Al presidir la Solemne Eucaristía en honor al Corpus Christi desde la Plaza de la Patria, el obispo Juan Espinoza Jiménez hizo un llamado a la comunidad a vivir en paz y solidaridad, a ofrecer servicio a los demás y encomendó a los enfermos, ancianos, pobres y aquellos que sienten una profunda hambre espiritual sin reconocerla.

En su homilía, el prelado destacó que la Eucaristía es un símbolo de unidad y vida espiritual. Explicó que no sólo es un acto ritual, sino que transforma a la Iglesia en una comunidad viva y activa.

El pastor de la diócesis subrayó la importancia de satisfacer no sólo el hambre material, sino también el hambre espiritual. «Existe una necesidad más profunda que el hambre física: la necesidad de Dios. La Eucaristía nutre el corazón y el espíritu, llenándonos con la presencia de Cristo», afirmó. Añadió que este alimento espiritual es fundamental para el bienestar emocional y moral.

Además, monseñor Espinoza destacó que la Eucaristía es una presencia constante de Jesús, recordando su sacrificio y proporcionando fortaleza a los creyentes.

La festividad del Corpus Christi, instituida por el Papa Urbano IV en 1264, se celebra anualmente el primer jueves después de la octava de Pentecostés. Es un día en el que los fieles de todo el mundo se reúnen para reconocer y celebrar la presencia de Cristo en la Eucaristía.

El obispo Espinoza describió la Eucaristía como «alimento de vida eterna», refiriéndose a ella como el «pan partido, el pan repartido y el pan compartido» que une íntimamente a los creyentes con Jesús y entre ellos mismos. «La Iglesia no es una ONG mundial; es el cuerpo vivo de Cristo que actúa en cada uno de nosotros», afirmó.

Al finalizar, el prelado animó a los fieles a visitar más frecuentemente los templos y a encontrar consuelo en la oración. «Cada consagración eucarística es un milagro que reafirma la presencia viva de Cristo entre nosotros».

La ceremonia, que congregó a numerosos sacerdotes, seminaristas y fieles, culminó con una procesión en honor al cuerpo y la sangre de Cristo, destacando la importancia de la Eucaristía como alimento espiritual y unión dentro de la Iglesia.