Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

Antes de que este año pierda su vigencia e ingrese en la amplísima bodega del tiempo perdido; antes de que, como en la canción de Amalia Mendoza, acabe de una vez; de un solo golpe, permítame platicarle de otra institución que cumplió 30 años de haberse establecido en este agonizante 2021.

Me refiero al Museo de Arte Contemporáneo, que inició su andadura en un inmueble de la calle Juan de Montoro, el número 222; una de esas preciosas casas que todavía quedan en pie, con tres grandes ventanas de madera y su enrejado, y arriba un pequeño frontón de cantera labrada, al igual que en la puerta de madera de dos hojas; una de esas casas que le he escuchado decir al restaurador José Luis García Ruvalcaba que corresponde a la arquitectura eminentemente aguascalentense, por ese enjarrado como de almohadón.

Ahí comenzó este museo, en abril de 1991, en plena Feria Nacional de San Marcos, ideado para albergar la colección de obra procedente del Encuentro Nacional de Arte Joven, que cada año se lleva a cabo en el contexto de nuestra máxima verbena.

El concurso es tan importante que precisamente con la inauguración de la exposición y entrega de premios inicia el recorrido de inauguraciones, al día siguiente de la coronación de la reina.

Como usted sabe, este certamen plástico cuenta con un prestigio nacional y tiene su antecedente en el Encuentro Nacional de Estudiantes de Artes Plásticas.

La directora fundadora del museo y actual coordinadora del Museo Espacio, la artista plástica Yolanda Hernández, me contó que en 1990 llegó a Aguascalientes con su esposo, el también artista plástico Carlos Castañeda, quienes instalaron una galería de arte en la calle Primo Verdad, en la que promovieron obra de artistas locales y también de conocidos de la prestigiada escuela de artes visuales La Esmeralda, de la ciudad de México, de la que ambos egresaron.

Esta galería cerró a los pocos meses, en enero de 1991 y se trasladó a la casa de ambos, en donde también impartían clases. En esas andaba cuando el entonces director del Instituto Cultural de Aguascalientes, el sociólogo Jesús Gómez Serrano, la invitó a asumir la dirección del nuevo museo.

Probablemente la elección procediera del hecho de que Yolanda había trabajado con el antropólogo Guillermo Bonfil Batalla, un clásico de los estudios de cultura popular, en temas de diseño del Museo de Culturas Populares. La sede original del museo, donde se encuentra actualmente la galería de artes gráficas El Obraje, que animara durante mucho tiempo el artista plástico Rafael Zepeda, es una casa bonita pero insuficiente, sin bodega, sin área de servicios educativos.

Por cierto que aquí valdría la pena señalar la diferencia entre museo y galería, que tiene que ver con el hecho de que aquel cuenta con una colección permanente aunque cuenta con áreas para exposiciones temporales, en tanto que esta está referida a lo temporal.

Como digo, el museo se inauguró en abril de 1991, durante la administración del gobernador Miguel Ángel Barberena Vega, que junto con el Teatro de Aguascalientes fue la gran obra de infraestructura artística de esa gestión, y no fue sino hasta 6 años después, cuando se inauguró la sede actual, en junio de 1998, al término de la administración del gobernador Otto Granados Roldán.

La actual sede es el señorial edificio del antiguo establecimiento comercial El No. 8, en la esquina sur oriente de las calles Francisco Primo Verdad y Morelos. Entonces, el edificio de Juan de Montoro se quedó, y hasta la fecha, como galería de arte contemporáneo, destinada a la promoción de los artistas locales, y a la salvaguarda del acervo gráfico del ICA.

Recuerdo haber visto alguna vez los aparadores del No. 8, atiborrados de belices, y también que en alguna ocasión hubo un incendio. Me acuerdo que al propietario le decían, no sé por qué, el Ropero Viejo, y en ese trance andaba de un lado a otro, echando cubetazos de agua para apagar el fuego.

El museo de Arte Contemporáneo comenzó alternando exposiciones de artistas consagrados, con otras con obra de jóvenes artistas ganadores del concurso abrileño, dado que, en opinión de Yolanda, si sólo se circunscribía al arte que recibía del concurso, el museo moriría, por lo que se decidió que alternara con obra de otros orígenes, aprovechando las relaciones que había construido en México en sus años de estudiante, entre ellas la crítica de arte Teresa del Conde, y se trajo dos exposiciones, una de Manuel Álvarez Bravo, de fotografía, y otra era una selección del acervo del museo de Arte Moderno, aunque a final de cuentas por cuestiones técnicas la de Álvarez Bravo se fue al Museo de Aguascalientes.

Pero sin duda uno de los momentos más relevantes en la vida de este museo en la calle Juan de Montoro fue Se instala la muerte, que se llevó a cabo de 1995 a 1998, en un momento en que nadie en Aguascalientes -es un decir- sabía lo que era una instalación, que por decir lo menos “es un género de arte contemporáneo que surge en la década de los años 1960 en la idea de que la obra prevalece sobre sus aspectos formales. Es parte del arma experimental artística, puede ser temporal y se puede representar en cualquier espacio. Una instalación se realiza en un contexto y espacio determinado. Por definición, tiene una duración determinada y, por ende, entra dentro de lo que se conoce como”.

En efecto, Se instala la muerte, era temporal, y se montaba, evidentemente, alrededor del Día de Muertos. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com)

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