Fernando López Gutiérrez

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@ferlog14

El estudio de las políticas públicas y la evidencia empírica han demostrado que no es posible aplicar una fórmula infalible para la atención exitosa de los problemas sociales. Le experiencia indica que la intervención de las autoridades al tratar de corregir las condiciones no deseables debe valorarse en función de un planteamiento que considere las particularidades de cada ámbito de actuación, para que tenga mayor probabilidad de generar resultados.

Lo anterior no implica que las prácticas que han logrado mejoras en entornos diferentes deban ser ignoradas. De hecho, las políticas desarrolladas de forma positiva en diversas partes del mundo constituyen un insumo fundamental para los proyectos gubernamentales que se pretende implementar en los diversos países. El conocimiento sobre los avances logrados por un programa específico en un contexto distinto otorga certidumbre sobre los resultados que su aplicación puede tener en otro.

Probablemente el reto principal del diseñador de una política pública sea plantear una propuesta de actuación coherente, que permita explicar y justificar con claridad los elementos que la integran, así como sus similitudes, diferencias y ventajas en comparación con las prácticas desarrolladas para atender el mismo problema en otras regiones o países. Del logro de dicha condición dependen las expectativas que la sociedad tiene en torno al éxito de la propuesta y el respaldo que ésta le brinde.

Desde el inicio de la presente administración se han observado casos específicos en los que la falta de atención sobre los aspectos mencionados, ha tenido un impacto negativo en la percepción de la ciudadanía sobre la actuación gubernamental. La publicidad excesiva de ciertos programas y la carencia de información puntual ha generado la impresión de que no existe claridad en torno a la manera en que habrán de desarrollarse.

La Política Nacional de Vivienda, la Cruzada Nacional contra el Hambre o la creación de la Gendarmería son ejemplos de propuestas que tomaron como base experiencias internacionales y que en México, hasta el momento, han tenido una aceptación limitada. Desde su planteamiento inicial carecieron de un programa claro que permitiera reconocer su viabilidad en nuestro país y que generara confianza en torno a sus probabilidades de éxito. Aún falta conocer con certeza los resultados y las evaluaciones de las acciones mencionadas, pero las críticas que han generado dejan una lección clara que la presente administración puede retomar para futuros proyectos: la transparencia en la información y la difusión del diseño de los programas es fundamental para los alcances de estos.

Con proyectos tan importantes como la puesta en marcha de la Red Compartida Mayorista en telecomunicaciones o la implementación de proyectos de inversión en el sector energético resulta fundamental aceptar que los resultados de una política se fundamentan de forma importante en la coherencia y claridad de su diseño, así como en la información que se ofrezca a la ciudadanía al respecto.

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