RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

El miércoles pasado fue 19 de septiembre, y yo diría que los terremotos, que parece que por alguna casualidad que nadie puede comprender, se dan cita en la misma fecha sobre todo en la CDMX. Lo anterior nos lleva a varias reflexiones, siendo quizás alguna de las principales la actitud de los gobernantes, de las autoridades, de algunas agrupaciones y de los representantes populares. Y esto no es solamente una desgracia, esto es también una vergüenza y creo que la vergüenza se extiende no sólo a la incompetencia para la aplicación de normas de construcción que probadamente sabemos que son eficaces para evitar derrumbes, sino también para ver qué se hace después. Me parece absolutamente vergonzoso que un año después del sismo grande más reciente, todavía no puedan hacer un censo confiable y que permita las posteriores etapas de la ayuda; pero también que se haya desvanecido esto que ya comienza a ser un lugar común de la solidaridad y el apoyo de los mexicanos a favor de otros mexicanos. Por varios medios nos enteramos cómo muchas personas en el siguiente mes de la desgracia empezaron a perder el entusiasmo solidario. Ya no era cosa de ir a llevar botellas de agua. Ya no deseaban ir al Estado de Morelos a sentirse por un día la Madre Teresa de Calcuta. Ya habían ido una vez y con eso se pensaba que ya se había cumplido. Ir a Oaxaca o a Chiapas ¡ni pensarlo! Mejor daban dinero. Y resulta que todo mundo inventó una cuenta y todo mundo inventó un cuento, porque hasta en el Senado de la República dice Ricardo Monreal que no aparece una bolsa de 50 millones de pesos de donativos de legisladores, de ciudadanos y de las bancadas de los partidos ahí representados, dicha bolsa se integró para beneficiar a los damnificados de los sismos del año pasado. Monreal dice que hay confusiones y hay opacidades, por decir lo menos. En la información correspondiente a la Legislatura LXIII, que terminó en agosto pasado, de los fondos de apoyo a damnificados en los que intervino el Senado, no se reporta lo que se aportó. Martí Batres Guadarrama dijo también que no tenían información. Ahora sí que como el Monje Loco: Nadie sabe… nadie supo… dónde quedaron esos 50 millones recolectados nada más en el Senado de la República. Y así como ese caso están muchos otros. A mí la palabra fideicomiso siempre me da mucha desconfianza. En el sismo del año pasado todo mundo hizo “polla”, todo mundo hizo una “bolsa” y ya no hablemos de lo que hicieron en iglesias, parroquias, en asociaciones religiosas, la Cruz Roja, los donativos, etc. De pronto se volvieron dadivosos durante no sabemos cuánto tiempo, pero muy poco, porque hoy miles de personas están exactamente igual que hace un año, o peor, porque han perdido un año de vida en condiciones sumamente precarias. La mayoría de afectados se quedaron en la calle. Muchas familias que vivían en algunos multifamiliares ya hicieron del campamento su domicilio permanente y yo me preguntó: ¿Por qué las autoridades de la CDMX no actuaron rápido? No, no actuaron rápido y ya ni hablemos del asunto de la escuela Enrique C. Rébsamen. ¿Qué será tan difícil de veras decirle a una persona que se le cayó su casa: vamos a llevarle una cuadrilla y vamos a pagar con todo este dinero que se juntó, y arreglar una casa, un departamento pequeño de 60 o 70 metros cuadrados? ¿Se tardan más de un año para hacer eso? ¿De veras no tenemos capacidad de construcción en este país? ¿No tenemos capacidad de trabajo? ¿No pueden meterle tres turnos diarios durante tres meses y terminar las cosas en vez de andar presumiendo con esa tonta actitud de sentirse bien: “qué solidarios somos”, “cuanto nos amamos”, y “los mexicanos somos recibientes”.

 La verdad eso no es cierto, ¡Manga de ladrones! ¡Se robaron el dinero! Eso fue lo que pasó. En las cosas particulares, en las cosas oficiales, en las cosas de los partidos eso es lo que pasa cada vez que hay una desgracia. Por eso y siendo políticamente incorrecto no es bueno aportar en esas colectas, porque sé que no va a funcionar, mejor hacerlo directamente, mano a mano, cara a cara, los intermediarios se roban el dinero.

EL ÚLTIMO REFUGIO PRIÍSTA

Enrique Peña Nieto asistió el viernes pasado al primer Informe de Gobierno de Alfredo del Mazo, gobernador del Estado de México, y ésta fue la única vez que Peña asistió al informe de un gobernador en todo su sexenio. Creo que la nostalgia es el último rincón en donde se refugia la pérdida del poder. Esta apoteosis del priísmo mexiquense en este primer Informe de Alfredo del Mazo en realidad no tenía mucho para presumir, porque no se puede presumir que llegue a su fiesta Arturo Montiel, ex gobernador mexiquense de malos recuerdos para los ciudadanos de ese estado, que durante todo el tiempo de la incubación del entonces candidato Enrique Peña fue obligado a permanecer en la sombra, nadie quería que a los informes del entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña, que se iba perfilando en su carrera ascendente a Los Pinos, estuviera Montiel. Pero ahora Montiel puede estar en los actos y puede estar también Del Mazo y pueden estar todos los antiguos gobernadores y gobernadores interinos del PRI en el Estado de México como César Camacho, y puede estar quien sea porque quien ya lo perdió todo ya no tiene nada que perder, y el PRI ha perdido todo, claro que alguien me dirá: “No, tiene la potencia del Estado de México que es un estado industrioso, que tiene más industria que Nuevo León, que tiene más habitantes que ningún otro estado”. Y sí, pero también tiene más problemas y también tiene más atrasos y más violencia que muchos otros lugares de la República Mexicana. Pero finalmente Alfredo del Mazo es el último que les queda y el viernes llegó a su primer año de gobierno, dio un informe que no tiene mayor trascendencia, porque la trascendencia del informe la dio la presencia del presidente Enrique Peña, a quién sin ánimo de molestar cualquiera le podría preguntar: ¿Para qué señor presidente? ¿Para qué tiene que ir a un Informe de Gobierno? ¿Para qué tiene que decir que él no será un ex presidente molesto y que se va a regresar a vivir a su tierra? Una de las muchas razones por las cuales fue criticado internamente “sotto voce” el gobierno de Peña Nieto era por la aparición detrás de cualquier escritorio de un mexiquense. Su grupo compacto, la gente con la que se rodeó, la enorme influencia de Luis Videgaray y en fin, él demostró ser un gran amigo de sus amigos y creo que sus amigos no fueron tan buenos amigos de él porque lo metieron en muchos problemas. Pero finalmente en el ocaso de su administración otros lo podrían llamar la agonía de todo un sistema de dominio en el Estado de México.

Hemos visto cambios profundos en la política mexicana, hasta Alfredo del Mazo tuvo que reconocerlos, y también hemos visto cambios en los modos; la semana pasada Alfredo del Mazo no estaba con Enrique Peña Nieto, estaba en la ceremonia del Monte de las Cruces con Andrés Manuel López Obrador. La realidad se impone porque la realidad no admite sobornos y los hechos ahí están, los hechos no se pueden cambiar y no se puede cambiar que el país ya cambió.