Rolando Herrera
Agencia Reforma

ACAPULCO, Guerrero.- Ataviada con un sombrero de ala ancha que le protegía del sol, Marisol Castrejo, vecina de El Coloso, se unió a una larga fila que se extendía más allá del depósito de una refresquera en la Colonia El Cayaco.
Salió de su casa sólo con un café y unas galletas en el estómago y, también, con un poco de suerte, pues al cabo de caminar unos minutos consiguió un aventón y se ahorró la caminata de dos horas.
El largo trayecto y las horas de espera fueron para obtener 24 botellas de agua de litro y medio que la empresa Femsa comenzó a regalar desde el viernes pasado.
«No tenemos agua, no podemos comprar tampoco porque en ningún negocio hay, todos fueron saqueados, por eso tenemos que venir hasta acá para llevarnos una poca», señala.
El batallar de Castrejo fue casi idéntico para casi cuatro mil personas que, en tres días, recogieron botellas de agua en el depósito ubicado en el kilómetro 17 de la carretera a Pinotepa Nacional.
En la misma fila, pero como a unos 300 metros de distancia, llega a formarse Adela Niño Morales, comisaria de Tres Palos, quien, confundida, cargaba dos garrafones de 20 litros de agua pensando que serían llenados.
Llegó agitada por la caminata y acalorada por el sol que daba de lleno, pues no había ninguna sombra a la cual arrimarse.
Niño Morales tardó dos horas caminando y, viendo la larga fila, calculó que estará formada otras tres antes de conseguir el agua necesaria para beber y cocinar.
«Necesitamos que nos ayude el Gobierno, los tres Gobiernos que vengan a ayudarnos, así como ellos quieren nuestro apoyo, necesitamos ahora de ellos el apoyo», recrimina.
Tras el paso del huracán «Otis», señaló, ninguna autoridad se ha acercado a la comunidad de Tres Palos, en donde la mitad de las casas resultó dañada.
«Estamos hasta el cuello de agua por el desbordamiento del río de la Sabana, ya hasta tenemos hongos en los pies y los zancudos nos están comiendo.
«Los árboles todavía están tirados, necesitamos saneamiento básico, que vayan por la basura, las ramas de árboles, no tenemos agua, no tenemos comida. Ayer (sábado) fue el Ejército nada más a dejar una despensa (por familia), nada más una sola despensa; necesitamos comida, agua y ropa», señaló.
Los reclamos de la comisaria encendieron los ánimos de las personas que estaban formadas en la fila, quienes también manifestaron su descontento por la falta de atención.
«Hoy es una lucha por sobrevivir, por tomar agua, de verdad, usted está viendo cómo está la situación, está difícil, la estamos buscando por todos lados, cómo sustentarnos, cómo sobrevivir», señaló Andrés López.

Oasis
En la Colonia La Sabana, frente el arco del fraccionamiento que lleva el mismo nombre, agua a borbotones salía de un tubo de PVC; algunos vecinos dijeron que eran escurrimiento de lluvia, pero otros más especularon que se trataba de una fractura de la red de servicio.
Ajena al debate del origen del líquido, María Elena Díaz se afanó a restregar la ropa sobre una plancha de concreto. Decenas de pantalones, calzones, playeras, calcetines, faldas, camisas pasaron por sus manos mientras su hija Luz Linares le acarreaba agua del afluente con una cubeta para depositarla en un tambo.
Tras enterarse de que brotaba agua, María Elena llegó desde la 7:00 horas, pidió permiso a la dueña del puesto de concreto y los convirtió en un lavadero en plena calle para quitarle la mugre a la ropa de toda la familia.
Frente a ella, un hombre descamisado, que sólo usaba unas bermudas, se daba un baño a jicarazos sin jabón y a los poco minutos dos niñas lo imitaban, refrescándose.
Como el agua seguía frotando con cierta presión, más vecinos fueron llegando con cubetas y garrafones, a llenar todo lo que podían y acarrearlo a sus casas.
«Desde que fue el huracán no teníamos agua para bañarnos, así que lo poquito que tenemos con un garrafón, de a dos o tres bandejitas, a quitarse el sudor y ya», dijo Lucio César Rafael Román, vecino de La Sabana.