En tanto la vida eclesiástica se ha incorporado a la nueva normalidad en medio de la pandemia por el COVID-19, el Obispo de la Diócesis de Aguascalientes, José María de la Torre Martín, expresó que este virus ha dejado tantos mensajes de doble y triple sentido, que en ocasiones genera confusión o tristeza, lo cual debe ser superado.
Durante la homilía en la celebración de la misa en domingo de Pentecostés, con la que se dieron por concluidas las fiestas pascuales, externó que también se debe tener cuidado de aquellos corazones que esconden hipocresía y ventajismo, por lo que se debe aprovechar este tiempo para llevar un mensaje amoroso y de conducta fraternal.
“Una persona que se deja llevar por la mentira, soberbia y avaricia, hace borucas y no es manera de hablar de los hijos de Dios, debe hacerse con la verdad, el bien y la caridad”, pues la verdadera unidad proviene del Ser Supremo”, enfatizó.
La Iglesia, a pesar de retrocesos, contramarchas y crisis terribles o escándalos, ha logrado que permanezca en ella el aroma esencial del Espíritu Santo, “soplo que limpia y purifica, aroma transmitido por ese polen divino que fecundará corazones y culturas de todos los pueblos con el amor de Cristo”.
Subrayó que debe dejarse entrar al viento, “que se lleve todo lo que huela a podrido y que se lleve ese virus terrible que asola, entristece y angustia; pedimos que volvamos a la vida normal con olor a fraternidad, solidaridad y respeto mutuo”.
Ante los fieles asistentes a este encuentro religioso, De la Torre Martín hizo una analogía aprovechando este tiempo en que prevalece el COVID-19 y mencionó que “cuando la ropa se deja a merced del viento y del sol para que se seque, tiene un aroma nuevo, lo cual no pasa si no se hace, entonces tiene tufo a vejez y desmerece hasta la ropa más fina; así pasa con las familias que están encerradas por el virus, tienen tufo a ropa no ventilada y asoleada, y así pueden estar los corazones”.
Por eso, su llamado fue a purificar los corazones y que los fieles católicos permitan la entrada a sus corazones del Espíritu Santo, “para que purifique, es viento que fecunda y permitirá que pronto volvamos a tener el olor a fraternidad, respeto mutuo, ayuda, alegría, paz y amor”.