Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

El balcón del Teatro de Aguascalientes me produce vértigo, por la altura… Incluso todavía hoy en día me provoca cierta tensión sentarme en algún lugar de la primera fila… No esto en sí, sino caminar hasta la butaca, porque señora, señor: ¡el barandal está tan bajo!, que fácilmente se va uno de boca y para no contarla… (y peor aún en la gayola del Morelos).

De hecho el pasado 30 de septiembre fui al teatro, a arreglar un asuntillo que tenía pendiente con la orquesta, y mientras se llegaba la hora, me senté en esa primera fila para tomar un trío de fotografías y escuchar el final del ensayo, y mientras me dirigí hacia la butaca central, mi caminata tuvo un titubeo que me asustó como luego se asustan los inocentes, los locos y los perritos.

Tengo la impresión de que el hecho de que haya sido la Orquesta de Cámara de Aguascalientes bajo la batuta de su director titular, el extinto maestro Filiberto Ramos, dio la pauta del destino que ha tenido el teatro a lo largo de estos 30 años, esto porque en rigor se trata de un espacio más propicio para la música que para el teatro, aunque con dos excepciones. En primer lugar, cuando se trata de la presentación de obras del llamado teatro comercial, que hacen gala de un gran despliegue tecnológico que permite el uso de micrófonos para que el de la última fila, a mero arriba, escuche lo que se dice en escena. Es el mismo teatro que protagonizan estrellas de la farándula; de las telenovelas, etc. La otra posibilidad de utilizar el teatro como teatro ocurre cuando las obras se presentan en el escenario, y cuando digo esto, quiero decir que todo el mundo se ubica en ese lugar, es decir, el público, los actores, la escenografía, etc., y el telón permanece bajado. Que yo sepa, la última ocasión en que ocurrió esto último fue el pasado 16 de agosto, en la celebración del 30 aniversario de la apertura del espacio escénico, en que se presentó la obra Passwordtothe universe, una propuesta que contó con una pareja de actores y que vimos unas 30 personas por función. Por cierto que éste, el planteamiento de una especie de teatro de cámara; el teatro entendido como un hecho cercano al público, íntimo, fue una constante en la Muestra Nacional de Teatro realizada en esta ciudad en 2017.

El hecho básico es que el Teatro de Aguascalientes no es un teatro para el teatro, y este es todo un tema, al que me referiré en otro momento.

Como digo, el concierto inaugural estuvo a cargo de la Orquesta de Cámara de Aguascalientes, germen de la actual Orquesta Sinfónica, que dirigía el maestro Ramos. Las obras interpretadas fueron las siguientes: la obertura de la ópera La flauta mágica, de Wolfgang Amadeus Mozart y Bolero, de Maurice Ravel, y como plato fuerte, el concierto para piano y orquesta de Edvard Grieg, que tuvo como solista a la pianista Guadalupe Parrondo. Esto lo sé gracias al programa de mano del concierto que la maestra Esperanza Pérez me obsequió, por intermediación de su hija, Cristina Ramos Pérez. Por cierto que Salinas no se quedó todo el concierto; se fue en el intermedio, aupado por los aplausos del respetable. Lástima; se perdió de la sensualidad del Bolero.

Por otra parte, la maestra Pérez me obsequió también una copia en video de la transmisión del entonces Canal 6, la ceremonia de inauguración, el 3 de octubre de 1991, y el concierto (que puede usted disfrutar en la página de Facebook del ICA). Gracias a ella pude constatar que acompañaron al ingeniero Barberena en la ceremonia los ex gobernadores Enrique Olivares Santana, que al año siguiente sería nombrado embajador de México ante la Sede Apostólica, Francisco Guel Jiménez, J. Refugio Esparza Reyes y Rodolfo Landeros Gallegos.

En ese tiempo vivía yo un proceso de involucramiento con el Instituto Cultural de Aguascalientes, que de una u otra forma dura hasta la fecha… El año anterior había sido designado director de la institución Jesús Gómez Serrano, a quien conozco desde que me acuerdo, y al que me unen, aparte de la amistad, algunos intereses académicos. En 1983 me había invitado a escribir en El Unicornio, el suplemento que dirigía junto con otros compas en El Sol del Centro, y en el que participé hasta su disolución, en marzo de 1990. Antes de 1983 coincidimos, él en el Archivo Histórico del Estado, en formación, y yo en la Secretaría General de Gobierno, así que a partir de entonces estuvimos en contacto. En otro orden de ideas, debo decir que en octubre de 1989 escribí en aquel diario una columna que titulé Efemérides Convencionista, aprovechando mi relación unicorniana con el diario. La colección, inspirada en la publicación de Daniel Cazés sobre el movimiento estudiantil de 1968, fue una especie de día a día en la Convención de Aguascalientes. De aquí que en 1990, cuando en el ICA se produjo un libro que dio cuenta de todo lo realizado para conmemorar el 75 aniversario de la magna reunión, Jesús me pidió una cronología del acontecimiento. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).