Jonathan Compton
Agencia Reforma

GUADALAJARA, Jalisco.-El hambre mata más que el coronavirus.

El lema repitieron casi un centenar de personas que se congregaron en Plaza de Armas para protestar por su derecho al trabajo.

Con pancartas y consignas como “Fuera Alfaro” o “Revocación” se reunieron tanto quienes no creen en la gravedad del Covid-19 o la consideran una falsa pandemia y aquellos que exigen el regreso urgente a sus trabajos.

“Es una tontería todo lo que están haciendo, matando la economía, nos está saliendo más caro el caldo que las albóndigas (…) tenemos el derecho a pensar diferente, cuestionar todos los excesos y el daño que le están haciendo a tantas familias con estas medidas, los virus siempre han existido y ha sido más letal el dengue o la influenza”, expresó Manuel Murillo, quien difunde en redes sociales el movimiento con su página “Kardagar Coaching for Life”.

“El grado de mortandad es tan bajo para todo lo que están exigiendo, es hora de despertar, de dejar que nos infundan miedo, hay hard science que demuestra que nada de estos sirve porque todos nos vamos a contagiar (…) tenemos la libertad de escoger cómo cuidar de nuestra salud y si queremos morir en la calle luchando, trabajando”, añadió el “influencer” local.

Tras más de una hora de manifestación, frente a Palacio de Gobierno se unieron miembros de academias deportivas o gimnasios, organizadores de eventos, comerciantes e integrantes de colectivos como Justicia para el Pueblo, algunos que no portaban cubrebocas o se saludaban de mano o abrazo.

“No estamos pidiendo ninguna limosna, sólo que nos dejen trabajar, los que nos ganamos la vida honestamente nos tratan como criminales y nos persiguen para que no abramos porque tiene que ser bajo sus términos y no es justo”, manifestó Marcela Gutiérrez, dueña de una estética en Guadalajara.

Por su parte Michel González Ruiz, seguidor de la corriente 11:11, hizo un llamado a sumarse a la manifestación pacífica y ejercer la desobediencia civil ante las restricciones que han impuesto las autoridades y que violan garantías constitucionales, como el libre tránsito.

Sólo unos cuantos policías municipales y agentes viales cuidaron a la distancia la protesta, mientras la sede del Ejecutivo permaneció con puertas cerradas.

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