Ricardo Vargas

Esta semana fue noticia la relación que guardan las energías limpias con la política energética nacional, un tema que ha sido un tanto controversial en los últimos años. Como es bien sabido, en nuestro país existe un solo proveedor de energía eléctrica para la población en general, luego de que hace un par de sexenios se extinguiera finalmente a la compañía paraestatal de Luz y Fuerza del Centro. La empresa paraestatal Comisión Federal de Electricidad mantiene el monopolio de suministro de energía a nivel nacional, como sucedía de manera similar en el mercado de las gasolinas hasta hace algunos años y como más años atrás sucedía en el sector de telefonía fija.

El debate ha girado siempre en una idea extraña de que los recursos nacionales se pierden al permitir la participación de empresas privadas dentro del mercado, lo cual resulta no sólo falso sino hasta cierto punto ilógico, pues se utilizarían insumos nacionales para proveer energía eléctrica a consumidores nacionales, sin importar el origen o identidad de la empresa. En primera instancia, un mercado abierto a la competencia generaría mejores condiciones para los consumidores en dos sentidos; precio y calidad. El hecho de abrir el mercado de la energía eléctrica a empresas privadas terminaría con el efecto monopólico que en teoría tendría dos posibles vicios; un mal servicio y/o un precio de venta excesivo.

Además de esto, enfrentamos al día de hoy otro problema importante en la política energética de nuestro país; la aversión a las energías limpias. Quizá por cuestiones ideológicas y por una cuestión política/electoral, pero nuestro actual gobierno nos ha querido vender la idea de que las energías limpias son malas y no funcionan, y que más allá de generar un ahorro representan mayores gastos para la industria. Durante el seminario “El Sistema Eléctrico y la Participación Privada” celebrado por la UNAM y donde participaron ex comisionados de la Comisión Reguladora de Energía, se dio a conocer que en 2019 la energía generada por los Productores Independientes (PIEs) tuvo un precio promedio 35% más bajo que la energía producida directamente por CFE en sus centrales de gas. Esto se debe a que son plantas generadoras de energía con mejor uso de recursos, menor antigüedad y que utilizan insumos renovables y limpios, refiriéndonos a la energía eólica y solar por ejemplo. Esto al final genera un impacto positivo en el consumidor final, ya que margina un mayor incremento en el precio de venta al consumidor.

Ojalá que rompamos la falsa idea de que las energías limpias y la participación privada representan una amenaza para la llamada soberanía energética de México. Finalmente, la producción de energía con recursos no renovables seguirá viéndose cada vez más comprometida, principalmente desde un tema de costos, dada su obsolesencia y dada la disminución de costos en energías limpias. Además de esto, hay que considerar las externalidades generadas por el uso de combustibles fósiles. La política energética tiene un impacto importantísimo tanto en las finanzas públicas como en la calidad de los servicios prestados a todos los mexicanos en este mercado. Ojalá rompamos pronto este falso paradigma de las energías limpias.

 

Para llevar…

Se llevó a cabo este miércoles la polémica rifa del avión presidencial, en la que no se entregaría el avión presidencial sino premios en efectivo que representaban un valor de mercado aproximado de la aeronave. Comenté en este mismo espacio la semana pasada que la rifa difícilmente sería un éxito o un acierto principalmente por dos razones; la falta de venta de boletos y la decisión que se tomó con muchos de los boletos no vendidos.

Previo a la rifa, se había vendido poco más del 70% del total de los boletos, incluyendo ya un alto porcentaje de boletos que fueron vendidos/obsequiados a burócratas del gobierno y a hospitales del sistema de salud pública. Los resultados de la rifa fueron, en números redondos, un 42% de premios para boletos que se vendieron dentro del sector privado, 24% fueron a boletos que no se vendieron (premios que no se erogaron), 15% de los premios fueron para boletos comprados directamente a la Lotería Nacional y cerca de un 20% a boletos que fueron obsequiados al INSABI y Sindicatos. En números rápidos, se tuvieron que pagar el 75% de los premios, que se traduce en 1,500 millones de pesos. Por la venta, se percibieron cerca de 1,800 millones de pesos si se descuentan los boletos obsequiados al sistema de salud. El margen entonces sería cercano a 300 millones de pesos, que luego de restarle la comisión por venta de boletos del sistema de la Lotería Nacional sería de 150 millones de pesos aproximadamente. Además de esto, el avión sigue sin poder ser vendido y sigue significando un saldo pendiente de 3 mil 800 millones de pesos del arrendamiento adquirido por la Sedena.

 

Soy economista del Tec de Monterrey, Campus Monterrey y tengo un par de años escribiendo artículos de opinión. Escríbame. rvargas@publimagen.mx    @1ricardovargas