Los Adioses, forma parte de los poemas que Rosario Castellanos dejó a la literatura mexicana: “Quisimos aprender la despedida y rompimos la alianza que juntaba al amigo con la amiga”, y aunque la autora se refiere al adiós romántico, hay adioses, por supuesto, para todo tipo de situaciones. Hay adioses que se dicen con la esperanza de que sean mentira —y suelen ser tan ciertos— como el adiós inocentado que me tocó por destino el pasado 28 de diciembre, que si no hubiese trabajado en la Fiscalía General de la República, pasaría por chanchullo.

En vísperas de Navidad, recibí dos regalos anticipados: el primero de ellos era el malo, pues se suspendían mis vacaciones por necesidades propias del servicio, trago que de por sí se pasa amargo cuando de cansancio físico se trata; el segundo regalo era el peor, ya que fui elegida de entre una lista anónima para acudir a una comisión de lo más rara y atípica, de carácter confidencial y urgente; tal cuento de Navidad, me hizo recordar a la CIA y sus misiones ultra secretas, y que yo era esa “agente especial” que ayudaría a completar la relevante misión. De sobra está decir que no me tocó regalo santo. Pues para variar, por instrucciones superiores, debía tomar las previsiones necesarias para acudir a la diligencia, es decir, llevar cualquier kit detectivesco y desde luego mi identificación doble cero, para trasladarme, por si fuera poco, sin fecha estimada de regreso, justo el día de mi cumpleaños, celebrándolo así con mis compañeras de viaje: la Incertidumbre, la Zozobra y la Intriga, generadas de la instrucción superior. Hasta entonces, nada de lo anterior resultaría novedoso, pues el compromiso de una verdadera agente secreta, comprometida con los valores y principios institucionales, hasta en el último de los momentos es ser diligente y profesional—pensaba—; …inocente palomita.

El resto de la historia ya la conocen, en México el realismo mágico sucede todos los días y no es propio de coloquio decembrino.

El despido súbito, masivo, sin patetismo y con humor corrosivo, que ejecutó la FGR el día de los santos inocentes, no es más que otra radiografía que muestra una de las tantas crisis institucionales que persisten en el país, el abuso del poder. Pero no pretendo contar un cuento amargo de Navidad, porque el solemne acto al que fui “comisionada”, no trató de los adioses de los malos elementos de la FGR como andan diciendo por ahí, ¡NO!; pues a la que fuera mi última comisión con el único objetivo de ser notificada de mi separación laboral inmediata con la Fiscalía, coincidí para mi sorpresa, con varios colegas forenses, médicos con alto valor humano y académico, ex profesores, capacitadores incansables, colegas que entregamos nuestra vida y salud al servicio de la Fiscalía, profesionistas que hemos desempeñado funciones álgidas, llevado investigaciones con sigilo y avantes, profesionistas con amplia solvencia moral y trayectoria incuestionable, es decir, servidores públicos que fuimos “¿cuidadosamente seleccionados?” por nuestro verdadero compromiso con la nación y la justicia, y que bajo el arquetipo simulado y unilateral de una “reestructuración ante el recorte presupuestal”, fuimos violentamente despojados de nuestro entorno de certeza laboral aceptando “voluntariamente” una compensación económica que por derecho nos corresponde, placebo (¿o, cebo?), que no retribuye de ningún modo nuestro profesionalismo y dedicación a la Procuración de Justicia en beneficio de la ciudadanía, porque los Peritos Profesionales que fuimos despedidos, somos sujetos procesales con alto espíritu de responsabilidad social, con conocimientos científicos sólidos, conscientes de nuestra imprescindible y trascendental función dentro del Sistema de Justicia Mexicano, y que este hito intempestivo y sin precedentes, lo coloca en estado de vulnerabilidad.

Sabiendo que la vida es una larga escuela de despedida, el 31 de diciembre de 2021 ”Año de la Independencia”, amigos y grandes colegas médicos forenses entre la espada y la pared, elegimos la espada y morir. ¡Satisfechos del deber cumplido! Dijimos adiós de la forma más suprema que existe, adiós para siempre a la Fiscalía General de la República, sin marcha atrás.

Sin otro particular, la vida sigue… sigamos.

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