Israel Sánchez
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Ese par de cascarones de los huevos del desayuno, aporte mínimo pero constante a los cerca de mil 300 millones de toneladas de desechos alimentarios que se producen cada año, ahora podrían servir para sanear el planeta.
A través de un estudio de remediación ambiental, investigadores del Cinvestav y de la Universidad de Medellín aprovechan la biomasa de cáscara de naranja y fibra de palma, en combinación con el cascarón de huevo, para producir carbón vegetal -o biocarbón- susceptible de ser aplicado en la remoción de contaminantes presentes en aguas residuales.
«Estas biomasas que tienen contenidos ricos en hidróxido y óxido de calcio, lo que hacen es que, a la postre, cuando se exponen con aguas residuales con fósforo, tienden a adsorberlo (que es cuando un sólido tiene la capacidad de retener sobre su superficie un componente presente en corrientes líquidas o gaseosas)», explica en entrevista el investigador Juan Muñoz Saldaña, responsable del Laboratorio Nacional de Proyección Térmica (Cenaprot), en el Cinvestav Unidad Querétaro.
«Uno de los mayores problemas que tienen las aguas residuales es el alto contenido de fósforo, y esto genera mecanismos de eutrofización (contaminación provocada por el exceso de nutrientes procedentes mayoritariamente de los desechos humanos) que hacen que el agua se vea con ese aspecto de color desagradable y maloliente», precisa.
Dicho biocarbón, obtenido a partir de un tratamiento térmico –pirólisis– a temperaturas de entre 600 y 800 grados Celsius, sería capaz de absorber hasta el 99 por ciento del fósforo presente en aguas residuales domésticas.

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