Sergio Alonso Méndez

La Noticia:

El 78% de los ciudadanos vota a favor de eliminar la última gran herencia de la dictadura y redactar una nueva ley fundamental. La participación alcanza el 50%, pese a las restricciones de la pandemia… (elpais.com).

Comentario:

La Constitución que actualmente prevalece en Chile fue redactada en 1981 cuando el general Augusto Pinochet estaba en el poder. Si bien fue modificada múltiples veces ya en los gobiernos democráticos, aún quedaban muchos vestigios de la filosofía adoptada en la dictadura, esto es, libre mercado y control de empresas privadas sobre salud, educación, vivienda y pensiones.

Curiosamente Chile tiene las mejores estadísticas económicas de Latinoamérica, por ejemplo, el PIB per cápita más alto. Y, sin embargo, la gente salió a las calles a protestar. ¿Por qué? Las afores mexicanas se basaron, sino es que copiaron, el esquema chileno. ¿Ahora resulta que nos equivocamos? ¿Qué salió mal?

Chile estaba siendo un modelo ejemplar de nación hasta que en octubre del 2019 subieron el precio del metro en Santiago, la capital. La gente protestó de tal manera que se destapó la caja de Pandora. ¿Cómo en una economía que se aproximaba a las del primer mundo podía la gente oponerse al aumento del pasaje del metro? Y eso fue sólo el inicio. Las protestas continuaron respecto a otros elementos de la economía. Los analistas descubrieron que el problema no eran las estadísticas, sino la desigualdad.

No es tanto que el sistema de libre mercado o el neoliberal sea malo de por sí. El problema es que en un sistema así, sin atención por parte del gobierno, los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres. Los textos de economía de libre mercado lo dicen. No es una sorpresa. Pero el gobierno está para lograr un balance adecuado. Si el gobierno no hace su tarea, la gente tenderá a culpar al sistema y reclamará por un esquema más socialista.

Tomemos como ejemplo las afores. En una economía de mercado que funcione bien, las afores pelearán por los clientes ofreciendo mejores rendimientos y cobrando comisiones más bajas. Eso está bien. Pero si las afores se ponen de acuerdo, pueden elevar comisiones a costa de los clientes. Eso lo debe detectar el gobierno evitando los oligopolios. Pero ¿qué pasa si las afores otorgan cohecho a quienes se encargan de vigilar? ¡La culpa no es del libre mercado, es de las confabulaciones y la corrupción!

Los chilenos (por no decir América Latina) desean un cambio y ponen sus esperanzas en una nueva Constitución. Y además rechazan que la nueva Constitución sea redactada por miembros del congreso. Quieren a ciudadanos civiles escribiéndola. ¡Bien por ellos! Cabe mencionar que la juventud votó en masa. Ellos ni siquiera habían nacido cuando Pinochet fue dictador, pero saben que sin cambio no hay mejoría.

Chile tiene un largo trecho por recorrer, pero ya inició senda. ¿Será nuevamente ejemplo para Latinoamérica?

Sergio Alonso Méndez posee un doctorado en Negocios Internacionales por parte de la Universidad de Texas

salonsomendez@gmail.com