Luis Muñoz Fernández

Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestro hogar. Eso somos nosotros. En él, todos los que amas, todos los que conoces, todos de los que alguna vez escuchaste, cada ser humano que ha existido, que vivió su vida. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de religiones seguras de sí mismas, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, niño esperanzado, inventor y explorador, cada maestro de la moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie, vivió ahí – en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.

 Carl Sagan. Un punto azul pálido: una visión del futuro humano en el espacio,1994.

¿Sobreviviremos en la Tierra?, se pregunta Stephen Hawking. Ninguna pregunta podría ser más oportuna este diciembre de 2019, cuando en la Cumbre de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático 2019 (COP25) que acaba de terminar en Madrid, los países no han logrado ponerse de acuerdo sobre la urgente necesidad de regular los mercados del carbono. Una vez más, se imponen los intereses particulares sobre la supervivencia de toda la especie humana.

Hawking se refiere en un principio a la amenaza de una guerra nuclear, en especial ahora cuando llegan a poder, elegidos democráticamente, líderes nacionalistas, populistas y xenófobos que incrementan sustancialmente los riesgos del uso de los arsenales atómicos.

Junto a lo anterior, también señala lo que está sucediendo con el cambio climático, el deber de la comunidad científica para informar debidamente al público y asesorar a los líderes de las naciones y la posibilidad de que, más allá de las medidas que se puedan tomar (hasta ahora ninguna de relevancia), el cambio climático haya entrado ya en una fase de retrolimetación que lo haga independiente de la acción humana y, por lo tanto, irreversible. Stephen Hawking se define como un optimista y en este sentido confía en que encontraremos la solución a estos problemas, aunque no deja de reconocer que “estamos actuando con imprudente indeferencia hacia nuestro futuro en el planeta Tierra”.

¿Deberíamos colonizar el espacio? Para Stephen Hawking, la exploración del espacio no sólo es deseable para satisfacer la curiosidad científica, sino indispensable si deseamos sobrevivir como especie. Además, es una empresa que restablecería la confianza de la sociedad en la investigación científica. De acuerdo a sus características físico-químicas, los candidatos inmediatos más factibles para una colonización serían la Luna y Marte. Fuera del Sistema Solar, una posibilidad es el exoplaneta Próxima B que orbita en torno a la estrella Alfa Centauri y que, según investigaciones recientes, guarda cierta similitud con la Tierra. Se encuentra a cuatro y medio años luz de distancia. Aunque con la tecnología actual los viajes interestelares son impracticables, tal vez sean posibles en los próximos doscientos a quinientos años: “Llevar más y más pasajeros al espacio dará un nuevo significado a nuestro lugar en la Tierra y a nuestras responsabilidades como administradores suyos, y nos ayudará a reconocer nuestro lugar y futuro en el cosmos, que es donde creo que reside nuestro destino final”, afirma Hawking.

¿Nos sobrepasará la inteligencia artificial? Para Stephen Hawking la inteligencia artificial es una gran promesa que podría incluso ayudarnos a erradicar la pobreza y a vencer a la enfermedad y, a la vez, puede llegar a ser una amenaza si rebasa a la inteligencia humana, se independiza de su creador y persigue objetivos distintos a los del ser humano : “En resumen, el advenimiento de la inteligencia artifical superinteligente sería lo mejor o lo peor que podría pasar en la historia de la humanidad. El riesgo real de la inteligencia artificial no es la maldad, sino la competencia. Una inteligencia artificial superinteligente será extremadamente buena en el logro de objetivos, y si estos objetivos no van en la dirección de los nuestros tendremos problemas. […] Debemos planificar por adelantado. Si una civilización alienígena superior nos enviara un mensaje diciendo: ‘Llegaremos en unas pocas décadas’, ¿podríamos responder: ‘Ok, llámenos cuando llegue; dejaremos las luces encendidas?’ Probablemente no, pero esto es más o menos lo que ha sucedido con la inteligencia artificial”.

Según Hawking señala, líderes del mundo tecnológico como Bill Gates, Elon Musk y Steve Wozniak (cofundador de Apple) han tomado en serio sus advertencias y han impulsado una toma de conciencia sobre la evaluación de riesgos y las implicaciones sociales de la inteligencia artificial en en seno de quienes desarrollan esta tecnología.

¿Cómo damos forma al futuro? Al respecto, nos dice Hawking: “Tal como yo lo veo, tenemos dos opciones para el futuro de la humanidad: primero, la exploración del espacio para encontrar planetas alternativos en que vivir, y segundo, el uso positivo de la inteligencia artificial para mejorar el mundo. La Tierra se nos va quedando demasiado pequeña. Los recursos físicos están siendo drenados a un ritmo alarmante. La humanidad ha hecho a nuestro planeta el obsequio desastroso del cambio climático, la contaminación, el aumento de las temperaturas, la reducción de los casquetes de hielo polar, la deforestación y la extinción acelerada de especies animales. Nuestra población también está aumentando a un ritmo alarmante. Frente a estas cifras, está claro que ese crecimiento casi exponencial de la población no puede continuar en el próximo milenio”.

Stephen Hawking admiraba profundamente a Albert Einstein: “¿De dónde vienen sus magníficas ideas? Tal vez de una mezcla de cualidades: intuición, originalidad, brillantez. Einstein tenía la capacidad de mirar más allá de la superficie y de revelar la estructura subyacente. […] Un elemento clave para Einstein fue la imaginación. Muchos de sus descubrimientos vinieron de su capacidad para volver a imaginar el universo mediante experimentos mentales. Cuando tenía dieciséis años, al soñar que cabalgaba en un rayo de luz se dio cuenta de que desde este punto de vista la luz aparecía como una onda congelada. Esa imagen le condujo finalmente a la teoría de la relatividad especial”.

El futuro dependerá en buena parte de la manera en la que logremos educar a nuestros jóvenes. En la mente de cada joven está la clave: “La mente humana es algo increíble. Puede concebir la magnificencia de los cielos y las complejidades de los componentes básicos de la materia. Sin embargo, para que cada mente alcance su plenitud potencial, necesita una chispa, la chispa de la investigación y del asombro. A menudo esa chispa proviene de un maestro. Permítanme explicarles. Yo no era la persona más fácil de enseñar, tardé en aprender a leer y mi letra era desordenada. Pero cuando tenía catorce años, mi profesor en mi escuela de Saint Albans, Dikran Tahta, me mostró cómo dominar mi energía y me animó a pensar creativamente sobre las matemáticas. Él abrió mis ojos a las matemáticas como plano del universo mismo. Si miramos bien, detrás de cada persona excepcional hay un maestro excepcional. Cuando cada uno de nosotros piensa en lo que podemos hacer en la vida, lo más probable es que pueda hacerlo gracias a un maestro”.

Para terminar esta reseña del libro póstumo de Stephen Hawking, hagámoslo también con estas palabras suyas:

Abrir las mentes a la emoción y el asombro del descubrimiento científico, crear formas innovadoras y accesibles para llegar a una audiencia joven lo más amplia posible, aumenta en gran medida las posibilidades de encontrar e inspirar al nuevo Einstein, sea donde sea que se halle.

Así que recordemos mirar a las estrellas y no a los pies. Intentemos dar sentido a lo que vemos y preguntémonos qué es lo que hace que el universo exista. Seamos curiosos. Y por difícil que la vida pueda parecer, siempre hay algo que podemos hacer y conseguir. Importa que no nos rindamos. Demos rienda a nuestra imaginación. Demos forma al futuro.

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