Luis Muñoz Fernández

Vuestro es un deber más alto y sagrado. No penséis en encender una luz que brille ante los hombres para que puedan ver vuestras buenas obras; al contrario, pertenecéis al gran ejército de trabajadores callados, médicos y sacerdotes, monjas y enfermeras, esparcidos por el mundo, cuyos miembros no disputan ni gritan, ni se oyen sus voces en las calles, sino que ejercen el ministerio del consuelo entre la tristeza, la necesidad y la enfermedad.

 William Osler. La palabra clave en medicina, 1903.

Como se señaló en la quinta parte de este escrito, el segundo fin de la medicina es el alivio del dolor y el sufrimiento causado por males. Además de lo explicado, el documento pone en evidencia el trato desigual y desfavorable que el sistema de salud le da a las enfermedades mentales:

De especial trascendencia es el sufrimiento ocasionado por problemas de salud mental, desde enfermedades graves como la esquizofrenia o la depresión hasta problemas más moderados, pero no obstante serios, como las neurosis, las fobias y los trastornos de la personalidad. No todos los problemas de salud mental se originan a partir de una enfermedad, y resulta de suma importancia que para tomarlos en serio no sean necesarios unos fundamentos biológicos. La gama completa de trastornos mentales, perfectamente reconocidos por la medicina, afecta a millones de personas en todo el mundo. Pese a ello, debido a que sus síntomas iniciales se manifiestan en ocasiones como expresiones imprecisas de sufrimiento, con demasiada frecuencia, en los centros de atención primaria, donde existe una clara tendencia a centrarse en la búsqueda de anomalías que se correspondan claramente con patologías determinadas, los problemas de salud mental se ignoran o se les resta importancia (las negritas son mías).

William Osler (1849-1919), uno de los médicos más famosos y admirados de la historia, decía que la medicina es la única profesión universal. Como señala el documento que estamos analizando y resumiendo, esa universalidad se manifiesta, entre otras cosas, “cuando la medicina ha de reconocer que existen muchas formas de sufrimiento humano, como la guerra, la violencia o la traición, cuyas causas no guardan ninguna relación con la mala salud o la enfermedad”.

Los autores del documento se preguntan hasta dónde debe llegar la medicina en el alivio del sufrimiento, pregunta particularmente pertinente en este momento, cuando se debate en varios países del mundo sobre la conveniencia de regular (despenalizar) la interrupción voluntaria del embarazo y, sobre todo, la muerte médicamente asistida (el suicidio médicamente asistido y la eutanasia, las dos vertientes de este tema). No hubo un acuerdo unánime, sin embargo, los autores reconocen que el sufrimiento derivado de una enfermedad puede incluir miedo, desesperación, cansancio profundo, ansiedad sobre el futuro y una gran sensación de futilidad y desamparo. ¿Qué deben hacer los profesionales de la salud ante todo esto?:

Ante estas manifestaciones, los médicos y demás profesionales de la salud deberían responder con cuidados y conmiseración y, cuando sea posible, orientación psicológica. Pero cierto tipo de sufrimiento, especialmente cuando está asociado a una enfermedad crónica o terminal, puede hacer que los pacientes se cuestionen el significado de la vida misma, del bien y el mal, de la suerte y el destino personal; unos interrogantes que suelen considerarse de naturaleza espiritual o filosófica, no médica.

¿Por qué estoy enfermo? ¿Por qué he de morir? ¿Qué sentido tiene mi sufrimiento? La medicina, como tal, no tiene respuestas a estas preguntas, que no pertenecen a su esfera. Y sin embargo, los pacientes recurren a médicos y enfermeros, en su calidad de seres humanos, en busca de algún tipo de respuesta. En estos casos, sugerimos que el profesional de la salud recurra a su propia experiencia y visión del mundo, haciendo uso no sólo de sus conocimientos médicos, sino también de los sentimientos de compasión y confraternidad entre seres humanos. No obstante, habrá ocasiones en que incluso la atención más humanitaria y los cuidados paliativos más avanzados alcanzarán un límite. En este punto, la medicina habrá de reconocer sus propias limitaciones; no todo en la vida puede quedar bajo el control de una medicina tan constreñida en sus posibilidades como aquellos seres humanos a los que sirve (las negritas son mías).

El tercer fin de la medicina es:

La atención y curación de los enfermos y los cuidados a los incurables. Curar y cuidar, si bien no tienen una etimología común, llegan a significar lo mismo. Y los médicos con frecuencia lo hemos olvidado concentrándonos sólo en la curación en detrimento del cuidado:

En su entusiasmo por la cura de enfermos, en ocasiones, la medicina moderna ha desatendido su función humanitaria. Parecería afirmar que, si se puede encontrar la curación, ¿quién necesita cuidados? Esta opinión no podría estar más equivocada. En muchos casos, por supuesto, una técnica completamente impersonal resulta aceptable, e incluso deseable, como en traqueotomías de urgencia, reanimaciones cardiopulmonares y muchos tipos de cirugía de alta tecnología; pero lo más común es que se requieran también cuidados. Los cuidados no consisten simplemente en manifestar preocupación, conmiseración y disposición a hablar con el paciente; comprenden también la capacidad para hablar y escuchar de un modo que demuestra conocimiento de los servicios sociales y asistenciales necesarios para ayudar al paciente y a su familia a afrontar una amplia gama de problemas no médicos que pudieran acompañar, como normalmente ocurre, a su padecimiento. De sobra está decir que otro de los ingredientes fundamentales para un buen cuidado es la excelencia técnica. […]

La función sanadora de la medicina abarca tanto la curación como los cuidados. En su sentido más amplio, la medicina puede sanar incluso en aquellos casos en los que no puede curar, ya que puede hacerlo ayudando a una persona a hacer frente a un mal de tipo crónico.

A medio camino entre la curación y los cuidados se encuentra la rehabilitación que, “suele requerir mucho tiempo y atención para dar resultados y, en este sentido, requiere una actitud decidida y continua de cuidados y asistencia social. La medicina tiene una posibilidad muy real de sanar incluso cuando el cuerpo no puede recuperar su estado de funcionamiento normal”.

Con el panorama epidemiológico actual, en el que son cada vez más los casos de enfermedades crónico-degenerativas propias de la vejez, los cuidados cobran una importancia creciente y ya no pueden relegarse a un segundo término. La situación exige una puesta al día y un gran fortalecimiento de los cuidados:

Dado que los enfermos crónicos tienen que aprender a adaptarse a su nueva identidad alterada, gran parte del trabajo del profesional sanitario debe centrarse en la gestión de la enfermedad en vez de en su curación. En este caso, con “gestión” nos referimos a la atención humanitaria y psicológica continua a una persona que, de un modo u otro, tiene que aceptar la realidad de su padecimiento. De hecho, se ha sugerido que uno de los deberes de la medicina podría ser ayudar al enfermo a forjarse una nueva identidad (las negritas son mías).

Lo anterior confirma de la tesis de Leonardo Viniegra de que la enfermedad crónica no es algo externo que se apodera del paciente, sino una nueva forma de vida del ser humano que la padece.

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