César Martínez
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-María Herrera, originaria de Pajacuarán, Michoacán, lleva más de 10 años luchando para encontrar a sus cuatro hijos desaparecidos.
Incansable, lo mismo ha surcado la tierra en busca de una fosa clandestina, que llevado su demanda de justicia ante órganos internacionales.
Ayer, el Papa Francisco la recibió en El Vaticano y ella le pidió interceder ante el Gobierno mexicano para que pare la violencia que vive el país.
Sus primeros dos hijos desaparecieron el 28 de agosto de 2008 en Atoyac de Álvarez, Guerrero. Raúl y Salvador Trujillo Herrera, entonces de 19 y 24 años de edad, respectivamente, acudieron al municipio guerrerense para comerciar con oro, pero nunca regresaron.
Dos años más tarde ocurrió lo mismo con Luis Armando y Gustavo Trujillo Herrera, de 24 y 28 años de edad, pero en el estado de Veracruz.
Luego de luchar sola, la madre de 8 hijos en total se sumó en 2011 al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, desde donde reclamó al entonces Presidente Felipe Calderón que sus hijos «eran muchachos honestos y trabajadores, y fueron víctimas de su guerra».
En 2012, la familia Trujillo Herrera contribuyó a la creación de la Red de Enlaces Nacionales, que articula a colectivos de familiares de desaparecidos en el país, y en 2014 fundó Familiares en Búsqueda María Herrera AC, organización que ayuda a brigadas nacionales de búsqueda.
Con el apoyo del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín ProJuárez, María inició un proceso legal, a través de un amparo, para que el Gobierno reconociera la competencia del Comité Contra las Desapariciones Forzadas de la ONU.
El Gobierno de Enrique Peña dilató el proceso, hasta que la actual administración federal concluyó ese proceso.
Ayer, doña Mary pidió al Papa apoyo. «No nos olvide, rece por nosotros y llame a nuestro Gobierno a buscar a los desaparecidos y a detener la violencia», clamó.

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