Jesús Eduardo Martín Jáuregui

James Bond es el protagonista de la serie de novelas, películas, cómics y videojuegos homónimos, en las que protagoniza sus propias misiones como Agente 007. Su profesión le otorga la denominación de agente encubierto con «licencia para matar».

Mi queridísimo maestro Don Fernando Castellanos Tena, solía decir en sus deliciosas clases de Derecho Penal, parte general, en la Facultad de Derecho de la UNAM, que él nunca sería penalista porque a los penalistas les gusta “complicar las cosas y a mí me gustan las cosas claras”. Me alegro tanto haber sido alumno de Don Fernando como lamento que muchos diputados no lo hayan sido. Quizás nos hubiéramos ahorrado dos que tres reformas y por supuesto los galimatías de algunas leyes, que, para volver a citar al Dr. Desiderio Macías Silva parecen haber sido escritas en idioma perro o en el mejor de los casos en molusco antiguo. El “Lineamientos elementales de Derecho Penal” sigue siendo un modelo de concreción, claridad, elegancia y buen gusto, por no hacer referencia al conocimiento y dominio de los temas y la admirable capacidad de síntesis aunada al bien decir.

Perdonará el desprevenido lector que aproveche para platicar la generosidad de trato del maestro Castellanos Tena, quien pocos años después de tener la dicha de ser su alumno fue nombrado ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, una Corte que si bien no se enfrentaba a los otros poderes, defendía una dignidad en la forma y una calidad jurídica en el fondo, sin llegar, Dios les hubiera librado, a las abyecciones de la Corte que “bendijo” la estatización de la banca y el despojo a muchos mexicanos de José López Portillo (“defenderé como un perro…”) o la de la que toleró en silencio (con la honrosísima excepción del también mi maestro Atanasio González Martínez) el golpe de estado de Ernesto Zedillo al desaparecer de un plumazo la Suprema Corte para sustituirla días después por una Cohorte mas a modo. Quien sabe por qué, no lo recuerdo y a estas alturas forzar las pocas neuronas que maltrechas y todo intentan trabajar no tendría sentido, al ministro Castellanos Tena le gustaban los ladrillos de la panadería La Especial (sí, la de los señores Hermosillo), de manera que cuando viajaba a México me armaba con mi caja de ladrillos que era el salvoconducto para ser recibido. Alguna ocasión que fui a verlo sin la preciada mercancía me dijo: “Mira Muerto (mi apodo en la estudiantina de la facultad), si no traes ladrillos ni te me pares por enfrente” con un chispazo de picardía en sus ojos de un intenso color acero.

Don Fernando decía y creo que en términos generales sigue siendo válido en una aproximación general a la teoría del delito, que éste tiene varios elementos, y para mayor claridad lo planteaba como si se tratara de un edificio de varios pisos. En la base, el primer elemento la conducta, que puede ser acción u omisión, hay delitos de comisión por omisión, se cometen por omitir un comportamiento al que estoy legalmente obligado, por ejemplo la madre que no da de comer a su bebé.

El segundo elemento: el tipo, es la descripción de la conducta antisocial. Hay un apotegma latino que sigue siendo válido en el marco constitucional que nos rige: “nullum crimen sine lege”, que en buen cristiano significa que la ley debe describir con claridad y precisión la conducta que será objeto de punición o “reproche social” como algunos prefieren llamarle. Obviamente si no hay conducta o la conducta no se adecua exactamente a la descripción que hace la ley no existirá el delito. El tercer elemento es el llamado antijuridicidad, que resulta mas fácil explicarlo a contrario sensu: no todas las conductas típicas son antijurídicas, pongamos por ejemplo la conducta del verdugo que produce una lesión y aún la muerte en cumplimiento de la orden del juez, no es antijurídica, igual pasaría en el caso de la práctica de un deporte, en ocasiones tan brutal y salvaje como el box que puede dejar secuelas terribles a quien lo práctica, o tan violento como el futbol americano. El resultado dañoso que se produzca no es punible porque la conducta no es antijurídica, tiene un marco legal que la legitima. El cuarto elemento que consigna la teoría clásica es la culpabilidad, que comprende la intencionalidad de producir el resultado antijurídico o bien el “olvido de las precauciones necesarias” que tiene como consecuencia también, la producción del resultado antijurídico. Si la conducta es típica, es decir se adecua a la descripción legal, v.gr. “comete el delito de homicidio quien prive de la vida a otro (o a otra)”, antijurídica (no hay justificación), pero, pongamos por caso, que al conducir tu vehículo con toda precaución, intempestivamente se atraviesa un ebrio al que no puedes evitar impactar, el resultado no será punible por la ausencia de culpabilidad.

Vamos ahora con la “legítima defensa” que podemos caracterizar como una causa que justifica la realización de una conducta sancionada penalmente, por lo tanto típica, pero que no será “castigable”. Implica el derecho a la vida y la obligación de preservarla, según señala S.S. Juan Pablo II en su carta encíclica Evangelium Vitae. Es la reacción, la respuesta ante una agresión actual, violenta y sin derecho, que pone en peligro bienes jurídicos tutelados: la salud, la integridad corporal, el honor, la vida…Es una institución jurídica que existe prácticamente en todos los pueblos y tiene una antigüedad que se remonta al derecho mismo, pero como toda figura jurídica tiene sus “asegunes”. No es ni podría ser una “licencia para matar” al estilo del famosísimo James Bond, tiene que estar acotada temporalmente, como una respuesta inmediata a la agresión, debe ser también una respuesta idónea, adecuada para repeler el ataque, la doctrina y en general la legislación, está consciente en que la respuesta a la agresión debe ser proporcional lo que no significa que tenga que ser exactamente igual o que por emplear un arma diferente pueda no darse la proporcionalidad. Me parece que viene bien transcribir dos ejemplos que seguramente darán mas luces que mis palabras:

Caso del sujeto A, que raya la pintura del coche del sujeto B, y este saca un arma de fuego y le mata. Se trataría de un medio no proporcional, con lo que habría eximente incompleta, por lo tanto responsabilidad.

Caso del sujeto C, que intenta atracar la farmacia del sujeto D con un arma de fuego, y el sujeto D, poseedor también de una pistola, mata al atracador C. Entonces, descubre que el arma que portaba el atracador era una imitación de plástico. Se trataría de un medio adecuado, debido a que la valoración “ex ante” indicaba que la pistola era de verdad, aunque “ex post” haya resultado falsa.

El espacio se agota y el tema no, de manera que si el paciente lector es gustoso, la próxima semana en este mismo lugar continuaré con pormenores de la legítima defensa.

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