Por J. Jesús López García

Desde que James Watt (1736-1819) patentó la máquina de vapor en el siglo XVIII, los medios de comunicación experimentaron un auge que no ha parado hasta hoy. George y Robert Stephenson construyeron la primera locomotora moderna de vapor a partir de la invención de Watt, y desde entonces los artefactos para trasladarse por tierra, mar o aire han progresado de manera espectacular. En cuanto a los medios de comunicación no ha habido época con tantas facilidades para conectarse con prácticamente el mundo entero y “en tiempo real”, concepto por cierto surgido de esa tecnología.

El transporte tiene un impacto físico en el espacio y por tanto interactúa de manera constante con la construcción, podemos decir que entre esos medios y la arquitectura ha habido un contubernio que se ha agudizado más aún en la última centuria.

Precisamente los puentes y los caminos incentivados por medios de transporte más ágiles fueron el tema constructivo que escindió la actividad especializada de la ingeniería civil del tronco común que hasta inicios del siglo XVIII representaba la arquitectura. El levantamiento de esa infraestructura detonó en los siguientes cien años una intensa actividad práctica y teórica de la que se desprendió el ya cotidiano uso de materiales como el acero y el concreto armado, promoviendo con ello edificios de dimensiones inéditas hasta ese momento.

Estaciones de tren y metro, terminales aéreas, bases de lanzamiento, son sólo algunos de los sistemas arquitectónicos más representativos dentro de un género que aún está por inventar más modelos. Estacionamientos como el que sirve de plataforma para las Marina Towers de Chicago o el Súper Servicio Lomas de Vladimir Kaspé (1910-1996), son dos conjuntos que tratan sobre el auto. Por doquier moteles, y talleres nos salen al encuentro y parecen pasar tan fugazmente que no tendemos a reparar en ellos, incluso puentes, pasos elevados, túneles, son obras constructivas de ingeniería especializada en las que no nos detenemos mucho a apreciar su trazo y hechura.

En Aguascalientes, se encuentra un autolavado en 2º Anillo de Circunvalación Norte que consta de unas aparentemente sencillas cubiertas móviles ingeniosas ya que al inclinarlas se “cierra solo”. Los elementos portantes y el perfil ligero tienen un aire similar al de la arquitectura “googie” californiana de los años 50 y 60, que se inspiraba en las formas aerodinámicas de la Era Espacial pero con un talante desenfadado y lúdico, encontrada en edificios de “diners”, fuentes de sodas y estaciones de servicio.

Hay un buen sitio para experimentar con diferentes soluciones, muchas de ellas desiguales e ingeniosas. El auto es un artefacto complejo que ha ido evolucionando en más de un siglo que lleva su existencia. La arquitectura mientras tanto irá adaptándose a sus requerimientos y la manera de hacerlo puede dar un aire más amable a la ciudad -el auto no deja de ser una máquina agresiva-, por ello vale la pena dedicarle tiempo al diseño de los espacios que interactúan con él.

En un futuro como en las ciudades neerlandesas tal vez el auto sea desplazado por otros medios como la bicicleta, de esta manera nos toca a los arquitectos el anticiparnos a las diferentes modalidades de la movilidad e idear para cada una lo más sensato y lo más óptimo no tanto para la máquina sino para los humanos que interactúan con ella. Por eso ejercicios arquitectónicos como el referido, serán siempre una mirada refrescante para un tema que está muy lejos de ser agotado. Autolavados, automotrices, estacionamientos y múltiples sistemas arquitectónicos, representan una oportunidad para que los profesionales desarrollen su creativad y colaboren a eregir un paisaje más amable y acorde con los tiempos vividos. Sin duda alguna en Aguascalientes aún está todo por hacerse.