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Agencia Reforma

GUADALAJARA, Jalisco.-Joaquín -nombre ficticio- tiene los ojos vidriosos y los labios partidos; dice que no recuerda cuántos días lleva sin dormir, y de comer parece no preocuparse; es adicto al “crystal” y tiene bien claro que no dejará que le llegue “la malilla” (resaca).
Como cualquier joven, cada tanto revisa Facebook, Instagram y WhatsApp, pero él lo hace para ver si alguno de sus contactos le hizo un encargo de droga.
Cuando es así, pregunta qué van a querer y el lugar al que llevará el pedido, así traza una ruta en su mente para saber qué punto le queda cercano, se sube a su moto y se dirige a comprar para luego hacer la entrega.
“Me doy una ‘baisa’ (fuma “crystal”) y aplico la misión”, resume.
Cuenta que su llegada al comercio de drogas fue algo que le pareció lógico, pues pasó de ser repartidor de un restaurante a formar parte de las plataformas de entrega de comida, pero el insomnio que le ocasiona el “crystal” lo llevó a repartir cerveza a sus conocidos de madrugada y luego le comenzaron a pedir droga.
Él sabe que no es el único que opera de esta forma. Con el tiempo se dio cuenta que hay quienes venden droga por Internet y las envían por plataformas o con repartidores como él.
“El que quiere ‘loquerón’ siempre sabe cómo conseguirlo”, narra.
No tiene una tarifa fija, pues sostiene que a cualquier punto de la Ciudad puede llegar y sus precios por el reparto varían de dónde se encuentre cuando lo buscan. Cuando tiene un pedido siempre negocia lo que le van a pagar por la vuelta, ya que es consciente de los riesgos que corre.
No habla de miedo, pero sabe que está expuesto tanto al crimen organizado como a las autoridades. Asegura que no trabaja para ningún cártel y explica que no se dedica a vender sustancias, sino que sólo las reparte, al igual que traslada cerveza o repartía comida.
Alfonso Partida Caballero, profesor investigador de la UdeG, explicó que hay tres tipos de mercados en las drogas: el legal, el clandestino y el clandestino del clandestino; en este último se encuentran quienes venden por Internet y los repartidores como Joaquín.
“Son desorganizados, pero ellos compran para venderle directo a sus amigos, a los conocidos, pero sin permiso de los propios cárteles.
“A estos es a los que les están sirviendo las nuevas tecnologías, porque también para los cárteles de las drogas les es más complicado saber quién les está haciendo competencia”, comentó el también miembro del Observatorio sobre Seguridad y Justicia.