Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Cuando se establecen reglas claras y precisas para ejercer un presupuesto, en determinado tiempo, y éste se ejecuta, estrictamente, conforme las normas preestablecidas, todo funciona bien; pero si se hacen gastos fuera de lo dispuesto, entonces hay serios problemas en una administración. En el sector educativo, tanto Hacienda como la Secretaría de Educación Pública, vía Congreso de la Unión, determinan el monto a gastar, durante un año, para el pago de los trabajadores de la educación y de los distintos programas educativos que operan en el país y en cada entidad federativa.

A partir de la descentralización educativa, en Aguascalientes, durante los primeros ocho años de este proceso, hubo un ejercicio ejemplar del presupuesto educativo; los gastos se sujetaron, responsablemente, en las reglas de operación; se ampliaron los servicios escolares; despuntó la calidad educativa; no hubo quejas de ninguna naturaleza y hasta hubo ahorros importantes para soportar proyectos de vanguardia, propios del estado. Sin embargo, a partir del año dos mil empezaron las irregularidades en el ejercicio presupuestal, ciertos recursos se desviaron para lo que no estaba autorizado, lo que de inmediato se reflejó en boquetes financieros de las partidas hacendarias. Al finalizar el sexenio, de algunos gobiernos, hubo reposición de los dineros mal ejercidos. Sin embargo, la debacle llegó con el licenciado Francisco Chávez Rangel. Chávez Rangel sentía no tener méritos académicos suficientes para dirigir el Instituto de Educación, pero tenía exagerada ambición de llegar a su administración; para ello buscó a un líder igualmente ambicioso que él, con el que hizo una serie de “compromisos”para lograr su propósito. Este líder (grillo) presentó a Chávez Rangel ante la autoridad competente para que fuera nombrado director general del Instituto. No fue nada fácil para que se aceptara la propuesta; pero con las presiones políticas coyunturales del líder, Chávez Rangel con calzador fue designado director general del Instituto.

Con los antecedentes descritos, desde la primera semana de haber tomado el cargo, Chávez Rangel empezó a pagar “los favores” al líder; autorizándole, indebidamente, entregas millonarias de los recursos públicos del Instituto. El mal ejercicio presupuestal persistió durante toda su administración, en mengua de los recursos educativos. Pero, por otra parte, Chávez Rangel también tenía la ingente necesidad de ser aceptado y bien visto ante la autoridad, con el objeto de asegurar su permanencia en el cargo; para ello, buscó formas, tal vez no muy honestas, para alcanzar su propósito; cosa que, poco tiempo después, logró colarse entre el selecto grupo de los “consentidos”. Algunos colaboradores de Chávez le decían que no era correcto disponer indebidamente de los recursos del Instituto, que esto le traería graves consecuencias al sector y a él mismo; nunca hizo caso; por el contrario, valiéndose de la Dirección Jurídica, pidió la renuncia de esos colaboradores, quedándose hasta el final de su administración con aquellos que lo adulaban diariamente.

¿Cuál fue el monto total de lo desviado durante su gestión? De esto no se ha dicho nada, tampoco las anteriores autoridades del Instituto lo han mencionado. Los 7 millones 420 mil pesos que la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción sentenció para que Francisco Chávez Rangel reintegre, únicamente se refiere al monto que se le pagó a Juan Collado para que litigara, ante la Universidad de Campeche, el regreso del dinero destinado para la compra de computadoras. Del dinero ni de las computadoras no se sabe nada; ahora sólo se dice que Chávez Rangel regresará 7 millones 420 mil pesos. ¿Dónde y con quién se quedaron los 520 millones de pesos que Hacienda y la Secretaría de Educación entregaron para comprar computadoras a los estudiantes de Aguascalientes?, ¿dónde y con quién se quedó todo el dinero desviado durante esa administración educativa? Lo anterior, es LO QUE NO SE DEBE HACER en una administración; los niños no merecen eso.