¿Personas mayores de 75 años pueden gobernar a un país? Esta pregunta se ha convertido en el centro del debate en la competencia presidencial de Estados Unidos.  Reconociendo que hay personas de esa y más edad que están muy lúcidos y con buena salud, también es cierto que el envejecimiento causa un desgaste natural, no solo en capacidades físicas, sino también mentales.

Pero hay que tomar en cuenta que en el envejecimiento hay una disminución de las capacidades físicas y mentales de las personas. Por ejemplo, la reducción del tamaño del cerebro lo cual afecta a la memoria.  Existen también enfermedades propias de la edad avanzada como el Alzheimer, enfermedad que sufrió Ronald Reagan ya como presidente, o el Parkinson que sufrió el Papa Juan Pablo II.

Pero la edad nunca debe ser el único factor a considerar cuando se trata de seleccionar a quien debe dirigir un gobierno o empresa. Un líder requiere de una serie de competencias, conocimientos, condición física y salud mental que le permita atender los retos de su puesto.

La iniciativa privada suele ser muy cuidadosa en sus procesos de selección, especialmente para los puestos más elevados y verifica todo lo anterior en los candidatos, aunque a veces fallan en la parte de salud mental. Es frecuente encontrar en puestos elevados, directivos con problemas mentales tales como Elon Musk quien padece de autismo o Steve Jobs quien sufría trastorno obsesivo compulsivo y narcisismo.

Por su parte, en el gobierno no hay un proceso de selección de ese tipo, por lo que   llegan a puestos de muy alta responsabilidad personajes que no tienen los perfiles o salud adecuados.

Tenemos el caso del presidente López Obrador quien sufrió infartos antes y durante su mandato, entre otros problemas de salud. Respecto a su salud mental, se ha cuestionado algunos aspectos de su comportamiento, pero no está claro si es por astucia política o por disfunción mental.

En cuanto a la nueva presidenta, no se sabe nada sobre su salud física y mental. Durante la campaña presidencial se evidenció el sobrepeso de la candidata de la oposición y la delgadez de la ganadora. Ambas fueron capaces de soportar una intensa campaña por lo que es de suponer que su salud física fue la adecuada, pero desconocemos si su salud mental es buena.

Si bien en las empresas es posible que comportamientos psicopáticos de sus líderes les permitan lograr resultados extraordinarios, también las pueden llevar a la quiebra. En el caso de países, tener líderes psicópatas es un grave riesgo. Por ejemplo, Hitler, con su odio enfermizo hacia los judíos asesinó a más de 6 millones; o Stalin con su paranoia, mató a cerca de 20 millones de sus ciudadanos. Más cercanos a nuestro tiempo, líderes con patologías narcisistas como Trump, Erdogan, Orban, Putin y otros, son un peligro para la democracia y pueden ocasionar guerras civiles o guerras contra otras naciones.

Estos personajes causan daños incalculables a países o negocios si estos no cuentan con una gobernanza que incluya fuertes equilibrios internos. Desafortunadamente, muchos de estos líderes no tienen contrapesos suficientes y tratan de desmantelarlos para someter a todos a su voluntad, porque uno de sus rasgos suele ser el autoritarismo. Si a eso le agregamos una corte de sicofantes, entonces podrán llevar a cabo las peores locuras contra países y empresas.

El problema no es necesariamente la edad avanzada, sino el estado de salud mental y física, y las aptitudes que tengan los líderes.  Por ello, en cualquier gobierno o empresa, los dirigentes o quienes aspiren a serlo, deberían someterse a exámenes rigurosos de inteligencia, capacidades, salud mental, salud física y control de confianza, para que sean un factor de decisión en el proceso de selección para ocupar un puesto. De no ser así, países y empresas se pueden llevar sorpresas muy desagradables.