Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Sorprende que la Secretaría de Educación Pública esté pensando en aplicar, hasta este mes de noviembre, la evaluación diagnóstica para detectar el rezago educativo que se generó durante el periodo de “Aprende en casa”; y sorprende más, porque la propia Secretaría estableció, en el calendario escolar, los meses de septiembre, octubre y parte de noviembre para la regularización del rezago educativo. Por lo tanto, la evaluación diagnóstica, a estas alturas, ya está fuera de tiempo de conformidad con el calendario escolar vigente.

En Aguascalientes (y seguramente en todo el país), cada maestro hizo lo que estuvo a su alcance para diagnosticar el rezago educativo de sus alumnos en la primera semana del pasado mes de septiembre, y con base en los resultados obtenidos se inició con la regularización de los estudiantes desde septiembre hasta los  primeros días de este mes de noviembre. De manera que, a estas alturas, los docentes están ya evaluando los avances logrados en la regularización. Terminada esta evaluación, se iniciará el segundo trimestre desarrollando los programas del ciclo escolar 2021-2022; cuyos contenidos necesariamente tendrán que ser ajustados a lo que queda del periodo escolar; incluso, tendrían que ser considerados, también, aquellos aspectos que no pudieron superarse, totalmente, en la regularización; por lo que hay grandes cosas que hacer, por delante, para mejorar aprendizajes.

Y ante esta situación, la Secretaría de Educación quiere que se aplique a los alumnos, de educación básica, la evaluación diagnóstica para medir el rezago educativo por la pandemia. Las maestras y los maestros piensan que su aplicación ya está desfasada en cuanto a tiempo; toda vez que el periodo de regularización, según el calendario escolar, era de septiembre a noviembre del año en curso. Pero si las autoridades ya determinaron que el diagnóstico se aplicará, a pesar del desfase, pues se aplicará; y si es así, entonces se tendría que explicar cuál es su propósito. Si la intención es únicamente medir el nivel del rezago, y ya, el esfuerzo y el costo resultan estériles; y si el propósito es regularizar a los alumnos con mayores deficiencias, entonces sería traslapar las actividades que los maestros ya han realizado hasta la fecha. Además, los resultados del diagnóstico que la Secretaría piensa aplicar, en todo el país, tal vez estarían disponibles hasta diciembre próximo o enero de 2022; y la regularización, después de analizar resultados y de programar los aprendizajes fundamentales, se estaría iniciando entre febrero y marzo del año entrante; convirtiendo el ciclo escolar 2021-2022 en un año de diagnóstico y regularización; y, ¿para cuándo el desarrollo de los programas? Por la importancia que tiene el proceso educativo, urge que las autoridades centrales definan el propósito y los tiempos para la aplicación del diagnóstico; así como de la eventual regularización.

De haber una reacción oportuna y congruente, hubiera sido muy distinto y de mayor provecho, si las autoridades hubieran aplicado la evaluación diagnóstica en las semanas del pasado mes de junio, cuando ordenaron al personal docente y directivo que se presentaran en las escuelas con el objeto de finalizar el ciclo escolar 2020-2021 con la atención presencial a los alumnos. Entre julio y agosto (pasados), los técnicos de la Secretaría obtendrían los resultados, los analizarían y programarían aquellos aprendizajes que ameritaran ser atendidos, de manera especial, durante los meses de septiembre, octubre y noviembre, destinados para la regularización. Además, sería muy recomendable que los mismos técnicos encargados de diseñar el instrumento del diagnóstico, también diseñaran el instrumento para evaluar los avances logrados durante el periodo de regularización; el cual se estaría aplicando, precisamente, en estos días para conocer avances; y con fundamento, en éstos, adecuar y desarrollar los programas de estudio del presente ciclo escolar. Lamentablemente, sólo se está observando una lenta la reacción.

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