Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

 (Nota: Esta película se exhibe en cartelera comercial y se incluye en este espacio por su naturaleza analítica y observadora del fenómeno cinematográfico, pero es responsabilidad del espectador si decide asistir a una sala cinematográfica ante la contingencia sanitaria que impera).

Una vez más el prolífico (aunque no siempre sólido) escritor Stephen King está presente en cartelera ahora con una nueva iteración de su texto “Ojos de Fuego”, el cual ya ha recibido el trato de una versión cinematográfica allá por el lejano 1984 de la mano del cumplidor Mark L. Lester con una pequeñita Drew Barrymore como protagonista. En los anales de las adaptaciones fílmicas sobre libros de King, ésta siempre figuraba entre las más endebles, por lo que una puesta al día se antojaba interesante, sobre todo por las ideas que se plantean en la novela sobre el discurso análogo entre los nacientes poderes piroquinéticos de una preadolescente y los cambios que ella detecta en sí misma a nivel emocional y anatómico, así como la paranoia prevalente en aquel entonces en cuanto a política interna y externa ejercida por los voraces Republicanos que ven “guerra” en todo lo que ven. Aun así, aquella versión de hace casi 40 años luce y se lee mucho mejor que lo que presenta la compañía especializada en el horror llamada Blumhouse Pictures y la Universal, que no hace algo por mejorar o superar lo que se planteó en aquella cinta, tal vez porque su director, el inexperto Keith Thomas, no logra comprimir adecuadamente todos los temas del libro, por lo que el ritmo se ve muy afectado, planteando mesuradamente el inicio y desarrollo de la historia, pero metiendo inesperadamente pedal a fondo en el tercer acto sin considerar a los personajes o la trama.

Con respecto a la historia en sí, no hay muchos cambios con respecto a lo trabajado por King o Lester: Una jovencita de nombre Charlie (Ryan Kiera Armstrong) comienza a tener dificultades para controlar su misterioso poder de crear fuego ex nihilo ante las provocaciones más nimias y viviendo con sus padres en un pueblito estadounidense. Ambos progenitores, Andy (Zac Efron) y Vicky (Sydney Lemon) fueron parte de un experimento científico en su época de estudiantes donde se les inoculó una sustancia experimental conocido como “EL Lote Seis” que despertó o generó habilidades psicoquinéticas de distinta intensidad en quienes fueron conejillos de indias, habilidad que se traspasó a la niña con el añadido de la piroquinesia. Sus padres difieren sobre cómo trabajar con dichas habilidades, las cuales superan en intensidad y poderío a las suyas, hasta que un incidente en el colegio de Charlie pone en alerta a La Tienda, secreta organización gubernamental que los anda buscando desde hace años para apresarlos y utilizar a la pequeña como arma de destrucción masiva. Para ello, envían a Rainbird (Michael Greyeyes), uno de los primeros recipientes del Lote Seis con la misión de asesinar a los padres y secuestrar a Charlie. Las cosas no salen según lo esperado y ahora con Vicky muerta, padre e hija deberán huir para eludir las garras de La Tienda.

Si no fuera por las sólidas actuaciones de Efron y la joven Armstrong, todo luciría como el piloto para una sosa serie de televisión sobre eternas persecuciones entre este par de victimizados seres con superpoderes y la obligada y muy trillada malévola agencia del gobierno que los quiere. El director Thomas no logra encontrar el balance adecuado entre drama e intriga para sostener el interés y las secuencias pirotécnicas son bastante rutinarias. La película no tiene ni una pizca de ambición por presentar elementos originales o climas interesantes y se queda en la modorra en cuanto a su narrativa, resolviendo los puntos argumentales con anodinos enfrentamientos o momentos azarosos bastante improbables. “Llamas de Venganza” busca encender de emoción a la audiencia, pero queda en mera llamarada de petate.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com

¡Participa con tu opinión!