Por J. Jesús López García

Es observable, de manera realmente muy sencilla, la vocación o las diferentes tendencias de las ciudades. Las urbes con una inclinación de hegemonías regional o internacional, muestran características muy definidas: una altura considerable en sus construcciones, producto de la demanda de suelo que lleva a establecer una edificación en altura para así “reproducir” la planta original del inmueble y de esa manera aumentar su rentabilidad.

En las metrópolis grandes o con una pujanza económica evidente, la ocupación del suelo es muy elevada. Otra característica es la diversificación de los edificios que muestran así las muy heterogéneas actividades que se dan cita al mismo tiempo o de manera periódica en esos asentamientos. Podemos comentar también que derivado de lo anterior es apreciable la sofisticación en los procesos constructivos que no solamente se muestran en la construcción estructural sino también en materiales que definen los terminados de las fincas. Y por último -en esta enumeración solamente, pues los factores pueden multiplicarse-, la configuración de la ciudad que sirve de marco a los edificios -a veces influyendo en ellos de manera contundente-, que establece sus pautas de desarrollo o estancamiento, la categoría de sus vías, la distribución de sus diferentes zonas o distritos y la manera en que se distribuyen sus habitantes.

Hay capitales que nacieron con una vocación mercantil, por lo que los ríos cercanos sirvieron como vías fluviales, o bien otras, que en esas mismas circunstancias hidrográficas se dedicaron a la pesca; otras se establecieron con un carácter agrícola y otras más como puntos de referencia y convergencia en una red de poblados.

Aguascalientes surgió como un eslabón en una cadena de protección para las rutas de la plata que partían de Zacatecas hacia la Ciudad de México o a Guadalajara, más tarde fue afianzando su papel como proveedor de insumos básicos a los poblados mineros del norte, apoyándose en una producción agrícola magra y a una ganadería un poco más desarrollada, lo que cambió radicalmente con su industrialización iniciada a fines del siglo XIX propiciada por su nueva calidad de punto nodal en una nueva cadena productiva que hasta la fecha sigue dándonos sus réditos con una relación directa con los Estados Unidos. De esa manera, la población del Aguascalientes preindustrial experimentó un incremento exponencial en sus dimensiones urbanas y en su demografía al basar su economía en el sector secundario involucrado fuertemente en la industria de la transformación.

El Aguascalientes de las huertas, de calles estrechas y orgánicas, de edificios bajos -en su mayoría de un sólo nivel- e iglesias cuyas torres puntualizaban los barrios, se transformó en una ciudad heterogénea de avenidas amplias planeadas para el auto, de edificios con alturas desiguales, como desiguales las características de sus diferentes zonas.

En la ciudad actual se aprecian las jerarquías económicas por la dotación de sus servicios y diversidad de opciones para estudiar, divertirse, comprar o ser partícipe en los acontecimientos colectivos que se suceden de manera periódica. Los inmuebles en ese esquema, sirven para establecer pautas de similitud o referencia de las diferencias en las ciudades y eso se aprecia en la manera en que apreciamos a los edificios que consideramos más propios de la ciudad. Al enmarcarlos en una zona y de analizar cómo se puede acceder a ella podemos establecer la mayor o menor importancia que un distrito mantiene respecto a la ciudad.

Más con todo lo dicho, la misma urbe posee características que pueden propiciar formas más desarrolladas de habitarla o al menos, de apreciarla. A veces es sólo un leve cambio de altura en las fincas que puede proporcionar una sombra deseable para los peatones, como aquellas dos que se encuentran ubicadas en la Colonia San Marcos, particularamente en la avenida Campeche con los números 409 y 407, que aprovechando la amplitud de la sección de la calle, se alzan más allá del equivalente a los dos niveles, y con esa propuesta constructiva, propiciar una sensación diferente al de las casas o los edificios de un piso. Con recursos arquitectónicos sencillos que surgen de reinterpretar un sitio a través de sus características urbanas o paisajísticas, pueden operarse pequeños cambios que a la larga es posible incentiven nuevos usos y hagan de esos sitios, lugares más dinámicos e interesantes.

En la colonia España por ejemplo, llama la atención el dinamismo de sus calles colectoras que con edificios de dos niveles dejan para el nivel bajo lo necesario para un comercio intenso y para los niveles altos, vivienda u otros usos. No nos referimos aquí de sus características arquitectónicas que pueden mejorarse muchísimo, pero sí de una vocación de sitio que de manera natural, la construcción ha sabido interpretar.

Todo lo anterior nos presenta los resultados arquitectónicos que a lo largo de 40 años ha dejado la carrera de Arquitectura de la hoy Benemérita Universidad Autónoma de Aguascalientes, ya que varias de las obras que hoy percibimos en los diferentes ámbitos de la ciudad pertenecen a la autoría de sus egresados.