Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Ayer en la unidad Aguascalientes del Centro de Investigación y Docencia Económicas se presentó el libro “El Derecho Internacional en y desde las relaciones internacionales” del Dr. Alejandro Anaya Muñoz quien por cierto dirige en nuestra ciudad la representación del CIDE.

La obra fruto de la dedicación y el estudio de varios años tiene entre otras virtudes la de ser pionera en los textos en nuestro país que aborden el tema de los Derechos Humanos desde la perspectiva de las relaciones internacionales, que dicho sea de paso, ha sido el factor fundamental para el “aggiornamiento” de nuestro país en el campo de los derechos fundamentales. El tema nacional y el tema mundial son los Derechos Humanos, los lamentables acontecimientos de Guerrero han vuelto a colocar a nuestro país en la mira del mundo occidental como un estado en el que todavía la desaparición forzada y la tortura son prácticas cotidianas de los grupos policíacos y parapolicíacos. Nada significan las negativas y protestas de las autoridades. Los hechos nos colocan en una situación lamentable, no por la crítica internacional que de suyo nos afecta, sino por la realidad lacerante que día tras día sufrimos los mexicanos.

El doctor Anaya Muñoz, internacionalista de vocación, formación y desarrollo nos ofrece en este texto un panorama que va desde la formación de los primeros organismos internacionales que se preocupan por los Derechos del Hombre hasta las resoluciones recientes de tribunales internacionales que han incidido en la caracterización actual de nuestro país en el campo de los Derechos Fundamentales. Entre muchas cualidades del texto se agradece la ausencia de dogmatismos, es la exposición de las diferentes cuestiones con una perspectiva de objetividad y con la inclusión de múltiples notas, referencias, enlaces a sitios y a obras, que, una vez despertado el interés, ofrecerán la posibilidad de enriquecer los aspectos que hayan provocado mas inquietudes a sus lectores.

Se ha hablado de «derechos humanos» y de «los derechos humanos». Alejandro Anaya opta por utilizar la segunda forma con el uso del artículo determinado plural que en español denota numerus clausus, aunque la concepción progresiva de derechos humanos considera que estos siguen en evolución, y seguirán, incorporándose nuevos comportamientos exigibles a la autoridad frente al ciudadano. La Comisión Estatal en su nombre y en su función prefiere considerar la concepción progresiva que supera la usual que mencionan estadios de desarrollo como generaciones de los derechos.

El autor señala la naturaleza histórica del concepto derechos humanos y apunta que probablemente estos no han existido siempre. El derecho es producto cultural, su concepción y sus contenidos son precisados por una comunidad en una época y lugar determinados. El texto destaca el papel relevante que juegan los llamados «emprendedores de normas» que ponen en marcha «procesos de socialización o dinámicas de la lógica de lo apropiado».

La estructura de la obra avanza desde la ojeada a las teorías de relaciones internacionales que serán el eje y puntos de referencia sobre los que como un leit motiv regresará en casi todos los capítulos, en las que desarrolla la posición denominada “realista”, el poder por el poder, la “institucionalista” la realización del bien común como motivación del Estado, el “liberalismo” dejando actuar las relaciones Estado Sociedad y permitiendo que las preferencias de los grupos de poder se desarrollen, y el “constructivismo” como resultado de la tarea de los llamados emprendedores de normas que son agentes catalizadores para el cambio.

El concepto de derechos humanos es relativamente reciente en el panorama de la cultura jurídica y del derecho internacional. Si bien como apunta el autor desde siempre ha sido una preocupación por la existencia de un catálogo mínimo de derechos frente al Estado, aún en las posiciones más extremas de fortaleza del Estado, se ha transitado hacia la aceptación de que por el mero hecho de ser humano hay un conjunto de derechos y prerrogativas que no podrán ser desdeñadas por el aparato jurídico cimiento en la escena internacional de los derechos nos lleva hacia la caracterización de los diferentes regímenes presentes en el panorama internacional. Anaya caracteriza cuatro: el régimen en la ONU, los creados por disposición expresa al constituirse y estructurar y los que han surgido por los diferentes tratados que se han manifestado en diversos comités; el régimen europeo, el régimen africano, precisando las características de algunos de los regímenes internacionales. A partir de la convicción de que los llamados derechos humanos y los regímenes internacionales no son producto de generación espontánea el autor nos muestra las causas y las consecuencias de su surgimiento, la influencia que en ámbitos internacionales han tenido esos organismos y las diferentes posiciones de los estados frente a esta nueva realidad jurídica mundial.

Especial mención amerita el viraje que nuestro país ha tenido que dar en su posición internacional, de ostentarse como campeón de la no intervención a partir de la declaración del Secretario de R.E. Genaro Estrada, lo que se conoció como Doctrina Estrada hacia el mayor compromiso asumido a partir de la presión internacional y desde luego los emprendedores normativos.

El caso Radilla Pacheco y la resolución Campo Algodonero son dos hitos que marcan, como bien lo señala el autor en la incorporación de nuestro país al contexto actual. Convendría señalar también el papel preponderante que jugara Sergio García Ramírez en su carácter de miembro de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que aportó el concepto fugaz de la interpretación convencional que se quedó corta a partir de la modificación constitucional de 2011, que al incorporar los tratados internacional como parte integral de la Constitución, transformó su interpretación de convencional a constitucional.

Si bien el texto parte de una realidad supranacional, proporciona las claves para comprender a partir de ella, como los países han tenido que adoptar y adaptar su legislación y sus instituciones a la visión contemporánea de la dignidad del hombre. Su conocimiento es un importante punto de partida para analizar también la realidad nacional, en la que, lamentablemente el estado de derecho sigue siendo, como la democracia, una aspiración y no una realidad, pero será asequible en la medida en la que los ciudadanos exijamos el respeto irrestricto de nuestros derechos, lo que pasa también, por el cumplimiento cabal de nuestras obligaciones.

En conclusión el libro del Dr. Anaya Muñoz aunque pensado como libro de texto es una lectura indispensable para todo aquel interesado en los Derechos Fundamentales y el panorama actual de su desarrollo en el mundo.

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