Sobre la carretera a Palo Alto, cabecera municipal del municipio de El Llano se encuentra la comunidad de Los Conos, cuyo nombre se origina por las estructuras cónicas de adobe que maravillan por su tamaño a los visitantes.
Hoy sólo quedan vestigios y ruinas en medio del clima seco, de los conos y graneros como patrimonio histórico que acusa el olvido de su preservación, en lo que fue una región próspera de grandes haciendas en la zona oriente del estado en el siglo XIX, bajo el vínculo del Mayorazgo de los Rincón Gallardo.
Sin trabajo de preservación, uno de los tres conos en los que se almacenaban granos está derrumbado, a un costado del edificio que servía como administración de estos depósitos. Los dos conos restantes siguen de pie, en posesión de particulares, que los usan para almacenar pacas para el ganado, apenas un esbozo, de lo que fueron almacenes repletos de granos.
El camino de la carretera lleva directamente a la Hacienda de Palo Alto, hoy ocupada y bien conservada en su casa grande por albergar a la presidencia municipal; su granero abovedado en su momento fue ocupado como bodega de maquinas de escribir y todo aquello que dejaba de ser útil para el ayuntamiento; hoy luce digno con un museo de sitio y una cafetería para los visitantes. Alrededor de la presidencia quedan muros de antiguos edificios del casco de la Hacienda que esperan lacónicamente su rescate o su derrumbe con el imperdonable paso del tiempo.
El suelo agreste y seco de la región afectada por la sequía por la carretera hacia la comunidad de Pilotos en el municipio de Asientos, es la premonición de los restos en pie de la antigua Hacienda de Pilotos, que nos recibe con una capilla, y el salón ejidal, aun en uso, y al costado un pasillo que conduce a grandes salones rectangulares, cuya altura advierte de la capacidad del almacenamiento de granos. Sus muros de adobe aún imponentes han soportado el serio daño ocasionado por el vandalismo, mientras un muro aún lleva letras inscritas de sus tiempos de gloria.
El ardiente sol y los 39 grados centígrados bajo sus rayos, no impiden maravillarse de la arquitectura en decadencia, aunque su abandono es una invitación a continuar el viaje. Enfilándose hacia Aguascalientes las abundantes nopaleras en medio de la nada se mantienen erguidas, como guardianes silenciosos de los restos de la Antigua Hacienda de Mirandillas.
El paseo entre los muros aún de pie de la Hacienda de Mirandillas es una invitación a la exploración evocando a quienes pasaron su vida bajo sus techos paredes encaladas y decoradas, restauradas, al menos en la imaginación de quien recorre sus ruinas.