Jesús Eduardo Martín Jáuregui

El título es de una frase del gran ensayista suramericano José Enrique Rodó, el autor de “Ariel”, y se refiere, por supuesto a los Estados Unidos de América, que desde su constitución como Federación, han sido ejemplo de manejo democrático de sus instituciones, con la excepción, gravísima desde luego, de dos ajustes sangrientos: los asesinatos de Abraham Lincoln y de John F. Kennedy. Sin embargo, a pesar de la magnitud de los atentados el sistema americano absorbió y remontó lo que pudo ser origen de graves disturbios mediante los ajustes previstos en sus ordenamientos.

Los estadounidenses confían en términos generales en sus instituciones y en su operancia y tienen conciencia más o menos clara del poder del sufragio y lo han hecho valer. Rara vez han dado a un Presidente carta blanca otorgándole a su partido la presidencia y el control de las cámaras: la de representantes y la de senadores. Como surgió y así ha continuado, como un pacto de estados libres y soberanos: una federación de a deveras, los estados conservan potestades y facultades relevantes que les permiten actuar con relativa autonomía, de la que además son celosos guardianes. Las cámaras efectivamente actúan como un contrapeso en buena medida por la posibilidad de reelección, lo que hace que algunos congresistas tengan una permanencia y una influencia importantes, por otra parte los congresistas saben que en el momento que voten en contra de la opinión de sus representados, con los que normalmente hay una comunicación fluida, su permanencia en las cámaras terminará.

Entre paréntesis merece la pena recordar el desplegado de los legisladores federales de Aguascalientes cuando se aprobó el incremento del IVA del 10 al 15%, desplegado que es un claro ejemplo de la sumisión con la que entonces actuaban y que ahora décadas después se ha vuelto a repetir. El desplegado decía, palabras más, palabras menos, que aún cuando sabían que era una medida impopular, que la población no la apoyaba, ellos (los legisladores) consideraban que era lo más favorable para el país y por eso lo habían aprobado. ¡Tamaña desvergüenza! ¿qué no fueron electos para representar a sus electores? ¿para llevar la voluntad de sus representados? Así se las gastaban y así se las gastan.

Si en México una de las instituciones mas desprestigiadas es el Poder Judicial de la Federación, en Estados Unidos en cambio la Suprema Corte de Justicia tiene un prestigio bien ganado y sus jueces representan con dignidad corrientes jurídicas y sociales diversas pero todas, con un alto nivel, con una gran dignidad y con conocimientos y sabiduría. La reciente muerte de la juez Ruth Bader Ginsburg, icono de la defensa de los derechos de la mujer, provocó grandes muestras de duelo y de reconocimiento a su trabajo. Algo impensable en nuestro país, en que los Ministros no gozan de particular respeto por mas de que algunos sean muy respetables. Pero ¿Cómo se puede respetar a una institución en que todos los ministros en pleno fueron a felicitar al presidente López Portillo por la estatización de la banca? ¿Con qué cara podrían resolver los amparos que la medida suscitó?. ¿Cómo puede tener prestigio una institución que aguantó sin chistar la decisión presidencial de desaparecerla para dar de hecho un golpe de estado, sin que ninguno de los ministros protestara? Uno sólo, Anastacio González, quien fuera mi maestro, en una entrevista posterior criticó la medida del presidente Zedillo. ¿Cómo puede gozar de la confianza de la gente de razón (los no obnubilados por AMLO M.R.) una institución que aprobó previas maromas de redacción la consulta más absurda, imbécil e inconstitucional, para dar gusto al presidente?.

En EE.UU. Una resolución de la Corte tiene el peso suficiente para resolver un conflicto nacional. Dictada la sentencia el asunto terminó. Nadie cuestiona el resultado.

La voluntad popular pesa porque es una tradición alimentada con los valores de la democracia y del individualismo, La confianza en general en el cumplimiento de las leyes hacen que sus procedimientos sean muy simples y que prevalezca el principio de buena fe. No quiero decir que todo sea miel sobre hojuelas y que no ocurran engaños o trampas, sino que en principio la confiablidad de los procesos y en particular de los electorales no han hecho necesario como en nuestro país una serie de medidas complejas y caras para garantizar la emisión y el respeto al voto y aún así se suele cuestionar la actuación del árbitro electoral. Pensar que la última elección general en nuestro México significó una erogación de 28,000 millones de pesos, entre sueldos de los funcionarios electorales, prerrogativas de los partidos, gastos de publicidad, capacitación de funcionarios, material electoral, etc., y pensar que los vecinos no dedican un presupuesto especial para eso ni tienen un organismo permanente que funja como árbitro electoral, ni tienen un tribunal electoral que resuelva los entuertos de las autoridades electorales, nos muestra claramente las diferencias entre ambos sistemas, diferencias que provienen de una ideología y de una idiosincracia.

La tranza, la chapuza, el mapachismo, o como se le quiera designar es una subcultura en nuestro país. La creación de leyes y de organismos es la lucha contra las trampas de los partidos y más aún contra las trampas del partido en el poder que es el gobierno. Por una parte la cara de respeto al estado de derecho, por otra, las muelles para brincarse las leyes.

Quizás todo esto bulle en la cabeza del presidente AMLO M.R. para negarse a extender una felicitación que es simplemente una cortesía diplomática que, sólo él puede considerar como una injerencia en la vida política del país vecino y no considerar injerencia enviar un avión de la fuerza área para rescatar a un presidente acusado por muchos como un sátrapa.

Atribuyen a Juárez la frase: “para los amigos justicia y gracia, para los enemigos justicia a secas”. AMLO M.R. la ha hecho suya con la dimensión real que le dio el tocayo de Mussolini: “Para los amigos, gracia, para los enemigos la desgracia”.

Dice un viejo refrán, que como se sabe, los refranes son evangelios pequeños que cuando veas las barbas de tu vecino rapar, eches las tuyas a remojar. El que tenga oídos para oír…

bullidero@outlook.com           facebook  jemartinj                    twitter  @jemartinj