Jesús Eduardo Martín Jáuregui

(El mininistro Lelo.- Desde que yo recuerdo, que ya son muchos años, cuando era presidente de la Corte Don Alfonso Guzmán Neyra, no ha habido uno más protagónico, fantoche, verborreico, insuflado y engreído que el actual. No hay día en que no aparezca en los medios, no hay día en que no pontifique y de pilón invada claramente las áreas de otros poderes. Ahora ha entregado vía la florero Sánchez Cordero una iniciativa de ley al Senado. Mucho río revuelto en este México.)

Se atribuye al genial cómico (así le ponen todos) Mario Moreno “Cantinflas”, por cierto nombrado por la nación norteamericana como “Mr. Amigou”, la frase que dice: México y Estados Unidos son buenos vecinos; nosotros somos los buenos y ellos los vecinos. A Don Porfirio Díaz se le atribuye la muy famosa, muy conceptuosa y muy piadosa expresión: Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos. A Pancho Villa se le atribuyen una serie de adjetivos descalificativos que culminaron con la invasión que ordenó contra Columbus (la primera y única invasión que ha sufrido EE.UU.), mientras él, según las crónicas, permanecía en territorio mexicano esperaba el resultado de la incursión. Villa tenía sobradas razones para guardar inquina contra los gringos, su apoyo a Carranza fue definitivo para el triunfo de la facción llamada Constitucionalista. De haber triunfado Villa otro gallo nos cantara, pero, agua pasada no mueve molino.

La relación con EE.UU. nunca ha sido tersa, aunque siempre ha sido una especie de convivencia bipolar. El preclaro pensador uruguayo José Enrique lo compendió en una frase: “Los admiro, pero no los quiero”. Aún cuando la relación de vecindad nos costó la mitad del territorio, la guerra de secesión de los yankis contra los confederados, nos libró de perder otra buena porción que Benito Juárez García había comprometido en el mucho tiempo negado, Tratado Mac Lane-Ocampo. Y a pesar de los naturales resabios, nuestros políticos juristas voltearon hacia el Norte, seguramente influidos por la masonería, para hacer una imitación extralógica y proclamar a México como una república federal, nada más contrario al desarrollo que había tenido nuestra patria. Muchas de nuestras instituciones fueron copiadas y han caminado contracorriente con la tradición romanista que nos había llegado de Europa. Las relativamente más recientes, los sistemas de juicios orales siguen batallando para consolidarse en una idiosincracia contraria al espíritu de ese sistema.

EE.UU. se ha erigido como policía del mundo, garante de la democracia, del libre comercio, en una palabra, de las libertades (whatever that means). Como pescador ganancioso del río revuelto de las llamadas guerras mundiales, capitalizó en su favor la oportunidad y a través de una fuerte influencia, que empieza con la dependencia económica, sobre los organismos de control internacional, ha tratado de mantener una hegemonía mundial en que por un lado pregona las ventajas de liberalismo y por otra, oprime y explota a los países de su esfera para mantener su “bonanza”.

José Fuentes Mares en un lúcido ensayo sobre la relación México-EE.UU., señala que en tanto los güeros han mantenido una continuidad, a pesar de las alternancias entre dos partidos que en lo esencial no difieren, en la que creen en su “Destino manifiesto” y su “vocación” de guía y vigilante de la humanidad, muy probablemente como resultado de la visión religiosa de sus padres fundadores, México se ha inventado cada seis años, a resultas de la voluntad del presidente en turno que, en pocos países se presenta tan fuerte como en el nuestro, se manifiesta en la que Paulino Garigorri llamó “La tentación del Adanismo”: sentirse el primer hombre sobre la faz de la tierra, inaugurar el mundo y empezar a inventar desde el hilo negro y el agua hervida.

La presión de EE.UU. fue un factor determinante para la apertura democrática del PRI-gobierno, los apoyos económicos de la Alianza para el Progreso quedaron condicionados a la creación de mecanismos democráticos. Ello dio lugar a la creación de los diputados de partido, inyectó oxígeno a la oposición que había sido de membrete y el proceso culminó con la alternancia, por cierto supervisada por el ex presidente Jimmy Carter, que anunció el triunfo de la oposición con Vicente Fox al frente, antes de que las autoridades electorales mexicanas lo confirmaran.

En ese contexto y con esa herencia poco puede hacer el presidente mexicano, llámese como se llame. Cuando la vida económica del país depende importantemente del comercio con EE.UU. del que somos el principal socio comercial, al que vendemos muchos de los bienes que ellos producen en nuestro territorio y del que recibimos por concepto de remesas del trabajo de nuestros braceros una derrama importantísima que ha servido para mantener a flote nuestra economía frenada por una desconfianza en el gobierno de AMLO, malas decisiones políticas y económicas, una pandemia mal manejada y un gobierno autocrático en que no hay cabida para el debate o la negociación.

Por el bien de todos, convendría al presidente mexicano olvidarse de sentirse esa mezcla de Santa Anna y Benito Juárez: “seductor de la patria y benemérito”. Como diría el inolvidable Profr. J. Refugio Esparza Reyes: Biden es un pescado de mucha agua, un coyote muy lampareado, un tigre de muchas rayas. AMLO pasó de un respeto jovial hacia Trump (pronúnciese Trun) hacia una insolencia altanera (lo de la estatua de la libertad fue un desatino mayúsculo). Ojalá se imponga la cordura de nuestra parte, de allá no la habrá, y se rescate la posibilidad de seguir a flote dependiendo de los vecinos mientras se consolida el proyecto energético de AMLO (que lo dudo como dijo Cantinflas), o de plano se abandona y se asume que el futuro circula por otra ruta.

(Y ahora Peña Nieto.- No tengo la menor duda que rascándole, y no mucho, aparecerán movimientos financieros turbios en la función pública de la mayoría de los políticos, particularmente los ex-presidentes, en el caso de Peña Nieto lo que me sorprende es que el dar a conocer la investigación de que es objeto se haya tardado casi cuatro años. La pregunta naturalmente es ¿Por qué hasta ahora? Y la repuesta seguramente es porque ahora le conviene al presidente, arrancado el proceso electoral del Estado de México y con la elección presidencial a la vista.)

 

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