Janette Rodríguez

Sin lugar a dudas, cuando hablamos de disminuir las brechas de desigualdad, la educación juega un rol fundamental ya que esta es la base del respeto y la igualdad de oportunidades, tanto en las instituciones educativas como en los hogares. De igual manera, la educación es la clave para lograr que cada vez más niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres puedan acceder a mejores condiciones de vida e incluso aspiren a alcanzar puestos directivos en empresas de cualquier sector.

Me permito invitarles a cuestionarnos más que nunca nuestro concepto en torno al liderazgo femenino y con ello identificar que la educación es uno de los sesgos que generan la desigualdad tanto en el entorno familiar como en las organizaciones, y al hacerlo nos permita identificar las herramientas necesarias para que las mujeres puedan conocerse más a sí mismas y a identificar sus habilidades para desarrollarlas y alcanzar su máximo potencial. En este sentido, las escuelas constituyen el mejor lugar para llevarlo a cabo, ya que son espacios de formación e inspiración y es por ello que es de vital importancia contar con personal debidamente capacitado y docentes dispuestos a innovar y ser disruptivos y que se comprometan en pro de una educación inclusiva e integral. Algunos mecanismos para lograrlo pueden ser:

  • Crear programas de acompañamiento a través de mentorías que se encarguen de brindar orientación y apoyo a las estudiantes interesadas en desarrollar habilidades de liderazgo, con la posibilidad de aprender de mujeres con experiencia y recibir consejos prácticos para su crecimiento personal y profesional.
  • Fortalecer los programas académicos, desarrollando actividades extracurriculares, como proyectos educativos, donde se fomente la promoción de la participación activa de las estudiantes en situaciones reales en donde pueden demostrar sus habilidades como mujeres líderes a través de la toma de decisiones.
  • Fomentar una cultura de igualdad de género, implementando políticas inclusivas, tanto en la construcción del mapa curricular académico, como en la estructura propia de la institución ya que las mujeres que ocupan cargos directivos en las escuelas deben promover la participación equitativa de todas las voces en el proceso educativo, sin importar su género, creando entornos seguros donde se promueve la aceptación y el respeto por la diversidad.

Adicional a lo antes mencionado, es importante que los directivos trabajen en estrecha colaboración con docentes, personal administrativo y padres de familia para crear un entorno acogedor y enriquecedor en las escuelas. Asimismo, es necesario que promuevan la diversidad y el respeto mutuo, fomentando de esta manera la participación activa de todos los miembros de la comunidad educativa. Promover la inclusión de las mujeres en la toma de decisiones, paralelamente, contribuirá a inspirar a niñas y adolescentes que se están desarrollando como futuras mujeres, y tener claro que no hay límites para hacer realidad sus aspiraciones cuando aprenden a encontrar y creer en su propio potencial.

Las mujeres líderes tienen la capacidad de transformar las escuelas en espacios más integradores y de contención. Esto es un gran paso para seguir generando un impacto positivo en la sociedad.

El gran reto es seguir detonando acciones que permitan que las niñas aprendan a ser líderes sin importar su sistema de creencias, lograr que se vean a sí mismas como directoras de empresas, investigadoras, científicas, figuras públicas, etc., y, para lograrlo, necesitamos enseñarles desde temprana edad que lo pueden ser.

Me permito compartirles una cita de uno de los múltiples documentos en los que baso cada una de mis colaboraciones, con la intención de enriquecerles: “Debemos incluir el liderazgo femenino como una competencia transversal a desarrollar desde casa y seguir haciéndolo en el momento en que las niñas entran a la escuela para normalizarlo y hacerlo parte de su naturaleza, de su esencia, de su identidad”.

Janette Rodríguez
Directora General DIA1
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