Prof. Flaviano Jiménez Jiménez
La inmensa mayoría de los maestros ha tenido la oportunidad de conocer, mediante sus libros o conferencias, a Sylvia Schmelkes, actual Consejera Presidenta del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE). Es importante mencionar esto porque gran parte de sus escritos y formas de pensar, en materia educativa, hoy pueden reflejarse en los criterios y en los procesos de la evaluación del desempeño docente. Por ejemplo, los directores de las escuelas deben tener presente lo que ella asienta en su libro “Hacia una mejor calidad de nuestras escuelas”. En el Capítulo VI, textualmente escribe:
En un proceso de mejoramiento de la calidad, el papel del director es fundamental. Además, y es importante decirlo, se exige de él una función muy diferente de la que usualmente desarrolla el director en nuestras escuelas … La calidad requiere un nuevo tipo de liderazgo, basado en la experiencia y en la convicción personales, y no necesariamente en la escolaridad, edad o rango. Logra más con el ejemplo de su coherencia vital, con los valores que proclama, y con su consistencia, que con la autoridad que procede de su nombramiento.
El director debe ser el primero y el más comprometido con el propósito de mejorar la calidad. Esto significa que el director de una escuela debe sentirse responsable de la calidad educativa de esa escuela. Debe fungir como auténtico líder, capaz de motivar, facilitar, estimular el proceso de mejoramiento de la calidad. En otras palabras, juega un papel de animador de sus colegas y de los padres de familia; es decir, es un animador de la comunidad escolar.
Debe comprometerse a involucrar a su personal en un proceso participativo, constante y permanente para hacer las cosas cada vez mejor. Un director así no puede limitar su función al papeleo administrativo y a las relaciones con el sistema educativo más amplio y con las autoridades de la comunidad. Tiene que conocer a fondo todos los procesos importantes que ocurren en la escuela, y tiene que involucrarse de lleno en cada uno de ellos. A un director no se le puede cerrar ninguna puerta. Tiene que poder reunirse con los maestros, entrar al aula, conversar con los padres de familia, entender los problemas de los alumnos. Más importante aún, le corresponde a él la difícil tarea de ser el motor principal de un proceso mediante el cual la escuela logre niveles de resultados cada vez mejores y cada vez más acordes con las necesidades de sus usuarios. Como ya hemos señalado varias veces, este proceso requiere constancia. Del director depende esta constancia. Para la filosofía de la calidad, la clave está en que los directores entiendan que ellos son el problema. No porque no actúen o se desempeñen como se espera que lo hagan, sino porque no asuman las funciones que acabamos de describir. Si no hay nadie que las asuma, no puede darse un proceso de mejoramiento de la calidad. Y quien las asume debe ser el director. La calidad comienza con una idea, con un plan, que es establecido por el director.
El director debe ser capaz de desarrollar un plan, explicárselo a los maestros, entusiasmarlos para que ayuden a realizarlo, y al mismo tiempo mantener una presión coherente y constante sobre la escuela para que el plan se lleve a cabo. El móvil fundamental del director, más que de ningún otro miembro del personal, es satisfacer cada vez mejor las necesidades de los beneficiarios de la escuela. Para esto, es necesario que comprenda y se apropie de la idea de que es necesario eliminar la variación (el rezago escolar), y también elevar los niveles de logro del aprendizaje.
A continuación, se sintetizan ideas centrales (de Sylvia Schmelkes) sobre el liderazgo del director: El líder de un proceso de calidad debe ayudar a los docentes a trabajar más inteligentemente, no más duramente. La meta es lograr que el maestro esté orgulloso de su trabajo. El líder, en vez de ser un juez que inspecciona y evalúa a las personas, es un compañero que aconseja y dirige a su gente día a día, aprendiendo de ellos y con ellos… buscando que todo el mundo haga mejor su trabajo. Para ello, es esencial que esté en armonía con todos sus trabajadores.
El director debe preocuparse por la investigación; contar con información sólida e interpretarla correctamente; conocer la escuela y su entorno; tener claro los objetivos que se están logrando y los aprendizajes que los alumnos están alcanzando; conocer las condiciones y las necesidades de los beneficiarios de la escuela, y en qué se está fallando en su satisfacción; investigar las posibles soluciones; monitorear los procesos de solución y evaluar sus resultados.
El director debe asegurarse de que el proceso de mejoramiento de la calidad sea un proceso de mejoramiento en el trabajo y esté acompañado de los elementos formativos indispensables para alcanzar los cambios deseados.
Es ampliamente recomendable para los maestros, directores y supervisores, leer este libro. Todos deben tenerlo porque se les obsequió un ejemplar; además, este libro está en las pequeñas bibliotecas de las escuelas.

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