Luis Muñoz Fernández.

La nueva dirigente de la Sociedad Oaxaqueña de Dermatología acaba de señalar que uno de los grandes aciertos de la persona que la precedió en el cargo fue el haber organizado cursos de capacitación para los médicos generales que atienden a los enfermos en los 570 municipios que conforman aquel estado del suroeste del país.

Haciendo un gran esfuerzo se puede imaginar lo que debe ser brindar la atención médica primaria en tal cantidad de municipios, muchos ubicados en lugares remotos y aislados por la accidentada orografía oaxaqueña. A eso hay que agregar las dificultades inherentes a la diversidad lingüística y cultural de los 16 grupos étnicos de Oaxaca, con usos y costumbres muy antiguos y arraigados, incluyendo la medicina tradicional de cada comunidad. Administrar ese sistema de salud tan disperso y complejo no debe ser fácil.

Comparado con Oaxaca, Aguascalientes es un estado pequeño, que sólo tiene 11 municipios bien comunicados con la capital, cuyos habitantes hablan perfectamente español y tienen una cultura similar. Aunque la medicina tradicional también está presente entre los aguascalentenses, su actividad no entra en serios conflictos con la medicina occidental que ofrece el Sistema Estatal de Salud.

En pocas palabras, vivimos en un estado privilegiado, con las condiciones idóneas para tener una educación básica de alto nivel que formase a toda su población en estilos de vida saludables y con una economía que ofreciese a todos sus habitantes oportunidades de desarrollo acordes con una existencia plena y fraterna.

Con un sistema de salud que brindase una atención primaria de primer nivel, altamente resolutiva y que trasladase de una manera segura y expedita a quienes requiriesen una atención urgente. Un sistema bien organizado para referir de manera ordenada a quienes, por la naturaleza y complejidad de sus enfermedades, necesitasen los servicios de la medicina especializada, de modo que la infraestructura sanitaria fuese aprovechada de manera racional, evitando así la saturación de los hospitales.

Y muy importante: un sistema que incluyese de manera integral a las escuelas de medicina de Aguascalientes, cuyos programas de estudio fuesen lo suficientemente abiertos y flexibles para tomar en cuenta la retroalimentación que les mandase el sistema de salud tras evaluar de manera objetiva y periódica la calidad de sus egresados.

Resumiendo: podríamos ser “la Suiza del Bajío”, “la Finlandia o la Singapur de México”. ¿Por qué entonces no lo hemos logrado?

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