Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

Hoy hace 30 años el Teatro de Aguascalientes abrió sus puertas por primera ocasión…

Casi puedo imaginarme la escena; casi… Durante meses previos, quizá más de un año, los aguascalentenses fuimos contemplando el crecimiento de la obra, sus proporciones, su altura, sus formas… Estoy seguro que, porque así somos, no faltaron quienes pasaban, observaban la maquinaria, el montón de gente afanándose en sacar de la tierra la mole del teatro; moldearla para darle la forma y sustento y altura, y moverían la cabeza en señal de condena, por lo que considerarían un dispendio gubernamental. Digo que así somos: invariablemente nos resistimos a lo nuevo, frecuentemente sin tener la información que nos dé alguna autoridad moral y que sustente nuestra oposición. Hace unas semanas tuvimos una prueba de ello, con motivo de la restauración del Puente de San Ignacio.

También puedo imaginarme, casi, a las personas entrando por primera vez a este lugar, mirándolo todo, observándolo todo con ojos críticos, asombrados, comentando entre sí todo lo que veían, y aspirando el aire, preñado de aromas industriales de lo nuevo, pintura, telas y las damas y los caballeros vestidos como para un baile de blanco y negro…

Asistió con la representación presidencial el presidente del Consejo Nacional para la  Cultura y las Artes, el licenciado Víctor Flores Olea. Antes del inicio de la función, las autoridades recorrieron “rápidamente” las instalaciones. Acompañaron a Flores Olea el gobernador Miguel Ángel Barberena Vega, su esposa, la señora Miriam Cruz, la alcaldesa María Alicia de la Rosa López, el arquitecto Abraham Zabludovsky, en cuyo despacho se generó el proyecto arquitectónico, y el director del Instituto Cultural de Aguascalientes, el licenciado Jesús Gómez Serrano.

El telón sería levantado en un silencio como de noche lunar, que permitiría escuchar el ruido de las cuerdas jalando la tela, para que el público oteara en el escenario. Quizá habría algunos discursos, a los que seguiría la oscuridad que precede a la magia escénica, y luego la luz, la música y la danza…

El Sol del Centro publicó una crónica de ese primer espectáculo, firmada por Idalia Bravo Alemany, ante la que vale la pena detenerse (En el gusto del público. Antología de la Zarzuela, 18 de agosto de 1991), porque constituye un buen ejemplo del periodismo cultural que se hacía en aquella época.

De entrada señaló que el espectáculo fue bueno, “aunque hubo partes que resultaron tediosas”. Señaló que la zarzuela es un espectáculo antiguo, “casi puede decirse que pasado de moda”, aunque en manos de la compañía de José Tamayo fue sometida a una renovación, que además se vio enriquecida por el vestuario. Pero de todos modos se trataba de un género “intrascendente, a veces tediosa (y) carece de la calidad de la ópera, que reúne canto, música y actuación, y todo esto de calidad indiscutible”, independientemente de lo cual, el teatro estuvo casi lleno, con presencia de personas muy conocidas, y entre ellas algunos sacerdotes de cabeza completamente blanca.

Los españoles se comportaron a la inversa de los rusos, tan gentiles y sencillos, el director en un momento especial se mostró molesto y amenazó con parar el espectáculo si seguían los fotógrafos de prensa y televisión tomando fotos”.

Bravo Alemany destacó que, puesto que la zarzuela es un género anacrónico, muy probablemente habría una gran presencia de personas mayores, que sin embargo no se dio, debido a “su menguada salud”, por lo que “resultaba difícil y hasta peligroso realizar el viaje, aún en su propio vehículo, al Teatro de Aguascalientes.

Se pudo comprobar que aún y cuando había gente joven, también se encontraban numerosos asistentes que seguramente ya pasaban de los 69 años.

Entre las personas entrevistadas hubo algunas que aseguraron muy abiertamente que el género de la zarzuela no les gusta y otras llegaron a decir que “nos falta cultura, no estamos preparados para eso”…

El teatro es moderno, funcional, tiene sala de descanso para quienes ocupan el palco oficial, cafetería, camerinos modernos, baños limpios y relucientes.

El estacionamiento estaba lleno de automóviles grandes y chicos, combis y pick ups. Lo que es necesario hacer notar que al público de Aguascalientes le falta ser responsable, eran las 21.30 horas y todavía estaba llegando la gente, algunos reconocieron que asistieron sólo porque los vieran quienes conocen.

Ya para concluir, Idalia se refirió a las siguientes funciones que se darían en el teatro, preguntándose cómo sería la reacción del público, “debido a que gente que tiene su vehículo propio no gusta de manejar de noche y otras viajan en camión, porque adquirir los boletos ya les significa un gran sacrificio económico.

Es necesario recomendar a las autoridades del Instituto Cultural de Aguascalientes que recomienden a los porteros y empleados menores sean más cuidadosos al tratar a los redactores y fotógrafos de diarios y televisión, quienes acuden a cubrir una información sin boleto y no llevan consigo una tarjeta de la policía que asegure quién es y que no tiene antecedentes penales.

Los diarios y la televisión locales realizan a favor de los espectáculos mucha propaganda gratuita, entre éstas se encuentran entrevistas y gacetillas que les ayudan para obtener el éxito económico de las presentaciones.

Algunas veces la estancia en el teatro de los diaristas es muy breve, que no amerita ni llevar boletos o identificaciones, porque ya todos nos conocen”.

De la pertinencia de los fragmentos elegidos para esta antología, la música interpretada, del canto, nada. ¿La música fue en vivo, o grabada? ¿Cuántos cantantes participaron? ¡Vaya usted a saber! (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).