Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

 El Teatro de Aguascalientes. ¿Lo conoce? ¿Ha asistido a algún espectáculo, tal vez a alguna graduación, un evento político? Le pregunto porque años después de su apertura (entre agosto y octubre de 1991) me ha tocado ver personas que entran y lo observan con esa mirada maravillosa de la primera vez.

Un teatro, señora, señor: es un elemento fundamental de la infraestructura de una ciudad, tan importante como las escuelas, los mercados, las avenidas, los templos, los museos, los hospitales, y responde a la dimensión espiritual de sus habitantes.

Estos espacios, que tienen su antecedente más lejano en la Grecia clásica, fueron creados para elevar la importancia de las urbes donde son construidos, así como la calidad de vida de las personas que asisten a ellos, y enriquecer su convivencia, pero más aún que otros elementos, los teatros son elementos de civilización, destinados a incrementar la autoestima de quienes los construyeron, como el edificio cuya fachada recuerda el Partenón ateniense, o el museo, o la escuela, elementos que en conjunto enorgullecen a sus creadores.

Aguascalientes tiene varios, de diversos tamaños. El más antiguo es el Morelos, que data de la novena década del siglo XIX, el Leal y Romero, de mediados de los años sesenta del siglo anterior, etc.

El Morelos es un espacio bello, majestuoso, pero es un teatro para la ciudad del siglo XIX, una urbe infinitamente más pequeña. Por su parte el Teatro de Aguascalientes, que en fecha próxima cumplirá 30 años de haberse inaugurado, se significa por ser un espacio más acorde con el desarrollo que Aguascalientes ha experimentado en los últimos años, dado que se trata de un teatro edificado con todos elementos propios de la maquinaria teatral de la época, tramoya, salones de ensayo, camerinos, luz, sonido, bodega con acceso a la calle, bodega para instrumentos, foso, baños, patio de butacas, balcón, palcos, vestíbulo, lugar para venta de productos en los intermedios, estacionamiento, taquilla, oficinas, etc., y fue construido por la empresa del señor Felipe González González, a partir de un proyecto del arquitecto Abraham Zabludovsky.

El proyecto original, según me recordaron los doctores Martín Andrade Muñoz y Jesús Gómez Serrano, data del sexenio del gobernador Rodolfo Landeros Gallegos (1980-86). No es difícil imaginar a quienes eran autoridad en ese momento, parados a la mitad de la pista del antiguo aeropuerto, que abarcaba prácticamente desde donde hoy es la avenida Aguascalientes, hasta Ciudad Industrial, en tanto que los límites poniente y oriente estarían dados por la vía del ferrocarril y la carretera a México, más o menos. Digo que bien podemos imaginar al gobernador, al secretario de Obras Públicas y al de planeación, pensando qué hacer con ese enorme terreno, una vez que se inauguró el actual puerto aéreo de Peñuelas. De seguro entonces surgieron las ideas del parque y el teatro. Se realizó el primero, pero no el segundo, dado que ya no hubo tiempo, y, supongo, recursos. El Museo Descubre -espléndida arquitectura- es posterior, del sexenio del gobernador Otto Granados Roldán.

Como digo, las fechas claves del arranque de actividad de la sala van del 16 de agosto al 3 de octubre de 1991. La primera corresponde al estreno del inmueble y la segunda a la inauguración. Por esta razón, permítame ofrecerle a lo largo de las próximas semanas varias entregas de esta columna dedicadas al tema, con recuerdos y datos que quizá sean de su interés, dado que 30 años después nuestro máximo escenario ha mantenido su vigencia y continúa siendo un espacio abierto al tiempo y a la cultura, tal y como se señaló en un folleto publicado aquel año, con información sobre el inmueble, y al que me referiré en otra ocasión.

El 14 de agosto se publicó un anuncio que informaba que los días 16 y 17 de agosto se presentaría la “Antología de la zarzuela”, un espectáculo creado y dirigido por el granadino José Tamayo Rivas, “uno de los nombres fundamentales del teatro español de la segunda mitad del siglo XX”, según el periódico madrileño El país; un personaje más cercano al teatro que a la zarzuela, gracias a su compañía Lope de Vega. Por cierto, que ese año de 1991 había obtenido la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, una presea que otorga el Ministerio de Cultura y Deporte de España. Así que no era ningún improvisado; alguien que se encontraron a la vuelta de la esquina y se lo trajeron al teatro.

Con estos datos a cuestas me permito concluir que el primer espectáculo tuvo una dignidad análoga al espacio que estrenaba. El precio de las entradas era según la zona del teatro que se ocupara: $100,000.00 luneta numerada (llegue a la hora que quiera), $70,000.00 luneta general (entre más se tarde, más atrás le toca) y $30,000.00 en primer piso, forma eufemística de referirse al balcón… ¿Le parece caro? Probablemente pero, fíjese en una cosa: poco más de un año después el presidente Carlos Salinas de Gortari tomó la decisión prestidigitadora de quitarle 000 al peso. Entonces ya no resultaría tan caro pagar $100.00 $70.00 y $30.00. Quizá la equiparación le parezca falta de precisión, por la distancia entre ambas fechas, y en todo caso si se aplica el ajuste respectivo se verá que no hay demasiada diferencia. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).