RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

En los últimos días los mexicanos hemos tenido noticias del orden nacional que nos muestran diferentes situaciones de toda índole, pero todas ellas de suma importancia, por la gravedad de cada una de ellas en sus diferentes ámbitos. La principal es sin duda la renuncia de Carlos Urzúa como titular de la Secretaría de Hacienda, como se lo comentábamos en la pasada entrega, pues causó alarma tanto a nivel nacional como internacional para los inversionistas, los empresarios y para la población en general al saberse parte de los motivos de la renuncia, pues Urzúa develó situaciones que sin ser corroboradas se especulaban en los corrillos políticos: las malas decisiones presidenciales en los proyectos más importantes del país, unos para no realizarse, como el Nuevo Aeropuerto Internacional de México el cual a pesar de tener ya construido una gran parte lo canceló el presidente sin importarle que su gobierno tuviera que pagar miles de millones de pesos en indemnizaciones  El aeropuerto tenía ya cuatro años de intensos trabajos de construcción los cuales se fueron al voladero. Algo inusitado, sobre todo porque era una obra muy necesaria para el avance del país en materia de turismo, que es una de las principales actividades que le generan divisas al país y de la cual miles de mexicanos se sostienen a lo largo y ancho de la república. Pero la mente obcecada del presidente no permitió la continuidad de esta gran obra. López Obrador argumentó entre otras cosas que había corrupción en esa obra, pero hasta ahora los ciudadanos nos hemos quedado esperando que se den a conocer los nombres de los corruptos, para que les finquen responsabilidades y no queden en la impunidad sus actos ilícitos. Hasta hoy no se sabe quiénes realizaron actos de corrupción en dicha obra, como tampoco hemos visto el encarcelamiento de quienes, según el presidente, se dedicaron por años y años al robo de combustibles –gasolinas y diesel–, luego de aquel espectacular operativo por varios estados de la república, principalmente el Bajío y el estado de Hidalgo, cuando la lucha contra el huachicol generó una expectación tremenda en toda la nación pues se esperaba que de un momento a otro cayeran los grandes capos huachicoleros. Al final de la batalla, el resultado sólo fue una gran molestia entre millones de consumidores de combustibles que sufrieron las de Caín durante muchas semanas, por la falta de combustibles en las gasolineras; las colas que desde la madrugada se formaban en las estaciones de servicio eran kilométricas, pero la gente aguantaba con la esperanza de que el operativo funcionara y con ello se acabara el robo de combustibles y que eso redituara en que una de las principales promesas de campaña de López Obrador se cumpliera: la reducción del costo de los combustibles. Sin embargo, la batalla al huachicol sólo sirvió para que el nuevo gobierno comprara 671 pipas para el traslado de gasolinas por el país sin haber realizado las licitaciones de ley, pagando por dichas pipas 92 millones de dólares. Esta, que fue una de las primeras acciones de López Obrador cayó en lo que sin duda se puede definir como actos de corrupción, porque sin el menor recato se paso por el arco la normatividad de las compras del gobierno alegando la necesidad y urgencia para atender el desabasto de combustibles que se estaba dando en el país.

Hoy sabemos que a López Obrador le gusta que se haga la voluntad de Dios pero en los bueyes de su compadre. Él que tanto luchó por llegar a la presidencia y que luego de perder en las elecciones se dedicaba a realizar plantones y movimientos de simpatizantes en los estados en que tiene más seguidores, exigiendo el conteo voto por voto y casilla por casilla, así como otra serie de necedades. Pero hoy que ya se sentó en la silla presidencial, de pronto su convicción e ideología de proyecto de nación cambio radicalmente y, prueba de ello, es la aberración que esta solapando en Baja California Norte, en donde el candidato de MORENA, Jaime Bonilla ganó en las pasadas elecciones para gobernador por un periodo de dos años. Triunfo que se veía venir debido a que el actual gobernador Kiko Vega se esforzó durante su periodo por ser el peor gobernador que ha tenido ese estado fronterizo, por ello no fue sorpresa la victoria del morenista. Pero apenas Jaime Bonilla obtuvo su constancia de gobernador electo, puso en marcha lo que será el laboratorio del proyecto que aloja en su mente López Obrador: alargar el periodo de gobierno y para ello las huestes morenistas en conjunto con los diputados de otros partidos han realizado la aprobación de algo ilegal e inconstitucional: alargar el periodo de Jaime Bonilla de dos a cinco años, lo cual sentaría un pésimo precedente. López obrador, obviamente patriarca indiscutible de  MORENA, sólo se ha dedicado a observar las reacciones que se han suscitado en el ámbito político y social, pues eso es el termómetro para sus reales aspiraciones de continuismo. Si en verdad tuviera voluntad de hacer respetar la constitución y el voto de los bajacalifornianos que fue dado para sólo dos años de gobierno, metería orden de manera inmediata. Con esta actitud nos damos cuenta que su admiración por Francisco I. Madero, que fundó el Partido Nacional Antirreelecionista, es sólo por arribita, pues Madero pugnó por la no reelección y hoy estamos viendo cómo la reelección empieza a germinar ante la complacencia de AMLO.