Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Ahora que está de boga repartir dinero a los indígenas mediante programas para los  adultos mayores, los que ni estudian ni trabajan; fertilizantes para los sembradíos y otros apoyos; recientemente, tuve la oportunidad de platicar con indígenas purépechas de donde yo nací; a quienes pregunté si ya habían recibido alguno de los apoyos que el gobierno está  dando, en especial, a los grupos indígenas. Sin pensarlo mucho, me dicen:

“No; pero tampoco estamos atenidos a que nos den para comer y vivir dignamente; nosotros, todos los días nos levantamos temprano y nos ponemos a trabajar las tierritas y a cuidar nuestros animalitos. Otros, se dedican a trabajar en lo que saben hacer para sacar honradamente el sustento de sus familias. Entre nosotros, nadie está esperando que alguien nos mantenga. Con el paso de los tiempos, hemos entendido que los políticos sólo nos usan para el día de las votaciones y que las dádivas, que unos pocos reciben, no son para siempre; por eso preferimos trabajar sembrando maíz, frijol, habas, trigo, cebada, avena, calabazas y hortalizas, para que no nos falten los alimentos. De los animalitos que cuidamos, unos nos sirven para el trabajoy otros nos proporcionan leche, queso, carne;  y de los cerdos, además de carne, obtenemos manteca, y de las gallinas huevos. No producimos en grandes cantidades, pero sí lo suficiente para comer y también para vestir, calzar, y para imprevistos. En cuanto a muebles, casi todos sabemos hacer sillas, mesas, bancos, trasteros, camas y todo lo  indispensable para nuestros hogares; y nuestras mujeres tienen dedicación y habilidades para tejer telas y confeccionar su propia indumentaria, que aunque sean rústicas, pero a nosotros nos gustan. De manera que no estamos esperando, con la mano extendida, que nos den para comer y para vestir; queremos trabajar y valernos por nosotros mismos. Todos tenemos responsabilidades qué cumplir: las niñas y los niños tienen tareas a realizar según sus  edades; las muchachas  y los jóvenes ya tienen mayores cosas qué hacer en el hogar y en el campo; y los adultos y los abuelos hacemos lo que nos corresponde, pues somos los responsables para que todas las cosas salgan bien en el trabajo y esté bien la familia”.

Continúan diciendo, “y cuando se ofrecen gastos fuertes, como cuando hay un casamiento, a los padres de los novios no los dejamos solos, la comunidad entera coopera para la fiesta: unos aportan algo de dinero para la música y la mayoría contribuye con maíz, frijol, una vaquita, seis o diez cerdos, gallinas, sal, manteca y todo lo que se necesita para dar de comer a todo el pueblo; porque todos participamos en la fiesta. También, el día de la boda, regalamos a los novios ropa, calzado y muebles para su nueva casa; de manera que no pasen apuros mientras se acomodan en su vida matrimonial.  Y lo mismo pasa  cuando alguien fallece, toda la comunidad aporta lo necesario para el café, el pan y la comida que se brinda a todo el pueblo que acompaña, al difunto, durante toda la noche y parte de la mañana, del día siguiente, hasta darle sepultura. Tanto en las alegrías como en las tristezas, nosotros somos solidarios. Entre nosotros nadie se muere de hambre, porque todos trabajamos; y cuando alguien, por enfermedad o por otra causa mayor, no puede labrar su tierra para la siembra, entre varios le ayudamos, sembramos su tierra y la cuidamos. Es más, nosotros mismos nos cuidamos, entre todos, contra los malditos que aparecen por aquí  de vez en cuando. No, nosotros no queremos ser pedigüeños, ni vivir de dádivas. Dios nos dio dos manos y fuerzas para trabajar, y lo hacemos con gran responsabilidad”. ¡Qué orgullo se siente pertenecer a estos indígenas!