacán, con la fallida captura de Ovidio Guzmán. O bien el dominio que ejercen en extensos territorios del país (Bajío, Tierra Caliente, Triángulo Dorado, etc.) o la cooptación de instituciones clave como son las policías, las aduanas, las autoridades portuarias y las de migración.
Si las amenazas a la seguridad nacional provienen de fuerzas delincuenciales que cuentan con pequeños ejércitos y operan de manera parecida a grupos insurgentes, habría que replantear el diseño de las instituciones militares, fortaleciendo sus capacidades contrainsurgentes y revisar si es conveniente que realicen otro tipo de actividades diferentes a su naturaleza militar.
Por lo pronto, las instituciones militares están a cien fuegos por el número de frentes en que deben trabajar, enfrentando retos operativos, logísticos y su exposición a posibles actos de corrupción, aspectos que se deben atender para fortalecer a estas instituciones clave para nuestra nación.
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