Saúl Alejandro Flores

Estimados lectores continuamos con las reflexiones que inicié la semana pasada con respecto a la forma en que los directivos de oficinas centrales de Conagua desempeñan el cargo y los retos que se vislumbran, pero cuyas decisiones están impactando en el ámbito hídrico en nuestro país de una manera preocupante.

Mencioné la semana pasada la importancia de contar con una lectura sensata de la panorámica, problemática y alcances, pero también de esa visión sesgada que ve como “normal” los problemas, y el alto riesgo de insistir en verlo como normal; la actitud que debe prevalecer es la alerta y preocupación para pasar de inmediato a la acción.

Seré reiterativo en un tema sobre la visión centralista que es nociva y la presunta descentralización que se confunde con la desconcentración, se ha hablado de que Conagua ya cumplió su ciclo, esto es cierto, pero… aquí es relevante saber a qué ciclo se refiere y cómo abrir el que debe sucederlo. En la reunión del director general Ing. Germán Martínez Santoyo con los senadores, la senadora Beatriz Paredes Rangel, expuso sus posturas, así como otros lo han externado en diversas ocasiones, de que la problemática del agua demanda que la Conagua deje de ser un órgano desconcentrado y se reafirme su centralización al convertirse en una Secretaría de Estado, cierto que en el nombre eso le daría impacto mediático, porque en México se está acostumbrado a lo “rimbombante”, a la visión vertical de la administración pública.

Se cree que eso le dará fuerza, pero al ser parte de la administración centralizada y lo sabe cualquier especialista en derecho administrativo y administración pública, que ello lo convierte en una extensión del titular del ejecutivo, sus finanzas serían totalmente controladas por la SHCP y a su vez excluye al sector social, que en este caso es relevante e impostergable que los usuarios jueguen un rol determinante en la corresponsabilidad, una auténtica gobernanza, como dicen en la OCDE “Gobernanza buena del agua”.

Si el agua retorna a una Secretaría quedará atrapada en los vicios de los relevos sexenales de la administración pública con sus “egos”, “si lo hizo la otra administración es malo”, “si no lo hice yo es malo”, “si no aparezco en la fotografía es malo”, etc. La única oportunidad que se tiene para lograr la transversalidad de las políticas es darle autonomía no sólo técnica, sino administrativa, “personalidad jurídica y patrimonio propio”, eso no implica que el ejecutivo no tendría control, claro que no es así, pues la sectorización que se establece en la Ley Orgánica de la Administración Pública y en la Ley de Entidades Paraestatales, así lo determinan, hay una cabeza de sector por el momento es SEMARNAT para mantener alineadas y la coordinación de las políticas públicas. Pero el esquema actual que es desconcentrado sólo le da autonomía técnica. La transversalidad de políticas más allá de los sexenios no está normado, así que cada sexenio reinventa, destruye y a comenzar de “0”.

Un descentralizado es el único que puede permitir que la representación ciudadana en su “consejo directivo” o “junta de gobierno” tenga el peso deseado y que se garantice la continuidad de los proyectos, persistir en las formas y visiones de los años 70´s es obsoleto e inútil. Una administración está un sexenio y se va, un ciudadano lo es por siempre, una institución académica, colegio de profesionistas, cámara empresarial lo es por siempre, un usuario del agua lo es por siempre.

Es de dar pena, que, sin ruborizarse el director general de Conagua y que los senadores no hayan externado su preocupación respecto a una desconcentración geográfica de Conagua hacia Veracruz, con esa visión insisto de los años 70 de que al irse a Veracruz Conagua será más cercana y eficiente, eso es un tajante error, que costará, si por el momento este traslado está costando, las consecuencias para la administración del agua desde la competencia federal tendrán un mayor costo y rezago difícil de abatir, no se puede aplaudir esa decisión con tal de quedar bien con el titular del Ejecutivo Federal.

Tampoco se requiere simular que eso es descentralizar, es una desconcentración geográfica costosa sin beneficios, la eficiencia y buenos resultados para una autoridad del agua no es desde qué ciudad despache, sino la forma de administrar y ser un garante de la seguridad jurídica del agua como un bien nacional. Persistir en una falacia insisto y avalarla desde oficinas centrales tendrá un costo irrecuperable para el país. Nos vemos la próxima semana, no olviden amables lectores la importancia de emprender políticas y acciones que permitan que en México y Aguascalientes el agua nos alcance.

Comentarios: saalflo@yahoo.com

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