De manera paulatina se ha ido apagando la ilusión de los pequeños productores del campo, pues lejos ha quedado la promesa del gobierno federal, en el sentido de que se otorgarían apoyos y programas especiales para el sector primario y en especial para los de menores dimensiones productivas, antes bien, parece que la intención es lograr su desaparición, consideró el presidente de Granjas Fátima, Jesús Azuara Morales.

Comentó que durante los casi tres lustros que tienen los pequeños productores de leche proveyendo de leche a Liconsa, para que esta instancia pueda cumplir con el programa de abasto social a familias de escasos recursos, nunca como ahora han tenido dificultades para recuperar su inversión, pues les pagan prácticamente en abonos, lo que hace menos redituable su actividad.

Ahora se enfrentan a la amenaza latente de que podría limitarse la compra de leche a los pequeños ganaderos, tan solo “los días 23, 24 y 25 de diciembre no nos recibió ni un litro de leche, y también pretendían no recibir del 27 de diciembre al 1 de enero, pero un diputado federal nos ha ayudado y al menos se logró que sí nos reciban el lácteo”.

Pero además del tema de la producción, también sigue pendiente el pago, que se los han retrasado constantemente en los últimos meses, de tal suerte que hasta el pasado fin de semana eran ya dos semanas de atraso y van por la tercera.

Las autoridades federales deberían tener en consideración que alimentar a la vaca lechera tiene su costo, sobre todo cuando se les está entregando un producto de excelente calidad. Cierto es, dijo, que Liconsa adquiere el lácteo a los pequeños ganaderos también como una manera de apoyarles y que sea un ganar-ganar, pues se cumplirían dos objetivos, ayudar al pequeño ganadero, así como a la gente de escasos recursos.

Refirió que cuando tienen sobrantes de lo que producen llegan a colocarla en pequeños talleres donde se elabora queso o crema, pero el total de lo que se entrega a Liconsa es imposible; pues inclusive aunque se venda al público en general, se verían en la necesidad de tirar gran parte de la producción.

Es un tema preocupante, pues se supone que no tendría por qué cancelarse la compra de último momento, sobre todo porque había presupuesto etiquetado para este fin, de lo contrario, sería indispensable tener una explicación de lo que se ha hecho con ese recurso.