redes en politicaItzel Vargas Rodríguez

Antes de irse a acostar mi padre pone el Youtube en su Smartphone y mira unos cuantos videos, a veces unos de música clásica, otras veces de documentales. Sin embargo, hace poco me llamó la atención escuchar el audio de lo que estaba viendo. Para mi sorpresa, escuchaba a Chumel Torres en el Pulso de la República, un canal en donde se actualiza a modo muy fresco, juvenil, crítico y apartidista sobre la situación política y social actual. Esta iniciativa que claramente por su lenguaje va dirigido hacia las generaciones más jóvenes, me dejó boquiabierta porque ahora era visto por mi padre, un señor que ya roza la tercera edad. Fascinado, él no se pierde los capítulos y ríe a carcajadas de todas las bromas que escucha. Un claro ejemplo de cómo las redes sociales también pueden traspasar brechas generacionales generando resultados positivos.

Últimamente me he encontrado varias opiniones, unas en editoriales otras en blogs por internet, que hacen mención de cómo la gente ahora, absorta en sus teléfonos móviles o smartphones (que les permiten estar inmersos en aplicaciones dentro de las que destacan las redes sociales), se aísla del contacto humano y de lo sucede a su alrededor. Esto es cierto, muchas veces se descuida el contacto humano e incluso las buenas costumbres por estar pegados al celular. Sin embargo, también es cierto que la revolución tecnológica no sólo ha ido cumpliendo la misión de facilitarnos la vida estableciendo nuevos y mejores canales de comunicación, sino que ahora estamos hipercomunicados, con una necesidad de mantenernos al tanto de lo que ocurre en nuestra otra vida: la vida on-line.

Así mismo, también he visto cómo se critica férreamente a las redes sociales, en el sentido de que son medios de comunicación en los que fácilmente se puede faltar al respeto, agredir, aparecer el ya muy mencionado cyberbullying, y sobre todo, cuando se tocan temas políticos y sociales.

A mí en lo personal, me parece que las redes sociales vinieron a otorgar libertad de expresión generalizada, un tema por años debatido, en algunos países y en algunos lugares de la república aspirado y exigido, y también es un valor del que ni nosotros mismos tenemos bien dimensionado cuáles son sus alcances… libertad de expresión hasta dónde, con qué, por qué, qué se puede decir y qué no, a quién no se debe de ofender… en fin, toda una disyuntiva en donde las redes sociales han roto una barrera, pues al tener tantos usuarios, que publican al instante cientos y cientos de imágenes y comentarios que opinan sobre temas de la agenda pública en tiempo real (que van desde la muerte de un artista, un acontecimiento social importante, la crítica de una acción política, el triunfo de un equipo de fútbol… y cuantos temas se nos puedan venir a la mente) lo que genera de alguna forma el gusto e identidad por ser parte de una acción masiva que se expresa libremente mediante memes, dibujos, chistes, comentarios cínicos, quejas, propuestas, videos, redacciones en blogs… etcétera.

A primera vista podría parecer mal observar cómo un ciudadano puede hacer en un comentario de Facebook una larga lista de adjetivos descalificativos a una empresa importante, o a un político, pero ¿qué no es eso la libertad de expresión? Finalmente, la responsabilidad de aclarar, tratar de llegar a un acuerdo o generar el debate les corresponde a los responsables de las cuentas en redes sociales y esos son los usuarios. Ser parte de éstas redes también nos debiera hacer responsables de las mismas, pues ahora se le dedica un buen tiempo personal a consultarlas y este tiempo es precisamente parte de nuestra vida on-line.

Me acuerdo hace unas semanas cuando sucedió el ataque en Francia al Charlie Hebdo, donde se generó una fuerte polémica en torno a si las publicaciones de la editorial eran excesivas e hirientes… y tal vez sí lo eran, pero también hay que tomar muy en cuenta lo que dijo Voltaire “No estoy de acuerdo en lo que dices pero defenderé hasta a la muerte tu derecho a decirlo”, y así es, si un comentario molesta… hay que tragarse la molestia y ya, no hay más, eso es aceptar la libertad de expresión como un derecho universal.

Ver cómo se generan videos de burla por un error de un político, cómo se hacen videojuegos o canciones, cómo la gente se une en hashtags y comentarios en Twitter, cómo la gente emplea tiempo en hacer imágenes que funcionan de memes graciosos sobre la situación social, cómo la gente en sus estados de Facebook invita a sus amigos a reaccionar, pensar, actuar; cómo se han organizado las últimas marchas sociales mediante las redes, cómo la gente se solidariza ante un tema… eso es increíblemente genial. A mí me sigue sorprendiendo cómo en muchos temas la gente se une mostrando sensibilidad y sentido común, rompiendo así la idea de que el sentido de humanidad se está acabando. Como dijo una vez Facundo Cabral: “El bien es mayoría, pero no se nota porque es silencioso”.

Ojalá sean siempre bienvenidos los comentarios libres, que remueven consciencias, que generan debate, que provocan una que otra molestia, que proponen, que brillan por su originalidad y creatividad, porque todos esos son los que poco a poco van provocando presión social para cambiar las cosas que nos parecen, están mal.

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Itzelvargasrdz@gmail.com / @itzelvargasrdz

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