El cine, como cualquier expresión humana y artística, acierta o desacierta según el nivel de pretensiones y capacidad de quien lo ejecute, y cada año resulta evidente que los ‘lapsus brutus’ superan por mucho a las propuestas más racionales, sugestivas o mínimamente entretenidas, con la malsana intención de colarse en el gusto colectivo para validarse ante una masa cada vez menos exigente y de paso recaudar los caudales necesarios para fundamentar a la cinematografía más como industria que como un Séptimo Arte. Pero como sugiriera Anton Ego en “Ratatouille”, toda señalización sobre una obra inútil es divertida tanto al escribirla como al leerla, así que prosiguiendo con la socorrida senda kármica haré mención a las películas que durante el 2018 produjeron profunda frustración en un servidor a modo de catarsis y como una forma benigna de desquite ante esos estudios y creativos (en la forma más laxa del término) que siguen utilizando al cine como su papel higiénico personal y que ven a la audiencia en las salas como esos entes enchufados a la Matrix. Así que, en la medida del espacio que esta columna proporciona (poco, considerando el alud de filmes fétidos estrenados el año anterior), doy paso a aquellas producciones fallidas que, en efecto y para infortunio de quienes ven ir al cine como algo más que un pretexto para cebarse en palomitas y nachos desabridos mientras les realizan un acto onanista mental, lograron colarse en el gusto colectivo.

HORROR
Desafortunadamente este género continúa viéndose dilapidado por subproductos que sí horrorizan y desagradan pero por los motivos equivocados, y por cada “El Legado del Diablo” o “Un lugar en silencio” padecimos “Slenderman” (White, E.U.), “Verdad o Reto” (Wadlow, E.U.), “La Maldición de la Casa Winchester” (Spierig, Australia/E.U.), “La Monja” (Hardy, E.U.), “La Noche del Demonio: La Última Llave” (Robitel, Canadá/E.U.) o “Eliminar Amigo 2” (Susco, E.U.), cintas efectistas empeñadas en perpetuar la noción de que el cine de horror sólo debe producir sensaciones inmediatas y no a largo plazo como se debiera.

STREAMING
Si bien en la columna anterior sobre las producciones más destacadas del año anterior resaltaba las virtudes de servicios como Netflix que arriesgan capital para producir cintas de autores reconocidos o independientes con resultados notables (“Roma”, “La Balada de Buster Scruggs”, “Legítimo Rey”), también apuestan por la adquisición de filmes desheredados por sus estudios de procedencia al considerarlos inservibles, situación cotejada en la embustera y demagoga “La Paradoja Cloverfield” (Onah, E.U.), la cual hunde cualquier elemento de propuesta por su descarado empleo de ciencia barata para vender una historia con una premisa interesante. El problema es que esta fórmula también se aplica a varias producciones propias para conducirnos a historias pobremente desarrolladas que deslumbran con una narrativa de oropel o farol, como testifican las infladas “Aniquilación” (Garland, E.U.) y “Bird Box: A Ciegas” (Bier, E.U.), filmes de alto concepto que se hunden como roca ante la petulancia despersonalizada de su director y postura altiva creyendo contar algo importante como ocurre con la primera u observaciones nihilistas carentes de profundidad conducidas por personajes mediocres liderados por una no-actriz en el caso de la segunda. Si a ello le sumamos los esfuerzos por mantener la carrera de una piltrafa como Adam Sandler a flote, entonces Netflix es el paraíso y el infierno en paradójica convivencia.

CINE MEXICANO
Así como norteamérica se empeña en importar sus bodrios de gran presupuesto (y en el 2018 se vieron representados por sandeces impresentables predeciblemente populares como “Mundo Jurásico: El Reino Caído”, “50 Sombras Liberadas”, “Mentes Poderosas”, “Megalodonte” o “Robin Hood”, entre un larguísimo etcétera), en todo el mundo se cuecen habas y nuestro país -faltaba más- no es la excepción, pues cada año se retaca la cartelera con “comedias” derivativas o insulsos e innecesarios remakes de insulsas e innecesarias cintas extranjeras que sólo buscan recuperar la inversión con la misma rapidez con que se graban (v.g. “Una mujer sin filtro”, “Loca por el trabajo”, “Eres mi pasión”, “Todo mal”, “Hasta que la boda nos separe”, “Lo más sencillo es complicarlo todo” o “Perfectos desconocidos”) o en ocasiones se busca acoplar a nuestra idiosincrasia el modelo gringo y se producen dramas tan mentecatos como “Ya veremos”, genuina mentada a la neurona de cualquiera o con discapacidad visual. Por fortuna, siempre habrá talentos y creativos capaces y deseosos de mostrar sus iconoclastas y propositivos trabajos aunque sea en funciones de calzador con salas ínfimas.

“HOMBRE AL AGUA”
La síntesis de todo lo que NO debe ser una película de calidad. O el cine en general.

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