Por J. Jesús López García

Por arquitectura vernácula se entiende aquella surgida de los modos particulares de construcción y disposición de espacios de acuerdo a un entorno geográfico y humano bien definidos, y por tanto particular también. La manera vernácula de construir casas en nuestro contexto geográfico por ejemplo, obedece a la albañilería con adobe, material que no requiere combustión para ser cocido y que siendo de tierra, necesita de secciones de muro considerables para no venirse abajo, y que de paso sirve para mantener una temperatura de confort en interiores cualesquiera estación del año.

Con la globalización a la que hemos accedido y que se ha venido agudizando, ese hacer de la arquitectura vernácula ha venido sustituyéndose por técnicas universales en concreto, acero y materiales de reciente factura, donde la particularidad parece ser gradualmente desvanecida del entorno constructivo. Pero esa caracterísica de lo vernáculo es engañosa pues las soluciones arquitectónicas se van contagiando, asentándose y asimilándose de manera pragmática en lugares donde las tradiciones locales no pareciesen admitir novedades.

Los silos cónicos en Los Conos, El Llano, Aguascalientes, cuya estructura obedece al modo que hace el grano vertido desde lo alto. Su forma es común y restos arqueológicos y textos antiguos refieren que se utilizaron en la Antigua Grecia, así como aquellos de la Antigua Roma. En la campiña mexicana los podemos encontrar en Zacatecas, denominados Los Conos de Santa Mónica, como parte de un paisaje físico y humano que hablaba de una comunidad rural dedicada a la producción agrícola. Esas formas tienen algún parecido a las construcciones de la tribu africana de los musgum, realizadas en lodo o a los “trulli” de la Apulia italiana, sólo que éstos son de uso habitacional. Los procesos constructivos aunque diferentes, son con base en una geometría común que luego se adapta al sitio.

La arquitectura vernácula, lejos de ser un fenómeno particular, realmente es eminentemente universal donde a diferencia de la contemporaneidad constructiva, las influencias son probadas y evaluadas para irse decantando a través del tiempo, consolidándose más lentamente de una manera más sólida y natural. Los silos de Los Conos son una muestra de arquitectura vernácula local traída desde Europa, cuya solución podemos enumerar otra más que ahora concebimos como parte de nuestro paisaje natural, construido, mental y simbólico. Ese es uno de los temas que trata Bernard Rudofsky (1905-1988) en su libro “Constructores prodigiosos”, donde la sabiduría ancestral sigue viva y se transmite como por vasos comunicantes entre culturas que podríamos concebir como separadas entre sí y a veces hasta disímbolas.

Galardonado en 2022 con el Premio Pritzker, el arquitecto Diébédo Francis Kéré (1965) nacido en Burkina Faso, Africa Occidental, es uno de los exponentes actuales de que la tradición constructiva heredada puede irse conjugando con la actualidad sin ningún problema, y de paso establecer líneas nuevas de desarrollo para una construcción más inventiva.

Al final el fenómeno constructivo en sí mismo, es constituido por un acervo de actividades, concepciones y nociones humanas que van cambiando y se van amoldando a cualquier circunstancia, en ese sentido, la arquitectura vernácula es un prodigio que lejos de estar anclado en el pasado, sólo manifiesta un fluir más reflexivo con el tiempo, que aunque todo lo erosionaba el margen para probar alternativas, establecer nuevas tendencias y volver a empezar si ello es lo pertinente. La arquitectura vernácula desde ese enfoque, no solamente es universal, sino que también, es irremediablemente actual, reflexiva, eso sí, ante la estridencia a la que el paso acelerado de nuestro tiempo nos tiene mal acostumbrados.